lunes, 19 de septiembre de 2011

la motocicleta y el ser humano 08

Ya llegaba a medianoche la solfa en la catacumba enológica. El tio Avelino y la mayoría de los presentes pensaban ya en regresar a sus casas, cuando llegó el padre de los gemelos a la cantina para la misa nocturna. Según entró los presentes le hicieron los honores convidandole a tomar un vaso de vino y como gente educada, esperaron a que mojara, o remojara el gaznate. No tardó mucho en comenzar hablar. Empezó a contar que por la tarde había recogido su motocicleta del taller de Xán el cangrejo, llamado así por que aparecía con la batería y las pinzas de los bornes cuando había que arrancar algún tractor. Una vez salió del taller había decidido dar una vuelta para probar la moto sometiéndose a la prueba de resistencia, conductor y motocicleta, para ver si regresaba en buenas condiciones, haciendo el recorrido más largo a su casa. - De uno de estos periplos, antes de llegar a casa para saludar el nacimiento de medio día en la cama, en que mis vecinos podían llegar a echarse cientos de kilómetros, en un radio de ocho a doce kilómetros alrededor del domicilio habitual y echarse de uno a varios dias antes de llegar a casa. Se decía, haciendo burla cariñosa de la simbiosis entre hombre y motocicleta, que a un vecino le estaba esperando su mujer con la puerta de la casa abierta, después de pasar por el suelo la fregona-escoba mopa para el polvo, que le había comprado a un viajante que vino el día anterior a casa; les dijo : - Entrar, pero pisar en las hojas del periódico y no hagaís mucho ruido que aún hay alguien durmiendo.
A mi me hubiera gustado saber andar en motocicleta alcanzando ese equilibrio entre ser humano y maquina, pero cuando a escondidas de mi padre se me ocurrió probar su motocicleta, la moto arrancó de repente y yo con el susto me agarre fuertemente al manillar, saliendo disparada y estampándome contra el muro dentro del garaje. Menos mal, por que si hubiera estado fuera de casa seguro que hubiera empezado ese periplo zigzagueante acabando en el océano y aún hoy no se sabría nada de mi.
Por suerte, ese día de una vez al año, no me tocaba riña. Mi padre que la noche anterior había salido de periplo pensó que le había dado él a la motocicleta algún “ toque “ de regreso a casa y mi madre, acostumbrada a las derramas por ese hecho, dió por hecho así fuera.
El padre de los gemelos contó que regresando por la parte del camino, que ataja del pueblo del puerto para aquí, se encontró en medio de la carretera una señora toda vestido de negro, o eso parecía en la obscuridad de la noche, y tratando de evitarla estuvo apunto de quedar con la moto en la cuneta. Apenas la vió cuando se apagó la luz del foco al detenerse la moto. Sus cabellos parecían algas y sus ojos, como los ojos de los gatos, brillaban con un color verde frio. La señora miró para el y hecho a correr ladera abajo, perdiendose en el bosque del acantilado.
Alguno de los presentes preguntó si el encuentro había sido cerca de las piedras que hablan .
Se guardó un rato en silencio, hasta que alguien pidió que se volviera e llenar los vasos de nuevo.
Después , se fue reanudando la tertulia. La historia del globo de papel no dió mucho juego por que no era una historia mundana sino aerostática y los principios parecían escapar de la mente de los presentes. La tertulia, con sus mejores burlas, derivó en seguida al experimento de la granja del tío Avelino, que era mas terrenal y por que eramos mas conocidos su personajes; comentandose que se podía esperar cualquier cosa del resultado:
que Quasimodo castrase el gallo para que cantara mejor los trinos, alcanzando las mas altas notas del bel canto; que por culpa de esa Teles se podría esperar una rebelión femenina en la granja y acabase el gallo empollando una montaña de huevos mientras las gallinas daban la matineé;
o simplemente, que arreglásemos el gallo para que diera las horas como el cuco.

Y después de hundirse imaginariamente, varias veces el globo de papel en la bacanal liquida. el padre de los gemelos contar que había encontrado una señora negra con una melena larga que parecían algas o ramas llenas de hojas de sauce llorón, y un repaso a la plebe:

bajo una noche estrellada y fría, antes del amanecer, salieron todos del tabernáculo y marcharon cada uno para su casa.
El tio Avelino después de llegar con el tractor para su casa , estaba evacuando apoyado en un arbol mirando para donde nace el sol viendo el amanecer. A medida que se marchaba la noche volvían los colores a la tierra , el verde la hierba, el azul del cielo, el amarillo de las flores... tenía hambre ,
A esa hora era cuando habitualmente se levantaba y desayunaba. Pensó en ir al gallinero para ir recoger unos huevos recientes, y hacerse unos buenos huevos fritos con unas lonchas de panceta. Se fue para el corral a buscar huevos para el desayuno y se encontró con gran entusiasmo que, a lo que venía siendo habitual, había media docena de huevos más. Le vino a la mente lo del experimento de las gallinas, y exclamó:
! Carajo de rapaces ¡ -

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