lunes, 30 de diciembre de 2019

La gata -1

Pequeña historía  escuchando  ...
En el local la luz raya la penumbra; suena un blues lento y grave, y la poca gente que había eramos nosotros dos y el camarero.
Levanto mi copa y deslizo en la boca un trago frio y picante de alcohol; después paladeo su sabor mientras doy vueltas con el hielo, dentro del liquido cristalino y amarillo, en el vaso.
Escucho la musica.
 Una trompeta chillona, vuela sobre el fondo ritmico del bajo y la bateria, como si fuera una gaviota que vuela solitaria sobre el atlantico. El piano, que la estaba oyendo en silencio, echa a volar tras ella; repitiendo sus notas, remarcando el batir de sus alas que se eschucha sobre el aire marino, pero la trompeta le ignora; es una dama solitaria. Él la quiere cortejar, pero esta hace burla de él. Después de una larga voluta sonora la trompeta calla: el piano abatido lamenta su ausencia; él es el rey de la noche ahora y llora con notas cristalinas su amor no correspondido. Sigue la musica, y se escucha como sus lagrimas se rompen llenando de estrellas un cielo sin Luna sobre la noche del atlántico. Las estrellas caen sobre las olas, que producen en unisona hermandad, el bajo y la bateria, mientras la noche se apaga.
La trompeta, que se había quedado dormida hasta ahora, bosteza su aburrimiento y empieza a hablar en una sexualidad distinta; hasta que todo queda en silencio.

¿Bueno, y ahora que podemos a hacer?
- Es muy tarde. Parece que estos quieren cerrar
- ¿Quien te espera en casa?
- Ya es muy tarde
- ¿Donde podemos ir?
- No creo que encontremos ya nada abierto. Mejor nos vamos a casa. 
Dejaron sus sillas, que estaban pegadas cerca de la barra.

Una gata de color chocolate saltó encima del mostrador y se paseó ronroneando. mientras uno de ellos pedía la cuenta para pagar.
Había estado durmiendo encima del cojín de uno de los sillones pegados a la pared, detras, de ellos; o eso parecía que había estado haciendo mientras ellos bebían.

Con el ruido del cierre de la caja, que estaba detras de dos grifos surtidores de cerveza, alargados como el cuello de una oca, de ceramica blanca llena de tatuajes de color azul de prusia; la gata saltó hacia la puerta para asomar la cabeza a la calle.

No había ningún movimiento en la noche de la ciudad.
Cuando se encaminaron a la puerta, la gata se apartó para dejarles salir.
Salieron a la calle. Hacia frio y soledad, y el aire marino llegaba hasta ellos.
Se levantaron los cuellos de sus chaquetas y miraron para atras.
La gata había desaparecido, corriendo hacia el interior del local.


a mis amigos

mvf