domingo, 19 de marzo de 2017

La television X - 12





Los resultados de vivir con María Gabriela se vieron enseguida sobre Roberto porque se cambiaba de ropa con más frecuencia que antes; a fin de cuentas se nota en como viste cualquier hombre, que detrás hay una mujer. También había mejorado en su comunicación y en la felicidad que irradiaba ante los demás; porque si Roberto era poco hablador, ahora la boca la tenía cerrada con una sonrisa. 
 
En el consistorio la  expresión sonriente del alcalde se introdujo en la vida de los funcionarios que trabajaban allí, y ahora podían estar varios días sin hacer nada y escuchar a la gente que venía a interrumpir la paz del trabajo, con una sonrisa en la boca.

- Pero estás seguro que se puede ver como crece la planta ?

- Si, pero tienes que estar quieto, mirando fijamente para la planta sin moverte, para notar como crece.
- ¿Y si viene alguien?
- Le dices con la mirada que espere.

La vida en Menciños transcurría apaciblemente durante la primavera hasta que un interventor de hacienda, venido de la capital para supervisar las cuentas del ayuntamiento, de regreso a la capital contó lo que había visto en la cafetería donde tomaba café con sus compañeros, al lado del trabajo.


 - ¡Una morenaza muy simpática y con buenos pechos; menudo bombón tiene por mujer!

Su jefe un funcionario de libre designación, que casualmente estaba también tomando el café, tan pronto llegó de regreso a su despacho en hacienda, descolgó el
teléfono y llamó a la secretaria, de la secretaria, de la secretaria ... bueno a alguien que escuchaba chismes para darle el chivatazo al presidente regional del partido, y le contó lo que había oído hablar en la cafetería, del alcalde de Menciños.

El asunto llamó la atención y finalmente alguien pensó, como eran del partido, que sería bueno sacar un
reportaje del pueblo de Menciños en el telediario del mediodía.

Una mañana aparecieron los de la televisión en el pueblo para hacer el reportaje. Llegaron en un turismo de color blanco, con letras azules a los costados. TvX


Eran tres: la entrevistadora, una chica de piernas bonitas; un cámara, y el conductor del vehículo. 
 
La entrevistadora, no paraba de correr y saltar sin dejar de hacer preguntas, con su micrófono en la mano, hablando una variedad del galaico-español porque sus padres eran de las Palmas y había encontrado trabajo en la TvX gracias a que tenía una abuela gallega que viviría en cualquier pueblo de ficción, deshabitado, abandonada y feliz con sus gallinas, su huerta y su cocina de leña: que tenía unas piernas tan bonitas como ella.

  - ¡Bos dias, somos da telivision X e vimos a Menciños ... !

La entrevistadora arrastraba con ella al
cámara, que la perseguía constantemente para que no se escapara del alcance del ojo de vidrio de su videocámara.

 Se presentaron en la casa consistorial y después de que el conserje preguntara por teléfono, a no se sabe quien, este les cedió el paso y los acompañó conduciéndoles por las dependencias de la casa consistorial. 


Mientras el cámara grababa las  paredes blancas, y las puertas y las mesas de madera castaño, en las que se estampaba delante la siempre presente entrevistadora de la TvX, esta iba regalando preguntas que no esperaba que respondiesen.

   - ¡Bos dias, somos da telivision X!. ¿ Uds. trabaja aquí ...?

La funcionaria, una joven que
no había acabado los estudios, que era hija de la de la farmacia. Sin responder nada, la miró sonriente, a ella y al cámara, y le señaló con el dedo que entrara en el despacho del alcalde.

Llegaron y entraron
en el despacho del alcalde.



Allí estaba sentado Roberto y detrás de él estaban de pie, cubriendoles las espaldas, algunos de sus más próximos en la labor de gobierno del ayuntamiento.



- Y aquí el alcalde de Menciños
 -¡Bos dias, somos da telivision X!.¿ Uds. trabaja aquí ...?
-Aja
Y como vinieron se fueron.

No sin dejar caer que el martes de la siguiente semana pasarían el reportaje por la tele, en el comarcal de las dos.



mvf. 

lunes, 13 de marzo de 2017

Primavera n.s... 11




El día de San Valentín despertó con un sol radiante que dio un brillo especial a las mimosas que hay a los lados de la carretera del pueblo, cuando corre paralela a la rivera del río.

  El día soleado y la sorpresa de la temperatura cálida a primeras horas de la mañana, aún siendo invierno, animó a la gente a vestir con prendas ligeras para salir de casa a hacer sus compras, ir a la farmacia ...

Ese día por la tarde, Roberto,  propuso a María Gabriela salir de casa a dar un paseo por la ribera del rio, y allí pasearon los dos acaramelados, cogidos de la mano, dejándose ver por las otras personas que deambulaban como ellos por el malecón.

Después del paseo por la ribera del rio, Roberto y María Gabriela se sentaron en la terracita del bar del pueblo. 

Pidieron unos refrescos y mientras la gente que por allí pasaba les saludaban, o se paraban con ellos para hablar de alguna cosa sin importancia, que se hacía como muestra de cortesía; veían como los niños dando gritos, corrían al pilla.  Cerca de ellos, una abuela explicaba a su nieta, que jugaba sentada en la arena sin hacerle mucho caso, como se teñía de rojo con mercromina el pelo de su vieja muñeca.

 Llegaron los últimos rayos de un día adelantado a la primavera y la temperatura comenzó a descender.

 Al regresar a casa Roberto pidió a María Gabriela que subiera con él hasta el desván y allí, delante de ella, levantó las tablas del suelo y le mostró el escondite donde guardaba el dinero de los regalos que recibía por las obras que se hacían en el ayuntamiento.

Y ante los ojos atónitos de María Gabriela, Roberto le dijo:

- Si yo muriese, el dinero que hay en este escondite es tuyo para que hagas con el lo que quieras.

Ese día de San Valentín,  María Gabriela en el desván ... a Roberto.


mvf.











lunes, 6 de marzo de 2017

Chimichurri No son como nosotros 10






Mariví habló con Roberto y le dijo que se dejaran ver juntos, para acallar las habladurías que pudieran surgir por la nueva situación de la pareja, y siguiendo sus instrucciones salían los dos por las tardes a dar un paseo por el pueblo. Sus paseos habituales eran por el malecon del rio, por el parque de la carballeira - robledal - donde había bancos y mesas para merendar, o iban hasta la iglesia dando la vuelta en el crucero. Después, algunas veces, al terminar su paseo se sentaban a tomar algo en la terracita del bar del pueblo donde eran saludados por la gente que pasaba. Y así al cabo del tiempo sus convecinos se mostraron comprensivos con la nueva vida de Roberto y su pareja, que era acorde con los tiempos que vivimos.



  Quien no comprendió lo que había ocurrido fue el médico, que no acababa de creerse el amancebamiento de Roberto con la despampanante María Gabriela. Achacaba ese misterio a la complementariedad que el ser humano encuentra en su pareja. Y así el médico, en el casino del pueblo, aprovechaba para dar conferencias sobre este tema en las tertulias que se produjeron a raíz de que María Gabriela se fuera a vivir a la casa de Roberto, y entre el arrastro y el fallo con triunfos * tute, explicaba a los que jugaban con él, quien pagaba los cafés a una partida de cartas, que si no se parecían en nada los novios, a la larga se beneficiarían obteniendo el uno del otro lo que a cada uno le faltaba para su felicidad.



Cuando las zarzas, madre e hija, fueron a su consulta por las recetas de sus medicinas, el medico les preguntó como había sido la vida de María Gabriela en la casa, cuando había estado viviendo con ellas cuidándolas. Las zarzas se mantuvieron impertérritas, como dos águilas después de comer. Al cabo de un buen rato dando rodeos, se rindió, y después de cubrirle las recetas para las medicinas que tomaban cada una, les preguntó si necesitaban alguna cosa más. La tía abuela dio un respingo en la silla, carraspeo y entonces le contó como su madre; que decía haber visto por las noches al diablo en forma de mujer, con zapatos de tacones altos y vestido exclusivamente con una chaqueta de cuero ceñida a su cuerpo femenino; no se atrevía a salir de su habitación por las noches, para ir al servicio y se levantaba por las mañanas con fuertes dolores de vejiga. El médico, después de escuchar contar atentamente los delirios de la anciana le recetó a mayores un jarabe y unas vitaminas, y quedaron en que volverían a la consulta pasadas dos semanas para ver si había mejoría.
Al cabo de diez días las ancianas volvieron de nuevo por la consulta; el medico volvió a insistir para ver si de esta dejaban escapar alguna cosa, ahora con el fin de reavivar sus conferencias por que el tema había decaído bastante de interés en las tertulias;



- ¡Pero has fallado con triunfos el as de bastos y tenías bastos!



 Finalmente la tía abuela explicó como su madre decía que había dejado de tener visiones nocturnas desde que marcharon los argentinos.



- Seguramente era culpa del chimichurri; a saber que le echan a su salsa estos argentinos.









mvf. 

sábado, 11 de febrero de 2017

No son como nosotros 9- En la casa de la bisabuela




María Gabriela vivía en una casa alquilada en el pueblo, con otras personas originarias de Venezuela que como ella buscaban trabajo en España; por que su país, grande y rico, está arruinado por el mismo tipo de gente avariciosa, ruin y carente de escrúpulos, que tenemos aquí, y aceptó gustosamente el trabajo.
Al día siguiente, de la boda de la hija del taxista, devolvió el recado que le había enviado Mariví, diciéndole que estaría encantada de coger el trabajo, y al cabo de dos días, con las pocas pertenencias que tenía, ya se había traslado a la casa de las dos ancianas. Allí tenía preparada para ella sola una habitación más grande que la que compartía con otra mujer, en la casa de donde venía.
Luisa Fernanda y María Gabriela eran completamente diferentes en muchas cosas. Luisa Fernanda era una mujer alta, delgada, de piel blanca y pelo rubio, y mirada fría. María Gabriela era una mujer de marcadas formas femeninas y pechos generosos, su pelo era negro; tenía su piel ese dulce color moreno que muchas mujeres de piel lechosa tratan de imitar llenando su cuerpo de bronceadores y rayos ultravioletas; y sus ojos eran limpios y estaban llenos de fraternidad. Si Luisa Fernanda tenía una voz dulce e hipnótica con la que atraía a los hombres para poder hacer con el sus caprichos, María Gabriela tenía un físico despampanante y una atracción sensual con la que conseguía igualmente que los hombres se rindieran bajo sus pies; y con este motivo se fueron produciendo muchos roces que convirtieron en odiosa la convivencia entre las dos mujeres, en la casa de la bisabuela.
La situación empeoró cuando el argentino pidió a María Gabriela que le explicase cómo funcionaba la lavadora. 

- ¿María Gabriela, vos no pensás que la lavadora es un gran invento para media humanidad? 

Luisa Fernanda, a pesar de que era una mujer fria y calculadora, perdió su compostura y cayó en el mundo de los celos.

- ¡Vos lo dije y no me hicisteis caso, era mejor un contrato con la rusa! 

La convivencia se fue agravando aún más, día tras día, hasta que después de una disputa por quien metía la ropa de Carlos Alberto en la lavadora, los argentinos revelaron que Luisa Fernanda no era la hija de Carlos Alberto, sino su amante, y dando un portazo en la puerta de la casa, dejaron las ancianas con la boca abierta, y regresaron de vuelta para su país.

- Luisa Fernanda, tan pronto como bajemos del avión en Buenos 
Aires, te voy invitar a  comer un choripán con chimichurri en el Coca-colero. 

La partida de Luisa Fernanda y el argentino sirvió para centrar las cosas en la casa de la bisabuela, porque María Gabriela, que acabó quedando viviendo sola con las dos ancianas, no estaba hecha para vestir santos, y al tiempo comenzó a dejarse atraer y tontear con Roberto, el único hombre, que algunas tardes venía a casa a visitar a las ancianas; y este se mostraba sensible y confiado a las lisonjas que recibía de la hembra, pues el contacto de la cara de Roberto contra sus pechos, cuando esta había apretado su cabeza contra ella, habían despertado en él sus instintos filiales. Y por detrás estaba Mariví, la hermana de Roberto que veía, en infinidad de detalles insignificantes, que estaban hechos el uno para el otro.

La intención de Mariví era buena; ella no quería ver a su hermano condenado a tener romances ocultos dentro de un armario y por otro lado pensaba en el tercer mandato de los Menciños. Para ello, consiguiendo una pareja para su hermano, trataba de evitar que en algún momento los ojos de las madres con hijas casaderas se pusieran encima de la soltería de su hermano, y que sus luchas de celos pudieran acabar destruyendo la unión de los Menciños.
Una de las tardes que  Roberto fue a casa de la su bisabuela,  hubo una avería en la instalación eléctrica de la casa y las ancianas al ver que iban estar sin luz hasta el día siguiente, le pidieron a Roberto que pasara la noche con ellas, porque se sentían más seguro con un hombre en la casa.
La planta alta de la casa tenía un largo pasillo con cinco habitaciones, un cuarto de baño grande y uno servicio pequeño.
  Roberto, no teniendo costumbre de dormir fuera de su cama, no daba conciliado el sueño y ya entrada la noche se levantó de la cama y salió de su habitación para ir al servicio; de regreso a su habitación, Roberto una persona educada y nerviosa, como eran todas iguales las puertas de las habitaciones que daban al pasillo, en la obscuridad se equivocó y entró sin querer en la habitación de María Gabriela y creyendo estar en su habitación se metió dentro de la cama.
María Gabriela despertó en medio de la noche y al encontrarse a Roberto a su lado, con ella en la cama, reponiéndose enseguida de su asombro no dudó en hacerlo suyo
.
A la mañana del día siguiente, aunque los accidentales amantes trataron de hacer ver que nada había ocurrido, todo el mundo se dio cuenta de que algo había cambiado durante la pasada noche.

- Come mi amor antes de ir al trabajo, estas arepas con mermelada que te acabo de hacer.

No fue un matrimonio a la vieja usanza, ni tampoco un matrimonio de conveniencia, simplemente, llegado un momento María Gabriela se fue a casa de Roberto y las zarzas dieron por bien hecho lo ocurrido.

- Cuando era joven, si me hubiera ido a vivir a la casa de un hombre sin pasar por los altares, mi padre me hubiera molido las costillas a palos.

- ¡Son jóvenes y viven la vida moderna. Y no se hable más! - dijo la bisabuela.



mvf. 


miércoles, 1 de febrero de 2017

no son como nosotros 8 Maria Gabriela




Asistían al banquete cerca de doscientas personas y mientras no llegaban los novios, que habían marchado de la iglesia para hacerse fotos al lado del mar, muchos de los invitados habían pasado ya para el comedor y se habían ido sentando agrupándose con la proximidad de sus conocidos;  otros estaban haciendo la espera bebiendo vermú u otras bebidas en la cafetería o continuaban hablando fuera, sin entrar aún.
Llegó el Seat 1500, el taxi antiguo del padre de la novia, que tantas veces había hecho el viaje a la Coruña o a otras capitales de España, llevando vecinos por motivos de trabajo o para ir ver la familia, con motivo de algún bautizo, algún hijo que había tenido que emigrar y que no podía venir a España ...; varias veces había cruzado la frontera para llevar alguna cuadrilla de gente a trabajar a Francia o para llevar de regreso algunos vecinos que habían venido a pasar las navidades con sus familiares; alguna vez, también había ido al extranjero para ir ver jugar fuera de España a la selección de fútbol.
Llegado un tiempo el coche se quedó viejo, pero el padre de la novia, en vez de mandarlo al desguace, lo había dejado en un granero, y con el paso del tiempo, un buen día se decidió a restaurarlo. Buscando piezas en los desguaces y dedicándole muchas horas de tiempo libre había conseguido repararlo cuidadosamente restaurándolo en los más mínimos detalles  y en el día de hoy había pedido a un amigo, también taxista como él, y que en alguna ocasión había participado en su restauración, que lo condujera para él en la boda de su hija.

El coche aparcó frente a la entrada principal del asador. El conductor bajó y con sus manos, con guantes blancos, abrió la puerta para que salieran del coche los novios. Al verlos los presentes, los novios fueron recibidos con aplausos y algún grito lanzado al aire.
 
- !Vivan los novios!

Venían cansados y hambrientos, y sin más dilación pasaron por entre la gente de la entrada, y se dirigieron al comedor, para ocupar sus sitios vacantes en le mesa principal. Detrás de ellos entraron también al comedor el resto de invitados que faltaban.

Una vez que los novios se sentaron, a una señal de la hija de la bruja, la dueña del negocio, y bajo su atenta mirada, seis mujeres empezaron a correr de un lugar otro para servir a los asistentes.

Una de las mujeres era Maria Gabriela, que llevaba una de las bandejas, con las vieiras al horno que salían de la cocina, para  servir a los asistentes del banquete nupcial.

Los novios estaban sentados, en la mesa de la cabecera, con sus padres a los lados. Cerca de ellos, a la cabeza de los invitados, estaba sentado el Alcalde, con el médico y el cura del pueblo; estos últimos asistían con él a cuanto acto se invitaba al Alcalde.

María Gabriela era venezolana. Era una mujer exuberante de casí un metro ochenta de altura y algo patosa para servir de camarera, aún así hacía su trabajo con la misma diligencia que  sus compañeras;  entraba y salía de la cocina con  la bandeja repleta de la comida y no tardaba en regresar en busca de más comida, llevando la bandeja vacía.

Se acabaron las Vieiras y empezaron a salir las cigalas, detrás vinieron las almejas. y durante ese trajineo, de ida y ven, muchos de los presentes varones empezaron a fijarse en María Gabrielas y a seguir con sus ojos los movimientos de María Gabriela; los hombres que habían tenido la suerte de que se acercará junto a ellos ese cuerpo de mujer para servir la comida en sus platos, esperaban ahora anhelantes para que volviera regresar con otras viandas.

Uno de los ojos que perseguían los movimientos de María Gabriela eran los del crápula del medico, que le miraba lascivamente, sin saber que desde el otro extremo de la mesa Mariví, la hermana de Roberto, irritada no le quitaba el ojo de encima.

Cuando regresó de nuevo a la mesa para servir las almejas, mientras servía en el plato del alcalde, María Gabriela se fijo en como la querían comer los ojos del medico y por una mala costumbre que había adquirido de mujer coqueta, inclinó su cuerpo un poquito de más, para que se entreviesen sus senos turgentes y dejar vislumbrar, fuera de su alcance, la belleza que tenía burlándose de las miradas lascivas del médico, y sin darse cuenta, ni poder evitarlo, la bandeja de las almejas se inclinó de tal manera que la mayor parte de su contenido resbaló cayendo encima de las piernas de Roberto.

Roberto, cuando le cayeron las almejas con su salsa encima de las piernas, se puso inmediatamente de pie dando un grito, ante la sorpresa de los asistentes que estaban sentados próximos a él.

En ese momento, bajo las miradas furibundas que le lanzaba la jefe del restaurante por lo que había hecho, a María Gabriela le entró pánico y no se le ocurrió más que abrazar a Roberto, metiendo la cabeza de nuestro alcalde entre sus pechos, para ocultar lo ocurrido, mientras le pedía perdón, entre sollozos, dándole besos en la cabeza.

Después de esto María Gabriela fue mandada que no saliese de la cocina.

El banquete continuó hasta el final, momento en que el padre de la novia, se levantó y encendió un puro delante de los asistentes en señal de satisfacción por haber casado a su hija.

Antes de marchar, Mariví mandó recado a María Gabriela para que no sufriera por el accidente ocurrido, y para que le preguntaran si querría ir a trabajar de asistenta a la casa de la bisabuela.

Y así fue como  María Gabriela pasó a formar parte de nuestra historia.


mvf. 

miércoles, 18 de enero de 2017

No son como nosotros 7 La boda.




La boda de la hija del taxista quedó fijada para el San Antonio, el trece de junio, y el banquete en el asador de la hija de la bruja. Hasta llegar ese día, el párroco obligó a los novios hacer la catequesis y colaborar como voluntarios para enseñarle a sus amigos a levantarse, sentarse y arrodillarse en los bancos de la iglesia, durante la celebración de la misa.
Sus amigos, que eran de la pandilla de los del puerto, se negaron en un primer momento pero finalmente decidieron colaborar. 
El cura aprovechó esto para hacerles ir todos los domingos a misa hasta llegado el San Antonio.
Después de lo hablado en casa de la bisabuela, los argentinos iban por las tardes al ciber del bar del pueblo, para buscar en la red * mundo de internet, con mucha discreción, una mujer casadera conveniente para que su primo gallego se casara. 

- Camarera, por favor, sabría hacernos dos choripán con chimichurri y dos infusiones de mate, como se hace en Buenos Aires? 

  Después de varias tardes dieron con una rusa por interné que aunque no cuadraba dentro del perfil matrimonial tenía unos precios muy competitivos que podría interesar a las partes. Así que se reunió la familia en la casa de la bisabuela para oír hablar lo que habían encontrado los argentinos.
La bisabuela, cuando oyó la propuesta, puso el grito en el cielo porque la rusa para venir a España no quería hablar de matrimonio, sino que quería un contrato con vacaciones y dos pagas extras al año. Y además cobraba un plus por acto.
Roberto dijo que por esa parte no habría problema por que a él casi siempre le dolía la cabeza por las noches.
Pero aún así, un contrato laboral, no les parecía nada competitivo en precios. Los argentinos, sin reparar en gastos, tenían que seguir buscando en el ciber hasta encontrar una mujer que quisiera un contrato matrimonial.

- ¡Camarera por favor nos pone dos choripan, con mucha salsa chimichurri, y una ración de patatas fritas con mayonesa y sal, como lo hacen acá!

Mientras tardaba la búsqueda de la media naranja, comenzó a producirse un gran nerviosismo en el entorno del alcalde, que llegó a afectar a los trabajadores del ayuntamiento con grave riesgo de perjudicar a los vecinos. 
Los funcionarios al ver el decaimiento de Roberto, desconociendo que venía por las calabazas recibidas de su prima de Argentina, creyeron que pronto podría ocurrir algo grave en la alcaldía. Incluso los trabajadores temporales; pues tenían arbitrado un sistema de contratación, de tal manera que ahora trabajaban en el ayuntamiento unos y cobraban del paro otros, y después lo hacían del revés, con el que rotaban por turnos los contratos entre los afines del partido; llegaron a temer que fuera a realizarse una oferta de empleo que consolidaran los puestos de trabajo en el ayuntamiento y acabaran con esta esperpéntica situación que ocurre en la mayoría de las administraciones locales gallegas. 

- Pues yo, si aquí consolidan los puestos de trabajo, y en el ayuntamiento donde trabaja mi primo, no; voy ir al defensor del pueblo que todos tenemos los mismos derechos.
 
Con todo, llegó el trece de junio, el día de la boda. El taxista era hijo de un primo lejano de la bisabuela y la familia estaba invitada a ir a la boda de la hija. Roberto, tenía el doble compromiso de asistir: como alcalde y como familiar, así que, incluidos los argentinos, todos fueron a la boda de la hija del taxista.

Los novios llegaron a la iglesia en un viejo taxi, un Seat 1500, que relucía los cromados metálicos de sus aristas bajo el sol.
Los amigos de los novios, como ya habían superado el cursillo de los gestos en la misa, no entraron en la iglesia. 

- Cuando yo me case, me casara el alcalde, por lo menos ese no me hace ir a la catequesis.

Las zarzas eran familia de los novios y estaban invitadas a la boda; ese día, en los bancos del interior de la iglesia y tomaron nota de todo cuanto dijo el cura que casaba, y dieron un repaso a su vestimenta.

Dieron el si quiero, sonó la música de Schubert y salieron los novios recien casados de la iglesia. Fuera, sus amigos les esperaban y los recibieron con una lluvia de arroz, en señal de fecundidad, prosperidad y buena suerte. Pasaron entre las cámaras de teléfono, que no paraban de hacer fotos, corrieron hasta el viejo taxi Seat 1500, donde les esperaba el conductor, vestido con traje y gorra negros,  con la puerta abierta sujeta con sus guantes blancos. Se metieron dentro del vehículo y salieron disparados para ir al lado del faro, donde están las piedras que hablan; allí les esperaba un fotógrafo para hacerse las fotos de recién casados.

Después de esto la gente empezó a marchar para el banquete que les esperaba en el asador de la hija de la bruja. 
Finalmente solo quedó el cura, que tras quitarse la vestimenta de dar misa y casar a los novios, cerró la iglesia atrancando las viejas puertas de castaño y echando cerrojo con una pesada llave de hierro. Al terminar también marchó para el banquete.

 Y en el asador de la hija de la bruja fue donde apareció Maria Gabriela.



domingo, 8 de enero de 2017

no son como nosotros 6



Luisa Fernanda llegó a Galicia en octubre.
- Por favor a que hora viene el colectivo * bus que va para Menciños?
- Viene demorado.
- ¡Ah, demorado, lindo color! ¿pero a que hora viene el colectivo que va para Menciños?

Tenía un timbre de voz semejante a una campanilla que arrastraría a sus pies a cualquier hombre que llamase por su nombre. Sus manos blancas tenían unos dedos tan finos que parecían de porcelana. Era alta y delgada, vestía un traje negro de cuero, con unos zapatos de tacón de aguja que hacia su figura mas alargada, y tenía una mirada fría que hacia temer que tuviese escondido un látigo de cuero para castigar a quien osase contrariarla.

Cuando llegó el bus para Menciños subió al coche y el colectivero * conductor no le cobró el billete.

Los primeros días en Menciños estuvieron cargados de felicidad. Hasta Carlos Alberto mostró cambios con la llegada de la hija: como era el primero en levantarse, hacia el café y preparaba el desayuno para todos.

Por la tarde después de torrar los dos, cada uno en su habitación, se levantaban a la seis.


¿Luisa Fernanda me haces un choripan con salsa chimichurri, como se hace en Buenos Aires?


Y veían los dos las noticias de la tarde en la tele.


- ¿ Acá no se habla nada de Buenos Aires?


Las ancianas, madre e hija, viendo lo unidos que estaban los dos comentaban lo bien que se llevaban padre e hija, y el caso que le hacía este atendiéndola en todo cuanto le pidiese.


- No está bien que le haga tanto caso a la hija. Si el hombre no obedeciera a la mujer Adán no hubiera comido la manzana que le ofrecía Eva - decía la bisabuela

- Si, es que tenemos que estar nosotras en todo - apostillaba la hija.

Cuando Roberto conoció a su prima lejana de la Argentina empezó a llamar constantemente y a frecuentar la casa por la tarde; y hasta traer presentes como señal de arrepentimiento de haber tenido hasta ahora, a su bisabuela y a su tía abuela, con la que vivía la anciana, abandonadas. 


Pero el amor es como es, y a pesar de la alegría de las dos mujeres ; que daban por hecho el traslado  de la vida social del ayuntamiento, a la casa, por tener viviendo con ellas a la futura primera dama; una tarde Luisa Fernanda se plantó, antes de hacer el choripan para Carlos Alberto, y dejó bien claro que por mucho alcalde que fuera Roberto su amor no era correspondido.

 
Mariví fue a visitar a su hermano al ayuntamiento, y al lado de un busto, que alguien había dejado arrinconado mirando a la pared, habló con estas palabras a su hermano: 

- Mira Roberto, con lo bien que estabas como esos alcaldes de la capital, tan bien peinados y con carita de niña, que no han roto nunca una flor; y vas ahora y te enamoras. Un alcalde enamorado puede traer muchos problemas al pueblo así que hay que mirar como te enamoriscas. 

Puestos a casarse había que buscar para Roberto una mujer de Menciños. Así que se reunió toda la familia para buscar una solución al problema:

- ¡Pero solo está la hija del taxista y se va casar que ya tiene novio!

- ¡Pues se rapta y ya está!. Ya veras como lo hace hombre en nueve meses. - dijo la bisabuela.


Y para esas cosas del amor los argentinos son mas avanzados que nosotras las del pueblo y dieron la solución al problema:


Buscar una mujer para Roberto por interné. 



mvf.

viernes, 30 de diciembre de 2016

no son como nosotros 5



Cuando Carlos Alberto se enteró de había llamado la familia de España no tardó en devolver la llamada al viejo mundo.

Tía abuela, aquí las cosas en la Argentina están muy mal, voy para allá para España.

La tía abuela, pensando en que la llegada del hijo de su hermano daría un poco de alegría a la vida monótona que llevaban, no dudo en responderle que viniera cuando quisiera, que en Galicia tenía su casa.

Carlos Alberto partió para España de inmediato y entró en la casa de su bisabuela, acompañado de dos maletas de cuero con remaches. Y continuó la vida en Menciños.

El argentino era un hombre madrugador. Se levantaba a las siete de la mañana, antes de que cantase el gallo.

- ¡Pero para qué. Si no hace falta! . ¿Acaso le va dar cuerda al gallo? - decía la bisabuela.

La tía abuela al oírle deambular se levantaba para hacerle el desayuno.

Después de unas palabras entre los dos:

- Sos un encanto tita.

El argentino se duchaba y continuaba sus idas y venidas por la casa, sin hacer nada. 

A la hora de la comida se sentaban los tres en el comedor, de donde se despedía educadamente, al terminar de comer, para regresar a su habitación:
 
- ¡ Voy torrar, titas !

Carlos Alberto echaba la siesta hasta las seis de la tarde, hora en que se levantaba, salía de la habitación y se volvía a duchar. 

- ¡Va acabar secando el pozo!-


Al terminar, pedía que le hicieran un bocadillo que acompañaba con un vaso de vino.
 
- ¿Tía abuela me hace uds un "choripan" para la merienda?

Y merendaba viendo en la tele las noticias de la tarde. 

-¡ Acá no se habla nada de Buenos Aires!

 
Con esta vida plácida y rutinaria, los días iban pasando en la casa, hasta que una mañana al argentino se le escapó un suspiro.

- ¡Sigh!.
-¿Te pasa algo Carlos Alberto?
- Nada tita, no es nada.

Pero algo pasaba y los suspiros fueron en aumento.

- ¡Ains!

Finalmente, una las tardes en que venía la hija de la tía abuela a casa, para ver que necesitaban y hacerles la compra, las tres mujeres le prepararon una encerrona y tuvo que confesar el motivo de sus suspiros:

Carlos Alberto tenía una hija que había dejado allá en la Argentina y que extrañaba muchísimo.

Entonces decidieron pagarle el pasaje y traer a la hija para España; pensando en que una mujer joven ayudaría en la casa.

Pero cuando llegó Luisa Fernanda comprobaron que la hija era una mujer muy guapa, pero que no sabía poner una lavadora.






mvf.

lunes, 26 de diciembre de 2016

no son como nosotros 4





Roberto no tardó en mostrar sus grandes aptitudes para que los problemas se arreglasen solos. Avanzaba su mandato y como los asuntos del ayuntamiento iban yendo a mejor la gente empezó a agradecerle que las cosas no se agravasen con la intervención de terceros.

Viendo como la peculiar gestión publica del laissez faire de nuestro amigo engordaban los donativos para las arcas del partido,  los mandamases decidieron que se le invitase al reparto de la tarta, para que se manchase las manos y tenerlo cautivo como estaban todos, y así empezaron a llegarle las mordidas.

Tan grande era la tarta que a Roberto empezaron a sobrarle las mordidas y como el dinero no se podía guardar en el banco, ni se podía cambiar el ritmo de vida gastandolo a manos llenas; por no destacar sobre sus vecinos, casi todos pensionistas de la agraria,  Roberto decidió guardar el dinero en un lugar bien seguro. No tardó en dar con el lugar apropiado en el desván de la casa, debajo de unas tablas del piso del suelo y  allí fue escondiendo el sobresueldo que sacaba hasta que llegó el final de su mandato.

Roberto volvió a ganar las siguientes elecciones.
Como en Galicia superando el segundo mandato en cualquier cargo publico se convierte uno en cacique de por vida, Mariví aconsejó a su hermano no desaprovechar la ocasión y para ello debería tener contenta a la familia.
 Nada mejor que comenzar con una buena fiesta.
 Aprovechando la ocasión de que la bisabuela iba cumplir ciento cuatro años decidieron hacer un cocido por todo lo grande en la casa de la tía abuela y la hija, donde vivía la anciana, y reunir allí a todos los Menciños.
Y la comilona se organizó. 
Se comieron de entrantes: tortilla de patatas con huevos de gallina de mos, torreznos de cerdo celta, jamón de la cañiza, y pulpo de la ria; después: ternera cocida y cabrito asado hasta hartar; y para finalizar de postre: filloas* crepes a las que se añade una cuchara de sangre, cañas fritas rellenas de crema, brazo de gitano y tarta de Santiago. 
Los vinos tintos los trajeron de monforte, de las mejores bodegas de la ribera del sil. Y esto porque alguien de los Menciños fue a trabajar a la Teixeira, municipio vecino de Castro Caldelas, y allí conoció los vinos tintos de Galicia; que los señoritos de la Coruña son muy dados a hablar gallego y beber Ramón de Bilbao. 

Durante la tertulia hasta la hora de la cena; donde no faltó café, coñac y tabaco rubio de la ría; los Menciños renovaron sus alianzas familiares haciendo memoria de los lazos de parentesco por los que estaban unidos, acordandose también de los familiares ausentes de este mundo: de los que estaban en el más allá  y de otros que estaban en el nuevo mundo, y en especial se acordaron de un tío abuelo que había marchado a la Argentina y no se tenía muchas noticias de esa parte de la familia.

Ya hace años este tío abuelo había mandado una carta y un libro encuadernado en cuero, preguntando por los de acá, titulado el gaucho Martín Fierro, de José Hernández, que había pasado por distintas manos de los Menciños, sin que nadie leyera una poesía de su interior porque estaba en argentino; y había un número de teléfono por detras de una de las pastas.



mvf