martes, 7 de junio de 2011

Seguimos con Quasimodo 4º

Mi bicicleta es toda una modelo; es una de esas bicis robustas sin la famosa barra que tienen las bicis masculinas, que une el cuerpo metálico desde el soporte del sillín al soporte en el que gira el manillar. Nunca entendí muy bien por que la bici de los chicos tienen esa barra de hierro que no tienen las bicis de chicas. Yo pienso que es por discriminar.
Recuerdo como en las películas - por que en las películas todo es más hermoso- las chicas iban sentadas en el portaequipajes de lado, con sus faldas de las que sobresalían sus zapatitos, mientras el chico pedaleaba, en dirección al jarama, para ir merendar al rio. Y es que una chica sentada en la barra, aunque fuera con las piernas de un lado, mientras que el chico la abrazaba, simulando que cogía el manillar, daba escandalo.
¿Por que no se ve que la chica lleve al chico sentado en la barra, abrazandolo disimuladamente, mientras ella coge el manillar y conduce ?. Ya se sabe como son los chicos, que si lo abrazas asi, se disparan y lo más probable es que acaben los dos, bajo un árbol, en medio de un prado ...

Mi bici no tiene marchas, ni yo entiendo para que tanta tecnica; si se llanea se va rapido; si hay que subir cuesta se va más despacio, lo que se compensa despues cuando se baja la cuesta, que se excusa pedalear. Tiene unos guardabarros cromados, y en la parte delantera, apretados al eje de la rueda, van unos banderines ondeando al viento. Claro que los banderines a la minima se me rompian , pero siempre cortaba unos cuadraditos de una sabana vieja. Decian mis amigas al verme: - ahí viene marise en son de paz¡ -
Nosotras jugabamos por turno, una iba en la bici y las demás detras corriendo. Yo me cansaba enseguida y entonces ellas iban detras, gritando, - mariseeeeeeeeeeeee , no descansaste ya, que a mi me duelen las piernas ¡- Entonces bajabamos todas la cuesta: una en el manillar, otra en los pedales, otra en el sillin y dos en el portaequipajes: una sentada y la otra, por detras de la primera, de pie en el portaequipajes. Mas adelante me enteré que nos pudimos haber matado varias veces, pero como eramos niñas no "pensabamos " en esas cosas ni conociamos a Descartes: ¿como puede morir una que no existe ?
Lo que mas me gustaba era la cesta que tenía en el manillar, una cesta en la que llevaba la compra, bueno, la traía.
- Marise – gritaba mi madre- vete por el pan y el arroz-
Zas , volvía con la compra
- ! Te has olvidado el arroz, marise , parece que lo haces a proposito ¡-
Zas ,cogia la bici y volvía con el arroz.
- ¿ mama, quieres que vuelva por algo más ? -
Es que me encantaba la bici.
Mi bici según fue llevando golpes y roturas fue siendo reforzada por un herrero que ya se jubiló y esta totalmente reforzada , hasta para llevar los aperos de labranza y aunque no hizo falta, se le pudo poner un arado. que yo se que lo de tengo un tractor amarillo venia por una bici como la mia

Bueno, ignocente yo de los últimos acontecimientos, decidí darle vida de nuevo a mi bici y salir a dar unas vueltas en ella por el pueblo, por que como Quasimodo y yo estamos destinados el uno para el otro, que se le vea un poco de voluntad al destino y facilite un poco las cosas, para que Quasimodo me vea vulnerando los limites de la velocidad o la gravedad y me dé el alto en carretera o me rescate, conduciendome despues, hasta mi casa, agarrada a la ventanilla del coche municipal ...
Y yendo por el centro, al adelantar el coche del hijo de la concejala, .- Mira que tambien era casualidad que fuera pasar el hijo de la concejala- yo no se como hice que fui a caer en el mismo sitio y del mismo modo que Quasimodo, Yo, no es que tenga sobrepeso, que yo siempre fui así, pero el capó de ese coche no era de metal, sino de una sabana pintada de color metalico y me hundí dentro de las entrañas del coche, de espaldas, clavandome la batería en los riñones y dándome con el codo en el motor de arranque que me dió un calambrazo que yo creí que me accidentaba de verdad.
No sabía yo al chico, si darle las gracias diciendole que una simple chaqueta en el suelo hubiera bastado, o si quería ponerle una denuncia por no tener un capó apropiado en el que rebota la gente y cae suavemente sentada en la acera...
Con el accidente se concentró enseguida un monton de gente y hasta las autoridades locales vinieron rapidamente por si había fotos. Y se formó allí, con los presentes, bando de unos y bando de otros. Ya estaba llegando a la conversación del populacho, de que allí, en el ayuntamiento, el centro del pueblo no debia haber terminado en una curva a la derecha sino en una curva a la izquierda ... que para salvar mas escandalos, el alcalde prometió que harían un estudio para poner un carril bici donde se permita exclusivamente el tránsito de bicicletas o un carril en la vía publica señalizado apropiadamente para los ciclistas. Por que marise y los coches no podían circular por el mismo sitio

Esa noche, la concejala, pensando en la afrenta cometida con su hijo, le resultaba imposible dormir y se acordó de una vieja historia: Como dos vecinos no se ponían de acuerdo con las ovejas que tenían llamaron al juez de paz y este después de contar ciento ochenta ovejas dijo- hay ciento ochenta ovejas, dividido entre dos tocan a cuarenta cada uno. Ambos aplaudieron la claridad con que se había arreglado la disputa y se abrazaron fuertemente por haber recuperado su amistad.
Y la concejala empezó a contar mentalmente hasta cien, las ovejas que habían restado: Una ovejita, dos ovejitas, tres ovejitas …


continuará

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