lunes, 6 de febrero de 2012

La paz os dejo, mi paz os doy - sor rebelde 7


Fue un día de colegio, uno de estos que por algún motivo nos habían llevado a todas a misa. Ya estaba entrada la misa cuando nos vimos atacadas por una plaga de pulgas.
No es muy claro que las pulgas no fueran de fantasía, por que las veía hasta yo con lo miope que soy. Fuera como fuese las pulgas, unas y otras, pican igual y su picor es tan contagioso que te pica una pulga, aunque sea de fantasía, y acabamos rascándonos todas.
Ya nos habíamos rascado lo suficiente en la misa y como me veía con  todas castigada por el baile de las pulgas.
En ese momento se oía al que oficiaba desde el altar: - Señor Jesucristo que dijiste a tus apóstoles: La paz os dejo, mi paz os doy, no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos-.
Le dije a la compañera que estaba delante, con voz muy bajita : que nos iban a castigar a todas como no parasemos de rascarnos. Solo fue un murmullo imperceptible.
Y todas respondieron: - Amén-
Entonces una de las monja se acercó a mi lado.
La voz desde lo alto, continuaba inflexible y monocorde: - La paz del Señor esté siempre con vosotros- .
Y en voz bajita me dijo la monja que saliese de misa castigada para el claustro.
-!Cachis¡-. Me dije para mi. La monjita tenía un oído tal que conocía a las niñas por sus murmullos
- Daos fraternalmente la paz – continuaba la misa mientras salía para el claustro.
Allí estaba, sola, en el claustro del colegio. Yo para mi decía: - vaya tontería de castigo, castigarme sin estar en misa - ,
Mientras estaba apoyada en la piedra fría, amarilla, cargada de historia, - era el único abrigo que tenía- dentro de la iglesia se oía cantar a las compañeras :
- Cordero de Dios... Cordero de Dios... Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundooooooooooo, danos la pazzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz.
Y entonces apareció la madre superiora con su vestimenta negra y su cabeza cubierta. Caminaba lentamente, en mi dirección. Lenta, sin prisas.
Era una señora mayor, grave, de mirada humilde. Cuando se acercó a mi, con voz dulce y susurrante me preguntó: -¿ marise, por que te han mandado aquí ?-
Yo traté de mostrarle mi inocencia. Lo leve que era el motivo por el que estaba castigada... balbuceando una historia exculpatoria por la que había sido castigada aquí, sin estar en misa.
La monja me escuchó y cuando terminé de hablar, sus ojos cambiaron y  me sentí abrasada por su mirada. Entonces su voz se tornó ronca y grave, pareciendo como si viniese de unas zarzas ardientes y dijo:  - ! marise, como va ser un castigo no ir a misa ¡-  Después me explicó como veía ella esto: Hoy iba estar castigada todo el día de pie en el claustro, para que me vieran bien todas mis compañeras; la segunda vez, llamarían a mis padres, para decírselo; y la tercera vez me expulsarían tres días del colegio.
- Si madre - respondí bajando la cabeza
Al acabar su voz se volvió otra vez melodiosa y bondadosa.
Ya te tengo visto, marise – me dijo - y por veces me recuerdas a una persona que conocí, pero que me entristeció mucho. Se llamaba sor rebelde y quería ser monja - después añadió - Marise, espero que no te ocurra como a ella. Que dios la castigó apartándola de su lado -.
-Reza mucho, se pía, y pide a Dios que no te pase como le ocurrió a sor rebelde-.
Y así el nombre de sor rebelde se quedó conmigo, mientras la madre continuó su caminata desapareciendo del claustro, y me acompañó durante ese día de castigo, en mi soledad y durante mucho tiempo más.
Cuando estaba castigada, en aquella edad tan difícil y confusa de marise – de aquellas quería ser mayor, misionera y rebelde- cuando estaba expulsada de clases en el claustro... sor rebelde me hacía compañía, con su libro de practicas de instrucción vocacional, invisible, silenciosa y levantaba su cabeza, me dedicaba una mirada, me sonreía y me hacia una mueca burlándose, sanando mi miedo a todas las riñas que podían caerme, y oía su voz, que me decía - marise, esa monja es una bruja y una verduga, No te preocupes que la vida se compone de eso
Finalmente sor rebelde desapareció y yo, un poquito mayor, me quedé conmigo mísma .

No hay comentarios:

Publicar un comentario

La abuela de Elisardo

Cuando llegó la abuela de Elisardo de regreso a casa, se fijó enseguida en los trabajos que había hecho su nieto durante su ausencia: h...