lunes, 23 de julio de 2012

La pesadilla 18


Los niños jugaban con la pelota en la plazoleta. El sisa, apartado de los demás, jugaba bajo la atenta mirada de marise, con un palo haciendo hoyos en la tierra de las jardineras
Su mama decía que su papa no quería ser marinero y que emigró, para hacer dinero en las minas de valencia * venezuela. Un día trabajando en la mina un derrumbe lo dejó enterrado a él y a otros mineros.
Y el sisa con un palo de madera hacía huecos en la tierra que se llenaban de hormigas; las hormigas trabajaban para limpiar la tierra caída pero él con el palo revolvía la tierra y las volvía a enterrar.
Los niños se aburrieron de jugar con la pelota y empezaron a correr unos tras los otros; las golondrinas, queriendo imitarles, surcaban el aire por la plazoleta metiéndose entre las callejas las que recorrían volando haciendo carreras como si fueran en pistas aéreas en el aire.
En la plazoleta desembocaban tres calles, en el centro de la plaza había un crucero de piedra, y terminaba con unas escalinatas separadas por unas jardineras por la que se ascendía a un camino que conducía a la vieja ermita.
Cuando apareció una señora mayor, probablemente la abuela o la tía de algunos de los niños, el juego se detuvo, finalmente les dio una peseta para golosinas y la señora marchó; no tardó en organizarse una expedición para la compra de caramelos.
Marise se acercó al sisa y le limpió un poco la tierra de los pantalones mientras le preguntaba porque no jugaba con los demás niños. El sisa con sus ojos grandes no paraba de mover el chupete queriendo decirle algo, y marise volvió a preguntarle porque un niño tan mayor andaba aún con chupete.
Fue entonces cuando el sisa se quitó el chupete y le enseñó el diente que se le movía,
Marise cogió de la mano al sisa y con su dedo le tocó el diente que se le movía y contestó al mudo silencio :
- No te preocupes, a mi cuando me cayó el diente, mi abuela me mandó que lo dejara debajo de la almohada y a la mañana siguiente descubrí que la sirena de los dientes me dejará un lazito azul y un peine anacarado de regalo.
El sisa nunca había oído hablar del hada de los dientes ni del ratoncito perez y escuchó asombrado la historia de la señora blanca con pelo largo que venía del océano por las noches a recoger los dientes de los niños para hacer collares igual que nosotros hacemos collares con las conchas y las caracolas de la playa.
Y para calmar la agitación interior de ese niño preocupado, marise le dijo que prontamente le volvería salir otro diente más grande insistiendole de manera especial en : - cuando te caiga el diente lo guardas en el pañuelo y por la noche le dejas debajo de la almohada y no te arrepentirás , ya veras como por la mañana te encuentras un regalo.
Al terminar marise lo llevó cogido de la mano para jugar al pilla, después de un rato corriendo el sisa jadeaba y tuvo que guardar el chupete en el bolsillo para poder respirar. Se pasó lo que quedaba de tarde corriendo, saltando y riendo; corría libre y veloz soñando que volaba dando largos pasos como el gato con botas.
Cuando regresaba para casa se dio de cuenta que el diente ya no le molestaba. A la noche, el sisa estaba feliz, tenía de cena huevos fritos con patatas cocidas. Su madre le miraba fijamente extrañada de la expontanea felicidad de su hijo después del silencio de los días anteriores; al percatarse el sisa levantó la mirada hacia su madre y le regaló una amplia sonrisa, entonces su madre exclamó - ! te ha caído un diente de abajo ¡ -
Entonces comprendió de repente que a pesar de sus esfuerzos para tenerlo oculto, no solo le había caído el diente sino que lo había perdido y no iba tener su regalo puso a llorar desconsoladamente .

Le contó todo a su madre como hacía días había empezado a moversele el diente y como lo había estado escondiendo todos esos días por miedo a que le riñese... Al acabar de oir la historia la madre del sisa enfadada le dio unos azotes por tonto y le mandó a la cama sin cenar.
Encerrado en su habitación el sisa se tiró encima de la cama y como no tenía su chupete se metió el pulgar en la boca en búsqueda de consuelo, y se quedó dormido, aliviado de todo el peso de estos días pasados.

* En algún momento de la noche una pesadilla le sacó momentaneamente de su sueño. Soñaba que su cama se levantaba volando y caía dentro de un camión.


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