martes, 18 de junio de 2019

la corriente del rio

Al terminar, se levantó la madre de la mesa y besó a su hijo en la cabeza como despedida de buenas noches. La hermana continuó sentada al lado de él, sin decir palabra entre los dos, viendo la tele que había en la cocina, encima del frigorífico.
Pasado un tiempo también ella se levantó y se marchó.
-Hasta mañana. Cuando te vayas deja deja recogida la mesa- sobre la mesa quedaba una botella de cerveza y las mondas de un peladillo que acababa de comer- no tardes mucho en ir a acostarte - fue su despedida.
Continuó un rato más frente al televisor; cogió la cerveza y tomó un trago; por lo general se acostaba más tarde estuviese la televisión encendida o apagada.
A veces daba vueltas alrededor de la mesa de la cocina, una mesa de nogal, donde se sentaban los tres para hacer juntos todas las comidas del día.
Cuando decidió irse para la cama, su hermana y su madre ya hacía rato que estaban dormidas.
Entró en la habitación, se quitó el albornoz que llevaba puesto y se tiró encima de la cama.
Era media noche y apenas había algún movimiento en el exterior: algún coche solitario que pasaba de vez en cuando y una hoja de periódico que arrastró el viento hasta que se detuvo, abrazando con su pequeño cuerpo, el pie del tronco de un árbol próximo a la carretera.
Llevaba más de una hora intentando dormirse pero un zumbido había aparecido poco a poco, era como si una mosca volase dando vueltas en el interior de su cabeza, impidiendole conciliar el sueño.

Decidió levantarse de la cama y empezó a dar vueltas por la habitación.
Acercó su cabeza al cristal de la ventana cerrada y miró para el exterior; la negrura de la calle estaba escasamente iluminaba por una farola de forja.
Recordó los gatitos del río.
A primera hora de la mañana, en el desayuno, su madre y su hermana le dijeron que había que hacer algo con los gatos del garaje. Eso fue todo. Cuando regresó para su habitación; se vistió para dar el paseo por el camino del río. Desde que vino de la Coruña había empezado a hacer el mismo recorrido todos los dias, una vez por la mañana y otra vez por la tarde; salía de casa y empezaba a caminar hasta que llegaba al camino del río, después continuaba, cruzaba un puente y seguía por el camino, ladera arriba, hasta llegar a una pequeña fuente de agua que por lo general estaba seca desde los meses de verano; luego daba la vuelta y regresaba. Pero antes de salir por la mañana fue primero al garaje, llevando una bolsa de plástico para coger los gatitos que la gata había dejado escondidos: estaban detrás de unas cajas de cartón, en las que habían traído pertenencias de la Coruña.
Eran siete. Los fue metiendo uno a uno en la bolsa de plástico; tenían aún sus ojos cerrados y apenas protestaron con débiles maullidos.
Salió de la casa con la bolsa en la mano y empezó a caminar. Al llegar a la altura del puente del río se acercó a la barandilla de madera y dejó caer la bolsa al agua.
Flotó como una extraña embarcación de plástico que se fue hundiendo mientras lo arrastraba la pequeña corriente del río, hasta que los gatitos se ahogaron.

mvf



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