viernes, 8 de junio de 2018

El gaitero del molino



Al ver la gaita frente a él, los ojos de Max se iluminaron completamente. Entonces se irguió de la silla y echando una larga sonrisa cogió la gaita colocándosela con el roncón por encima del hombro y el odre bajo el brazo, como había visto que la llevaba el gaitero de la feria; después, tapando los agujeros del puntero con sus dedos, metió el soplete de la gaita en la boca y sopló sin obtener apenas sonido.
 Sorprendido lo volvió a intentar de nuevo, soplando ahora mas fuerte, pero la gaita se le resistió nuevamente, para su decepción, dejando escapar unicamente un ruido ronco y sordo por el roncón.

-Esto- se dijo para si- era más difícil de lo que creía.

Volvió a llenar de aire sus pulmones y sopló con todas sus fuerzas; sus carrillos se hincharon con el esfuerzo y el odre que sujetaba bajo el brazo se llenó medianamente, consiguiendo que la gaita produjera un sonido agudo, que apenas se mantuvo en el tiempo.
 
Max no estaba dispuesto a rendirse y ahora volvió a soplar fuertemente por el soplete de la gaita, pero esta vez lo hizo varias veces hasta que llenó el odre de aire, y apretando suavemente el odre colocado entre su brazo y su costado, el puntero de la gaita empezó a sonar, alzando en el aire un sonido agudo semejante al que hacían las ruedas de madera de los viejos carros de bueyes, que se mantuvo durante un tiempo, hasta que el odre se deshinchó.
 Acababa de descubrir como funcionaba el instrumento.

 Acompañado del sonido del triquitraque del molino, que repiqueteaba como un tambor, mientras iba empujando el grano para caer entre las dos piedras del molino, Max no tardó en coger el ritmo y a sacar las distintas notas de los agujeros del puntero de la gaita, con sus dedos.

Al oirle tocar la gaita, mientras esperaban que se hiciera la molienda, la gente que venía a moler el grano acabó pidiendole que se uniera con ellos a la hora de la comida o la merienda para que después tocase la gaita y juntos bailar o cantar haciendo más grato esperar que el molino hiciera su trabajo.

El ruido del triquitraque del molino y el sonido del agua que lo movía, en aquellos tiempos podría ser suficiente para hacer feliz a cualquier persona con pocas necesidades y escasos vicios de la vida, pero admirados de la rapidez con que Max aprendía a tocar la gaita y viendo las gentes como iba creciendo su repertorio, con las muiñeiras gallegas que con solo oírlas tararear acababa aprendiendo a tocarlas completamente, fueron llevando su fama  a los distintos lugares de donde venían con el grano para moler en el molino, y llegado un momento, la gente empezó a animarle a que fuera al pueblo a tocar la gaita a la feria de San Isidro para que lo escuchasen los que no le habían oído tocar.


mvf.

lunes, 14 de mayo de 2018

La feria




Cada dos o tres semanas la molinera y su hijo bajaban al pueblo para vender en la feria los sacos de  harina que habían obtenido con la molienda del grano de cereal, pues en la mayoría de las veces cobraban en pago una porción de la harina molida - era costumbre cobrar una doceava parte de la harina conseguida después de moler el grano - usaban para ello un carro tirado por la burra que tenían en la casa.  Después, con los beneficios obtenidos de la venta de la harina, compraban productos de los que no podían abastecerse mediante la huerta y el corral que tenían en la casa o cualquier otra cosa necesaria para continuar con la vida que madre e hijo llevaban en el molino.


La feria del pueblo tenía lugar en un viejo robledal al que sin más delimitación se accedía a través de un arco de piedra centenario de cuatro metros de altura y anchura suficiente para pasar por debajo del los carros y el ganado. Una vez se cruzaba el arco se abría una pequeña explanada en la que se encontraba uno con una fuente de piedra, con cuatro caños de agua, rodeada por un estanque en el que abrevaban por turnos los animales de tiro; desde allí, avanzando, partían dos caminos de tierra: uno a la derecha de la fuente, que se extendía  bordeando la arboleda, en el que se colocaban los puestos de pulpos, con sus toldos montados, sus mesas y bancos;  enfrente de cada uno había una pulpera con su enorme perola de cobre donde se cocía el pulpo; en el otro camino, a la izquierda de la fuente, se colocaban los puestos de venta de los vendedores ambulantes que iban de lugar a lugar, de feria en feria, vendiendo aperos de labranza, cueros curtidos, simiente para el campo según la temporada ... Ambos caminos de tierra, que partían a los lados de la fuente, abrazaban la sombra de los robles centenarios bajo los que se entremezclaban los tratantes del ganado con la gente de la comarca, dandose cita allí, unos para comprar y otros para vender a buen precio los animales criados en los corrales de las haciendas.

Ese dia la feria estaba muy concurrida. La molinera y su hijo habían bajado para vender la harina acumulada y comprar unas gallinas ponedoras de huevos.
¡Max!! - le dijo la madre a su hijo - tu vete a ver que hay en la fería, que yo voy a vender la harina al almacen. Al medio día quedamos en la entrada de la feria; al lado del arco de piedra, frente a la fuente y después compramos un par de gallinas ponedoras.

El hijo asintió y los dos se separaron. 

A esas horas ya había gente apoyada en los mostradores de pino, lustrados de lavar con los cepillos de madera. Eran los primeros que habían realizado sus ventas y compras y estaban allí para celebrarlo cerrando el trato con una jarra de vino y una ración de pulpo.

La molinera se dirigió con el carro al almacén del pueblo y allí tras pesar los sacos que llevaba obtuvo por ello cuatrocientas pesetas; aunque era una cantidad nada despreciable para la epoca era un precio irrisorio pues en el mercado negro llegaba a alcanzar un precio exhorbitante, maxime cuando la harina escaseba, porque se hacia acopio de ella para ser vendida en el extranjero pues europa acababa de salir de la segunda guerra mundial.

Cuando regresó la molinera al lugar de la feria, su hijo no estaba esperandole donde habían convenido, frente a la fuente a la salida del arco de piedra. Al cabo de un rato de espera empezó a impacientarse por la tardanza de su hijo, y entonces decidió meterse en el bullicio de la fería e ir en su busqueda. Después de dar varias vueltas, la molinera encontró a su hijo, estaba metido en un corro de gente que bailaba y aplaudía al ritmo de la gaita de un hombre menudo y flaco, de barba blanca y ojos vivaraces, que tocaba en la feria por unas monedas.

Max estaba allí, junto a otras personas presentes, coreando con sus palmas el ritmo del gaitero.

Al verlo, la molinera llamó varias veces a su hijo que no se enteró de su presencia pues, sin perder de vista el gaitero y el instrumento que tocaba, estaba hipnotizado oyendo la musica de la gaita.
Su madre, ya enfadada, con gesto malhumorado, se acercó junto a él y lo cogió de la mano, y de un tirón lo sacó del corro de gente que seguía aplaudiendo y bailando alrededor del gaitero.

La molinera y su hijo volvieron al lugar donde habían quedado de encontrarse y después de recoger el carro que había quedado, con la burra atada, a la entrada de la fería, terminaron de comprar un par de gallinas camperas y tomaron el camino para el molino, dejando atras los gritos de las gentes y los buhoneros que ascendían hacia el cielo danzando al son de la melodía de la gaita que se había echo dueña del bullicio de la feria.

Al día siguiente tuvieron mucho trabajo, pues les habían traido para moler, entre trigo y centeno, una partida de sesenta fanegas de grano - la fanega, muy popular en su tiempo, como medida de peso es diferente según sea el cereal, y el lugar del que se trate; no obstante para tener una idea aproximada una fanega equivaldría a un saco de unos treinta o cuarenta kilos de grano.

Durante los siguientes dias Max se mostró ensimismado y no había ningún trabajo que pudiera distraerle de sus pensamientos, a pesar de que su madre, al verlo de esta manera, le mandaba realizar todo tipo de trabajos para entretenerlo y sacarlo de su pensamiento absorto; y así lo mando subir al tejado de la casa a cambiar las tejas rotas por donde podría entrar el agua cuando llovía, reponer el cristal agrietado de alguna ventana de la casa o picar leña para la cocina; pero su hijo languidecia con la vista perdida en el pueblo.
El domingo, dia en que por lo general no se realizaba actividad en el molino, después de la hora del mediodia, la molinera, no pudiendo soportar más la aflicción de su hijo, subió al desván de la casa y  bajó con un viejo saco de esparto lleno de polvo, que puso delante de su hijo y después de abrirlo sacó de su interior una gaita negra que durante mucho tiempo había estado olvidada en la guardilla.

- ¡Toma| - dijo entregando la gaita a su hijo - ¡tu padre era gaiteiro y tu serás también gaiteiro!.


mvf.

viernes, 30 de marzo de 2018

El molino


Llovía y por momentos las ráfagas de viento arreciaban la intensidad de la lluvia.

En el recodo del rio había construida una presa con rocas y tierra creando una pequeña laguna en la que se retenía el agua para ser utilizada por un molino. El agua tenía como única salida una acequia por la que transcurría cerca de trescientos metros para llegar al depósito del molino; allí se colaba en el interior de la construcción de piedra, por un conducto hecho de silleria, para salir por la parte inferior del molino, regresando al rio en ese lugar.
El agua salía por una abertura en la parte inferior del molino golpeando las aspas del rodezno o rodicio, haciéndolo girar con el golpe de su fueza, antes de regresar al cauce del rio. 

El rodezno y la muela de piedra que estaba en la sala del molino, se movían a la vez, pues uno y otra estaban unidos a los extremos del  un tronco de roble que como un eje vertical subía desde el nivel del rio hasta el interior de la sala del molino; el tronco pasaba por el interior del mueble del molino y por la piedra fija que descansaba encima de el, y se ensartaba en la piedra volandera a la que hacía girar esclava con la rueda con aspas que estaba en contacto con el agua.

Así, cuando escapaba el agua, al mover la rueda del molino para volver al rio, hacia girar la piedra volandera deslizándose encima de la muela fija, en la sala del molino, y al ir cayendo el grano y pasar por entre las dos lo molían convirtiéndolo en harina.

Fuera seguía lloviendo a raudales.


El molino era una construcción de piedra con tejado de pizarra y tenía en su interior la sala del molino y un  almacén donde se guardaba con llave la harina. A pocos metros del molino, unidos por un pequeño sendero de tierra encharcado por la lluvia, estaba la casa de la molinera una vivienda de planta baja, hecha también de piedra con tejado de pizarra. En el interior de esta vivienda estaba la cocina, en donde se hacía el fuego, que daba luz y calor a sus moradores; encima del fuego
colgaba una pota grande del techo; alrededor de la cocina estaban las habitaciones de los habitantes del molino. Por detrás de la casa había un pajar y un establo, donde dormían juntas una vaca y una burra, que con frecuencia se usaba para tirar de un pequeño carro con el que se bajaba hacer las compras al pueblo.
La molinera, una mujer de manos grandes, llevaba recogido el pelo con una pañoleta y estaba sentada en una pequeña banqueta de madera, frente al fuego, mientras revolvía con un cucharon de cobre en el interior de la pota donde se estaba haciendo un cocido con verdura y unto. 
Cerca de ella, con las piernas recogidas, dormitaba encima de una estera pegada al lado del fuego, el hijo de la molinera.

A la molinera en sus buenos tiempos no le habían faltado pretendientes pero ella los había desdeñado a todos. Decían las malas lenguas que una  mañana de marzo la molinera había ido a ver a la mujer que hacía de comadrona en el pueblo, con dos sacos de harina, y había regresado al molino con un niño en el regazo.

Era un joven rudo de ojos azules y pelo de color amarillento pajizo. Las gentes del lugar decían que el hijo de la molinera era hijo del trigo y que había crecido en el interior de la molinera mientras esta dormía con el ruido del agua y el golpe del triquitraque que empujaba el grano entre las muelas del molino


El hijo de la molinera creció en el molino hasta que a la edad de ocho años, por las moliendas que se había hecho sin cobrar a la casa del cura de la parroquia, fue mandado a estudiar al seminario menor, pero no tardó mucho tiempo en regresar a su lugar en el molino, pues, como habían dicho, su naturaleza no daba signo de interesarle los estudios ni la mortificación.


Fuera seguía lloviendo y en el lugar del rio donde estaba la presa el agua rebosaba escapando por encima de las piedras.

De repente la cocina se iluminó dejando ver las paredes anegradas por el humo del fuego; la obscuridad regresó acompañada del ruido del trueno y esta historia comenzó.


 mvf.

martes, 13 de febrero de 2018

era un mundo frio y viejo


Por la ventana de la clase se veía como entraba la primavera en forma de luz.
La clase es la de doña Matilde.
Doña Matilde es muy puntillosa y lleva cuentas de todo.

- ¡Marise, tienes tres faltas de asistencia!
 - No puede ser profesora, este mes solo he faltado dos veces a clases.
 - ¡Tres!.

Marise desde su pupitre, al lado de la ventana, se frota el mentón con la mano izquierda y piensa, mientras la vista se le escapa por la ventana y recorre las viejas casas de piedra con balconadas y galerias de cristal que hay enfrente del colegio, y se dice para ella: 
- A ver, falté a clases cuando fui al dentista; el segundo miércoles del mes hice huelga... y nada más.

- Pues estoy segura de que vine a clases y que falté solo dos veces, doña Matilde.
- ¡Pues piensa bien, que a mi clase no viniste tres días! - le responde la profesora desde su mesa de cerezo.

- Pues usted dirá por que yo no me acuerdo.
- ¿Y no será que marchaste con alguien y no volviste?

Marise recuerda - Bueno, la otra semana acompañé a Luis al medico.

Doña Matilde repasa su libreta.

- Aquí está Luis. Luis trajo justificante de haber ido al medico el jueves.
¿Y tú, trajiste justificante?
.- ¡Aja! – Marise calló



Desde la ventana se veía el vallado que delimitaba el recinto del centro. Del lado de fuera del recinto estaba el mundo exterior. Era un mundo sin nada. Un mundo por hacer, en el que había que buscar un lugar, del que nos protegían con la puerta cerrada del recinto, pasada la hora de entrada al colegio.

Marise cogió el bolígrafo y escribió en su libreta:

- Era un mundo frio y viejo ... que estaba por comerse a base de disgustos y de esfuerzos, y de riñas en casa...

Sonó el timbre y todos los alumnos salieron de clases.

En la clase quedaba doña Matilde y su libreta, protestando.

- ¡Yo aún no os he dicho que terminó la clase!





mvf.



Siento mucho no estar más aquí, pero a veces
 no puede ser.






















viernes, 12 de enero de 2018

Correos : ensayo sobre la novela de Adelaida




Después de haber dado a conocer nuestro ensayo sobre la novela de Adelaida, recibimos algunos correos preguntando por el titulo de la novela. Desafortunadamente tenemos que decir que no dimos a conocer el nombre de la novela para evitar que se interprete que las escasa difusión y ventas  del libro en cuestión, haya sido por culpa de nuestras advertencias sobre su lectura y riesgos; eludiendo así con ello que se pudiera llegar a reclamar daños y perjuicios por ese motivo. Llegados hasta aquí y como hicimos anteriormente, en estas últimas notas sobre la novela de Adelaida continuamos con el msimo criterio manteniendo el silencio sobre el titulo de la obra.

Recibimos comentarios de algunos lectores preguntado quien era el que estaba al otro lado del wasap, en el teléfono de los vecinos, cuando aparece la policía. Pensamos que la asesina podría haber entretenido a los vecinos con el wasap para que no vieran como llegaba el paquete mortal a su destino.

Para nuestra sorpresa, algunos lectores se han interesado por la pelea que mantuvo la protagonista con los amigos de la victima. Suponemos que Adeladia hace referencia a cuando zurró a sus primos Caramalo, en un partido de fútbol local, por no haberse dejado meter un gol por su ex. No vamos a dar más pistas.

¿Que si la novela tendrá segunda parte? 

Aunque no sabemos en que estaría pensando Adelaida cuando escribió su obra. La respuesta es si, antes de comenzar la lectura se pone en conocimiento del lector que tiene en sus manos la primera edición de la novela; por lo que a más tardar esperamos enseguida la segunda parte.

Adelaida tendrá muchos defectos pero no el de traidora .

 
mvf

martes, 2 de enero de 2018

Final del ensayo sobre la novela de Adelaida




Después de varios intentos, en la lectura de la novela, se descubría el móvil del crimen.

La asesina, como se describe en la novela y del mismo nombre que la autora, debía ser como Adelaida porque sus compañeros de trabajo, en la ficción, le regalan un frasco de perfume y su jefe manda poner en su puerta un ambientador de limón solo para ella.

La víctima, un joven con importantes posibilidades de ascender en la vida, acababa de ser fichado por un equipo de fútbol local con la promesa de recibir una prima de cinco euros por gol metido; había tenido durante un par de años relación con la asesina y él la había dejado después de una pelea que ella tuvo con dos de sus mejores amigos, dejando a uno de ellos K.O.
 Cuando se separaron, la víctima colgó en el facebook las fotos que ella le había mandado desde su habitación por el waspp y además fue contando a las amistades de la asesina lo mal que hablaba de cada una de ellas.

En esto yo estoy con Adelaida

"No había que ser muy perspicaza para entender los sentimientos naturales de la asesina"

La asesina ignorando lo ocurrido, queda con su mejor amiga en un bar del parque.
 Hacía sol y su luz rebotaba en las mesas metálicas, mientras ella espera tomando una horchata.
Cuando llega, su amiga se sienta frente a ella, pide otra horchata y comienzan a hablar, y cuando esta le dice:

 -Yo también hubiera preferido otra amiga, pero tu eras la que estaba siempre conmigo.

la asesina descubre lo que había hecho su ex y jura vengarse de él. 


En este momento la lectura se hace fácil y ágil, y saltando unas decenas de paginas, lo más recomendable para no volver a perderse, se llegaba al desenlace, cuando el cartero descubre a la asesina echando matarratas en una docena de pasteles y pregunta:


- ¿Para quien son esos pasteles?

- ¡Son para el perro de mi ex!

- ¡Pero tu ex no tiene perro!

O algo a así.







mvf.

martes, 26 de diciembre de 2017

3 Ensayo sobre la novela de Adelaida



La primera lectura de la novela vino de su mejor amiga, que quiso leer lo que escribió Adelaida Fuertes para criticarla.

El libro, escrito en gallego, venía lleno de faltas y además, para la perplejidad del lector, usaba palabras como fiasta o miou  porque  había sido corregido al vuelo por el linotipista, de la imprenta de Albacete, que casualmente era de Tomiño, provincia de Pontevedra.
Sorprendentemente, a pesar de lo inéditas que pudieran parecer  las palabras con las que se expresaban los personajes en la novela, frases como:
- ¡Acercate miou que hoy voy hacer una fiasta!
Se hicieron prontamente famosas en todas las fiastas.
 No obstante no vamos a profundizar aquí en el idioma original de la novela que queremos pormenorizar.

 Adelaida se había valido de notas pegadas por la paredes de la habitación, que le servían de guía para teclear sobre el papel en blanco, con una vieja maquina olivetti, durante las largas horas pasadas en su habitación. 
En algún momento, los padres habían decidido pintar la habitación de Adelaida, para darle más luz, y con ello la autora se vio obligada a despegar de la pared, las notas amarillas en las que tenía las principales ideas de la novela, para meterlas en una caja de zapatos y dejar paso a los pintores.
Cuando ya terminó de pasar la brocha y aún no se había marchada el olor de pintura de la habitación, Adelaida volvió a colocar sus notas amarillas por las paredes.
Al estar fresca la pintura, las notas se despegaron de la pared cayendo al suelo, y seguramente no fueron vueltas a ordenar debidamente, porque cuando las recogió y las iba pegando  con celo, para que no cayesen nuevamente de la pared, estaba pendiente de varias conversaciónes por el waspp.

Esto daba lugar a giros inesperados de la trama en la novela, que obligaban a reflexionar al lector:

 - ¿Me habré equivocado leyendo?

reflexiones que se iban repitiendo según se avanzaba en la lectura:

-¡Pero si la historia empezaba de otra manera!


El misterio en la novela comienza en las primeras hojas del libro. 

La victima no se había muerto, la habían matado echando matarratas en unos chorizos que recibió por paquete exprés. 

Al llegar a la casa del cadáver, la policía se encontró con una fuerte oposición  de los probables testigos a colaborar porque todo el mundo tenía un teléfono móvil en la mano. Cuando se les amenazaba, todos declaraban lo mismo:  alrededor de las horas en que se cometió el asesinato, estaban mirando para sus móviles, wasseando. 

Surgen los primeros momentos de misterio de la novela:

¿ quien o quienes estaban al otro lado del teléfono?

En el siguiente capitulo se da paso a la escena, en la casa funeraria, antes de trasladar a la víctima para su descanso final en el cementerio y, por falta de experiencia de Adelaida Fuertes en la novelas detectivescas, se desvela quien es la asesina, porque es la única que se presenta maquillada al velatorio de la víctima.



mvf.








martes, 12 de diciembre de 2017

Ensayo sobre la novela de Adelaida - NINI II




A la edad de veintidós años, Adelaida, como ni estudiaba ni trabajaba, decidió matricularse en el instituto de enseñanza secundaria comarcal, en un curso de formación profesional básica. Y como en ese curso coincidimos varias amigas, para celebrarlo, continuamos burlandonos de ella. Llevabamos una vida normal, del colegio a clases y de clases al colegio, y con dieces en religión.
Pero mientras nosotras aún no sabíamos freír un huevo, ni hacíamos la cama, y nos quejábamos en casa de que no nos gustaba el pescado o la sopa con fideos gordos, Adelaida fuertes, por dar la nota y destacar, había decidido juntar sus cositas y escribir una novela.

En primavera, cuando había comenzado el curso y ya quedaban tres meses para junio, una mañana, Adelaida apareció en el instituto con una caja llena de libros.

Había estado mandando copias de su novela a las editoriales de los libros que leía, algunas de ellas ya no existían, hasta que finalmente recibió respuesta de una imprenta de Albacete diciéndole que se encargaban de la corrección en gallego y de la impresión de la novela; todo por mil euros. Después de haber ingresado el dinero en la cuenta que le indicaban, les mandó la copia del recibo del banco y el manuscrito completo.
 -El origen de los fondos nos es completamente desconocido; alguien dijo que usó el dinero que una tía suya le había dejado al morir, para que fuera a la universidad y se casara.

En el instituto, la primera en comprar su libro fue la profesora de filosofía, como es muy despistada pensó que era para una excursión de clases. La profesora de filosofía se lo contó a la orientadora, que no se lo podía creer de Adelaida y como erradamente también le había dicho la de filosofía que la compra era para una excursión ... también le compró el libro. 
En la cafetería al ver a las dos profesoras con el mismo libro, el director les pregunto que leían y cuando le contaron que Adelaida Fuertes había escrito una novela, decidió que la obra escrita por un alumno no podía faltar en la biblioteca escolar ...  y mandó al conserje que fuera a comprar varios libros para el centro. El conserje fue a buscar a Adelaida y asimismo se compró un libro para él no fuera el caso de que fuéra tan tonto que no supiéra aprovechar la ocasión de comprar un libro, que el día de mañana pudiera ser como las primeras letras de la premiada nobel Adelaida Fuertes. 
Además, la novela con dedicatoria a las amistades salía por diez euros. 

Y como dice mi vendedora local del club de lectoras: todo el mundo tiene un montón de libros en su casa sin leer y uno más no importa; como lo habían comprado las unas lo compramos las otras y vaciamos ese día la caja de libros a Adelaida.

Sorprendida Adelaida regresó para su casa y para celebrarlo le dijo a sus padres que esa noche iba hacer ella la cena y todos juntos cenaron una gran sartenada de patatas fritas con huevos y un gran bote de ketchup. 



Adelaida en ningún momento puso nada para ninguna excursión.




mvf.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Ensayo sobre la novela de Adelaida



 Ensayo, sobre la novela de Adelaida.



Adelaida quería ser monjita evangelizadora en el amazonas y cuando en el colegio de hermanas religiosas, al que iba a clases, se lo dijo a su profesora, esta le mandó hablar inmediatamente con la madre superiora antes de que la enfermedad se propagase por la clase.
Al día siguiente sus padres tuvieron que ir a hablar con la madre superiora, y después de explicarle a estos lo ocurrido con su hija, la madre superiora añadió:
"eso no puede ser, por que la palabra de dios está reservada a los hombres y la paciencia y la obediencia a las mujeres"

- ¡Si, madre superiora, que si lo sabré yo! - respondió la madre de Adelaida.

El mismo día de la charla, cuando Adelaida regresó del colegio, sus padres la encerraron en la habitación para escarmentarla. 
Sola, en su habitación, se tiró boca arriba encima de la cama, mirando para el techo con la vista borrosa de sus ojos llenos de lágrimas. 
El techo de la habitación estaba lleno de estrellitas fosforescentes que su madre había pegado, cuando era más pequeña, para que le hiciesen compañía al apagar la luz de la habitación.
Estuvo un buen rato sin moverse en la cama, con la vista perdida en un universo borroso. 
Cuando dejó de llorar; se irguió de la cama para coger dos muñecas que estaban en la estantería de la pared y regresó con ellas para sentarse con sus piernas recogidas encima de la cama. Una de las muñecas tenía medias rojas y llevaba el pelo rubio con mechas, la otra tenía el pelo negro y se llamaba pepona; ambas, tampoco comprendían porque Adelaida no podía ser misionera evangelizadora del Amazonas.
Al cabo de un rato se cansó de jugar con la muñecas y volvió a ponerlas en su sitió, en la estantería de la pared; cuando lo hacía se se fijó en el libro de Enid Blyton que le había regalado una tía suya en su cumpleaños.
 Cogió el libro de la estantería y se tumbó boca abajo en la cama; poniendo el libro en el suelo, encima de la alfombra, para leerlo acostada.

Llevaba leídos un par de capítulos cuando se dió cuenta que  los personajes hablaban dentro de su cabeza, al pasar el dedo por encima de sus voces escritas en el papel.

Después de ese descubrimiento Adelaida empezó a leer todo lo que caía en sus manos cuando estaba castigada en su habitación.
Como el castigo que le pusieron sus padres de cuatro semanas cuando se enteraron del día en que rechazó a puñetazos a los chicos del pueblo vecino que habían venido a pedirnos de bailar en las fiestas patronales.

En el colegio dejó de querer ser monjita evangelizadora en el Amazonas y pasado algún tiempo empezó a escribir cositas que en secreto acabaron en las manos de sus compañeras de clases para que las leyesen.

Que vanidosa, dijimos nosotras, y nos burlamos de ella llamándola Adelaida Fuertes.

Un buen día Adelaida apareció con una caja llena de libros pindiendonos que le compraramos uno. 

Quedamos boquiabiertas. 
¡Adelaida Fuertes había escrito una novela!

¿Que había ocurrido? ¿Como se pasa de lectora a escritora? ¿Adelaida tenía una semilla dentro de ella que germinó con la lectura? 

-¡Es un misterio!

Lo único que se puede hacer aquí, para arrojar algo de luz sobre este tema: es un ensayo sobre la novela de Adelaida.

 

mvf.

lunes, 30 de octubre de 2017

San Martiño



Era poco más de las siete de la mañana cuando en la casa se levantaron para encender el fuego de la cocina de leña.
Elíseo había bajado con su esposa a la cocina y mientras ella preparaba el café él iba disponiendo las bebidas y licores que tenían guardadas para las ocasiones, para dejar todo preparado antes de que llegasen los invitados de la casa para la matanza.
El comedor de la cocina tenía una amplia mesa con un hule extendido y dos grandes bancos a los lados en los que cabían casi diez personas en cada uno. Había un viejo mueble pegado en la pared; encima de el estaban dispuestos desde el día anterior, para poner la mesa a la hora de la comida, dos docenas de platos y otros tantos cubiertos para los invitados, además de distintas botellas de licor para acompañar el café.
De la cocina llegaba el olor del café recién hecho.

Elisardo bajó de su habitación con los ojos entrecerrados, atraído por el bullicio que había en la cocina con la preparación de la fiesta de la matanza. Desayunó en la mesa pequeña de la cocina y al terminar se fue a sentar en la mesa del comedor y mientras esperaba a que viniese la gente, se había puesto a dibujar. En su libreta había dibujado una casa con un árbol y un cerdito con alas que volaba hacía el cielo.

Ya habían dado las ocho de la mañana cuando llegó el matarife, que como sabemos había estado trabajando con su tractor, el día anterior en el campo, en las inmediaciones de la casa; después de darse los saludos oportunos Elíseo le pidió que se sentase para ponerle un café mientras esperaba. 
 El matarife se sentó en la mesa del comedor, cerca del niño, mirando los dibujos que se había puesto a pintar con sus lapices de colores y al ver en su libreta el dibujo de un cerdo que volaba, le hizo una seña a la doña de la casa cuando se acercó a él, con la cafetera humeante para servirle un café; esta, mientras le llenaba el interior de su taza con café, le devolvió el guiño en señal de que su marido nada sabía aún de la desaparición del animal, para que actuase con toda normalidad.
 Detrás del matarife empezaron a llegar más hombres, de las casas vecinas, pués en la matanza se ayudaban unos y otros; venían para entre todos doblegar la fuerza del animal y acostarlo para su sacrificio.
Los hombres se sentaban alrededor de la mesa y se les servía café y leche con roscón; algunos simplemente tomaban una copa de licor café o aguardiente para calentar el cuerpo antes de ponerse a trabajar. Las mujeres mientras tanto, preparaban potas para recoger la sangre y hacer las filloas, y calentaban en los fogones de la cocina, unas tinas grandes llenas de agua para limpiar el cuerpo del animal una vez sacrificado.
Fuera, en el alero del tejado de la casa vieja, estaba el cuervo, pues había despertado cuando había llegado el cerdo de regreso a su cuadra y esperaba la dicha del animal.
Llegado un momento Elíseo, en voz alta, dijo a los presentes:
-Pues ahora que ya estamos todos vamos a sacar al cerdo para matarlo y de allí (al terminar) ya marchamos al vermú.
entonces, salió de la casa para ir a la cuadra del animal y con él salieron su mujer, la madre y el matarife, que le acompañaban para que cuando descubriese que no estaba el cerdo dentro, engañarle con la mentira de que se había escapado el animal; y juntos con ellos salieron los demás que vinieron para ayudar y nada sabían de esta historia.

Cuando Elíseo abrió la puerta de la cuadra, asomó por ella la cabeza del cerdo, indignado, pues no se explicaba ni la tardanza de la comida, ni a que venía tanta gente, dejando perplejos a los que dándole por muerto no esperaban que estuviese allí. La abuela fue la primera en reaccionar y viendo en ello la resurrección milagrosa del animal, se puso entre la puerta y su hijo, impidiendo que sacará el cerdo para su muerte y le dijo:
-¡Deja al cocho en paz que no sabes quien es este animal!
Elíseo se quedó estupefacto con el arranque de la madre, pero acto seguido escuchó a sus espaldas que le decía el matarife:
-¡Si quieres que quedemos bien, te doy dos mil euros por este cerdo! ¡ Pues aunque perdamos tu y yo la amistad, no te voy matar el animal!
-¡Papa, papa, no mates al cerdo que es tan dócil y cariñoso como un perro! - apareció su hijo gritando entre sollozos al ver con vida a su amigo; abrazándose fuertemente a una pierna del padre, impidiéndole moverse.
- ¡Elíseo, por favor, haz caso a todo el mundo o por la noche voy ir a dormir a otra habitación y no te voy hablar en una temporada! - le gritó su mujer
- ¡ Vamos a la cocina, que ya está hecho el café, y deja en paz el animal!

y sin saber lo que ocurría, Elíseo, emocionado, perdonó la vida del animal.

Así fue como nuestro cerdo vio pasar de largo el día de su San Martín y los venideros, y después de vivir trabajando de semental de la comarca para los de su especie, acabó muriendo de muerte natural entrado en años.
 En la salida de la misa del primer domingo siguiente a su muerte,  las mismas zarzas, las cotillas de nuestro pueblo, le dedicaron el unico chisme que dieron de un animal y dijeron que era natural que el cerdo muriese haciendo esfuerzos a sus años y que no había muerto en su cuadra.
 Pesaba entonces casi cuatrocientos kilos y había sido padre de un centenar de hijos que traerían al mundo multitud de nietos, biznietos y tataranietos que recordarían durante mucho tiempo la historia de nuestro héroe.

mvf.

lunes, 16 de octubre de 2017

La frontera

Una vez que llegó el olor del zorro al fino olfato de Melquiades, este levantó su cabeza, aspiró fuertemente el aire hasta llenar sus pulmones y lo expulsó de golpe, resoplando los carrillos de su enorme boca, produciendo un sonoro ladrido de advertencia.

Era costumbre de Melquiades hacer guardía por las noches en las afueras del pueblo, junto al portalón de su casa; desde allí vigilaba una amplia zona del camino que separaba el pueblo y el campo, en donde se entremezclaban los olores de los seres vivos de ambos mundos. Cuando un olor extraño, llegaba hasta Melquiades, eso significaba que alguien del campo había traspasado ese trecho y osaba acercarse de más al pueblo, entonces, con su ladrido ronco y fuerte advertía del peligro que significaría continuar avanzando en el mundo de los humanos.

Al oir el aviso del perro, el zorro y el cerdo se detuvieron en seco.

El cerdo, viendo a Melquiades obstaculizando el camino,miró apesadumbrado para su compañero dando por imposible el poder regresar sin que nadie se enterase. Pero el zorro, era un animal de ingenio acostumbrado a todo tipo de dificultades, y sin dejarse llevar por la desesperanza de su amigo, le empujó con su hocico, para darle ánimos, diciéndole que: llegados hasta aquí no se podía rendir. El haría salir al perro del camino y lo entretendría el tiempo suficiente, para que pudiera llegar a su casa y entrase por la parte posterior de la huerta. Y sin más dilación el zorro marchó hacia donde estaba el perro del herrero para llamar su atención y hacerlo salir de donde estaba, permitiendo así que su amigo llegara a su destino.
 El zorro, llevaba su larga cola en horizontal, como si fuera un estandarte, cuando cruzó la linea que separaba la tierra de los animales de la de los hombres, mostrandose bien visible para que lo pudiera ver el mastín. Pero así que lo vio, Melquiades mostró que no estaba dispuesto a realizar esfuerzo alguno para cumplir su amenaza.
Llegado un momento el zorro, viendo que no conseguía su objetivo, decidió extremar su osadía aproximandose de más hacía el mastin y empezó a renquear de una pierna, simulando que tenía cojera, para tentarle con una posible facil captura.



Entonces Melquiades, pensando en que podría darle alcance con facilidad y en el premio que podría llevar por capturar al ladrón de los huevos de las gallinas de la comarca, echó a correr tras el zorro; y los dos, perseguido y perseguidor, desaparecieron en la obscuridad, en dirección hacia el monte.
Mientras tanto, el cerdo, al ver que el perro desaparecía trás su amigo, aprovechaba la ocasión para cruzar la distancia que le separaba desde donde estaba a la hacienda de sus amos y dirigiéndose a la parte trasera de la casa, entró a la huerta, arrastrando su cuerpo por debajo de la alambrada que separaba la huerta del campo, y una vez dentro, desde allí, sigilosamente se dirigió a su establo en la casa vieja. 
El cerdo al ver que había conseguido llegar a su cuadra, sano y salvo y sin que nadie se enterase, su corazón daba vuelcos de alegría, palpitando fuertemente. Así que se hubo calmado un poco, comió ávidamente restos de nabos que quedaban esparcidos por el suelo, de su comida habitual, y al terminar, agotado, se hecho a dormir en una esquina de la cuadra quedándose dormido inmediatamente. Mañana vendría un día nuevo y el estaría en su cuadra como si nada hubiera pasado.



Fuera, Melquiades había regresado a su lugar en el camino y olvidándose de su fracaso ladraba a la Luna, mostrando orgulloso su cansancio por haber hecho correr al zorro monte arriba, ante una civilización durmiente que se negaba a despertar.



mvf





sábado, 7 de octubre de 2017

el trato del zorro



 Tras la huida del lobo, el zorro regresó al lugar de las rocas del acantilado donde estaba su amigo.

- ¿Que hay allí?- preguntó el cerdo, acostado en las rocas que hablan con la vista perdida en la negrura del océano, cuando oyó  llegar a su amigo.

- Allí es donde duerme el sol - respondió el zorro, sentándose junto a su amigo para escuchar en la noche el batir de las olas.

Tras unos minutos de silencio entre los dos, al ver que en la noche la Luna estaba acabando su circulo en dirección al este, el zorro se levantó y dijo:

 - Ahora cumpliré mi parte del trato y te ayudaré a regresar a tu cuadra sin que nadie te descubra.

Dicho esto, los dos se pusieron en camino hacia el pueblo. No tardarían en llegar, pues el zorro, por sendas de animales que cruzan el monte entre los matorrales, conocía los mejores atajos para casí todos los corrales de la comarca; pero cuando estaban próximos a su destino, se encontraron con un contratiempo inesperado, pues descubrieron un bulto peludo que estaba haciendo guardia, durmiendo justo, en medio y medio del camino que les conducía a su destino.

El perro de la herrera hacia piña con el perro de los de la labrada, porque los dos eran hermanos y cuando podían se juntaban para hacer todo tipo de desatinos: dando carreras a las gallinas, persiguiendo las ovejas por la campiña o deshaciendo los sembrados, entre peleas que hacían entre ellos para medir sus fuerzas.

La madre de la cejiñuda tenía una cabra que le había regalado su hija para obligarla a salir de casa todos los días, con motivo de  llevar al animal por la mañana a comer al campo y por la tarde tener que ir a recogerla, 


La cabra era un animal caprichoso, que teniendo de comer en lo suyo, saltaba a las fincas de los vecinos para comer los brotes de las hierbas en campo ajeno.

La cejiñuda, para arreglar el problema, decidió que le pusieran una "solta" a la cabra en las patas -  atado de cuerda que se pone en las patas de los animales para reducirle la movilidad - pero aún así, la cabra roía el atado de cuerda y una vez libre volvía a saltar a las fincas de los vecinos para ir a comer en ellas.

El perro de la mujer del herrero y el de los de la labrada, eran perros que sabían conducir el ganado. Uno de esos días que andaban de parranda descubrieron a la cabra que después de liberarse de su "solta" había escapado de donde tenía que estar y comía con toda felicidad en uno de los campos de la iglesia.
Así que los dos decidieron en cuestión enseñar al animal y empezaron a perseguirla de un lado al otro, dándole ladridos, hasta que llegado un momento la cabra no dio más de si y la dejaron medio desmayada en el campo.

A última hora de la tarde, la madre de la cejiñuda se encontró a la cabra medio pasmada y del disgusto casí le da un patatús a ella también. La cejiñuda tuvo que ir al campo a recoger a su madre y a la cabra, y al llegar a casa llamó al veterinario de urgencias, para ver que le pasaba al animal.

El veterinario no tardó en llegar y después de ver a la cabra y escuchar su corazón con su estetoscopio, la mandó ingresar en una  clínica veterinaria.

Cuando llegó la factura de los ansiolíticos de la cabra y los días que estuvo en la clínica, la cejiñuda, que era medio justiciera y andaba siempre metida en pleitos de derechos de agua y lindes, marchó junto a los respectivos dueños de los perros, reclamandoles los ansiolíticos de la cabra y la factura del veterinario. Los dueños de los perros, que en todo momento trataron a la cabra de señorita, pagaron sin rechistar y acordaron tomar la medida de no dejar sueltos a la vez a los dos hermanos, dejando en sus casas respectivas, un dia atado a uno y el otro día al otro, para que no anduvieran juntos, y se repartieron los días de la semana con r para que saliera el perro de la herrera y los días sin r para que pudiera salir el perro de los labrada.

Así que hoy viernes, 10 de noviembre, la noche anterior al sábado de San Martiño, Melquiades estaba durmiendo en medio y medio de la carretera.













miércoles, 13 de septiembre de 2017

la artimaña del zorro





El cerdo, cuando oyó las palabras del zorro diciendo que accedía a hacer el trato con él, se apartó de la boca de entrada del túnel, dejándole libre el camino para que pudiera salir al exterior.

Una vez fuera, el zorro se sacudió la tierra que llevaba encima de su cuerpo; se limpió su largo hocico, y enderezando sus inhiestas orejas, miró al cerdo de arriba abajo y preguntó:

- ¿Que es tan importante para que hayas venido a molestarme?

- Solo quiero regresar a la casa de mis amos, sin que nadie se dé cuenta de ello - dijo el cerdo - y dormir tranquilamente en mi cuadra.

- Te prestaré mi ayuda para que vuelvas a tu cuadra, si tú primero me ayudas a mí.

El cerdo, recordó las palabras de los zorrillos de que tendría que hacer un trato con su padre para que este le ayudase, y asintió bajando su cabeza:

- ¡venga; el trato!

Entonces el zorro empezó a contar:

- Estos días ha llegado de los montes de Asturias un lobo asesino; está misma mañana mató dos ovejas que pastaban cerca del rio. Los humanos no tardaran en querer deshacerse de él recurriendo para ello a trampas y venenos, que pondrán en peligro la vida de todos los animales del monte
Si tu me ayudas podemos engañar al lobo y conseguir que marche de estás tierras, salvando así  la vida de muchos animales inocentes.


El cerdo aceptó ayudar al zorro y juntos regresaron al monte. Caminaron un largo trecho hasta llegar donde están las piedras que hablan, en los riscos desde los que se puede ver la lejanía del océano Atlántico. Al llegar allí, el cerdo daba señales de cansancio y entonces se sentaron en el frio suelo para recuperar sus fuerzas.
 Hasta ellos llegaba el ruido de las olas al batir en las rocas. A veces era como un silbido ronco y grave, que parecía una voz humana surgida del fondo del océano, que algunas personas decían que advertía de los peligros que iba haber en el mar para que nadie saliera con sus barcas a pescar.


 Al reponer sus fuerzas los dos se separaron. El cerdo, siguiendo  las instrucciones que le dio su compañero, subiría a lo más escarpado de los riscos marinos de las rocas que hablan, desde donde se podía ver la lejanía del océano; mientras que el zorro marcharía a la búsqueda del lobo, para poner en marcha su treta.


El zorro, guiado por su olfato, no tardó en llegar a las inmediaciones del lugar donde el lobo había establecido su morada. Se agazapó, escondido entre los brezos, y esperó hasta que vió aparecer, en lo alto de las rocas que hablan, la figura de su amigo recortada en el cielo de la noche; entonces se levantó y caminó sigilosamente acercándose junto al lobo.

- Quien osa andar ahí? - preguntó un gruñido ronco y fuerte.

Al ser descubierto por el lobo, se detuvo frente a él, a una distancia prudente desde la que podía vigilar el brillo asesino de sus ojos, para salir huyendo a la menor señal de peligro.


- He venido corriendo, desde el rio para alertaros de que corréis un enorme peligro estando en estas tierras.


El lobo, seguro de si mismo, se hecho a reír al oír estas palabras, pues es sabido que los zorros son los animales más mentirosos y astutos de los montes de Galicia.


Vigilando que no asomara en los ojos del lobo, el destello asesino de los de su raza, el zorro continuo hablando:
- la casualidad quiso que bebiendo en la charca, donde brota el manantial del rio, oí un ruido extraño y un fuerte chapoteo en el agua. Aprovechando la vegetación de la orilla del agua, pude acercarme con sigilo sin que se notara mi presencia y descubrí dos enormes jabalíes plateados, bañándose en la charca, que decían que acababan de bajar de la Luna, pues tu fama de gran asesino llegó ya hasta sus tierras, y hablaban entre ellos diciendo que habían venido a la tierra, jurando darte caza esta misma noche para vengar la muerte de sus hermanos jabalíes, que tu y los tuyos cazáis con frecuencia.


Justo cuando el zorro terminaba de decir estas palabras, se oyó el ruido de piedras que hablan.


El lobo, que hasta ahora no había perdido de vista al zorro, al oir el ruido giró su cabeza para mirar en la dirección de donde procedía y entonces vio a lo lejos la figura del cerdo, en la cima de las piedras que hablan, realzada por la luz de la Luna creciente que le daba un tono plateado al reflejarse sobre la piel blanca de su cuerpo y al verlo de repente creyó ver, sin lugar a dudas, uno de los dos fieros jabalíes plateados que venían a darle muerte. 
Entonces sus ojos, que miraban antes frios y grises, y de manera amenazadora al zorro, se llenaron de miedo; los pelos de su cabeza se pusieron de punta, dándole un aspecto ridículo, y metiendo el rabo entre sus piernas huyó despavorido jurando no pisar de nuevo estas tierras.




mvf.