lunes, 14 de noviembre de 2011

chinchetas de colorines 6



Empujamos las niñas hacía el concurso de los más pequeños, para los que tenían preparados entre otros juegos:  unas piñatas colgadas de unas cuerdas que había que romper con los ojos vendados y unos globos que había que explotar con unas chinchetas. Las piñatas eran unas bolsas de papel, que al romper dejaban caer chucherías de los niños: caramelos, piruletas, bombones...entre un montón de confeti.
Recogí unas chinchetas de explotar los globos para suministro de las niñas, y me guarde unas pocas en el bolso, que eran chinchetas de colorines. Mientras jugaban las niñas aprovechamos para ir buscar sitio para comer.
Para la cena , “ la paparota” , se había montado una estructura de aluminio que sostenía un enorme toldo. En el espacio interior, que quedaba cubierto por la infraestructura, tenían colocadas una treintena de mesas puestas en hileras, que quedaban distribuidas a lo largo de un pasillo central; a los lados de cada mesa había un banco en el que se podían sentar entre ocho o diez personas. Osea que en total había capacidad para unas quinientas personas a cubierto.
Las mesas, y sus bancos a cada lado, estaban montadas en filas paralelas, de manera que entre las personas sentadas en los bancos de distintas mesas, quedaba un espacio, entre espalda y espalda de unos veinte centímetros que permitía que se pudiera circular entre las personas.  a lo largo de las hileras de las mesas.
Cogimos una mesa completa para nosotras, que entre niños y adultos llegábamos a la docena , - contando a parte con otras personas que venir a sentarse con nosotras para comer -. Arrimados a la esquina de la infraestructura.
Desde allí podíamos ver el palco, con los músicos que llevaban taladrando sus solfas, desde que finalizó el concurso de poesía vacuno.
Cuando ya teníamos elegido el sitio Ligia marchó a buscar a las niñas.
Yo me fijaba en que Teles estaba intranquila mirando para la multitud como si esperase algo o a alguien, y me decía para mi:
- Marise, esta está pendiente de Quasimodo.-
Se hizo un silencio. Los músicos bajaron del palco y subieron las autoridades.
Despues de unas presentaciones, empezaron las intervenciones de los nuevos vocalistas.
- Desde aquí se oían con megafonía, las palabras que nos regalaban desde el palco.
Se dio paso a la principal de las autoridades a quien cortésmente se le pidió que nos dedicase unas pocas palabras.
Nos dedicó un discurso con voz de otorrino:
“…. … hay que hacer un estudio que refleje el buen estado de salud de la existencia de nuestro tejido industrial...  hay que llegar a fomentar la aplicacion de las políticas que alcancen el grado significativo ...  hay que aplicar nuevas medidas que aumenten la mejora de la economía consolidando la tendencia del mercado para lograr el  aumento de la demanda de trabajo   .... hay que reducir el paro  .... para ello hay que reformar el mercado de trabajo  aumentando la jornada,  rebajando los salarios  y abaratando el despido ...   pudiendo llegar asi a mejorar la salud de los indicadores de desempleo … “

Mi mente se va al infinito, cuando oigo esas voces de otorrino. Con esos tiempos verbales que usan de acciones inempezadas o inacabadas. Con esos discursos cargados de palabras habilitadas para cultivar la esperanza de personas inocentes, ingenuas, bondadosas. Personas que ponen ladrillos, o cuidan vacas ,que aran el campo o salen a pescar al océano,  que conducen vehículos, venden pescado o sirven copas...  Personas inabarcables de enumerar escribiendo aquí sus nombre. Personas que ellos y sus familias son el pueblo chico. " El Pueblo con Mayúsculas". Personas que solo quieren pan, trabajo y una racion de pulpo, y escuchan a personas improductivas como los políticos, por que tienen la educación de escuchar al que habla.
Y mientras hablaba desde el palco, el orador levantaba las manos, y las giraba desde la muñeca, invitándonos a entender que con el estábamos a buen recaudo. Aunque aquí, desde lo lejos, también se podía entender que se sacudía el polvo con todos nosotros.
Cuando escucho esas voces de otorrinos se me va la mente al infinito, y desde el infinito, marise toma el mando del gran control del mayor tom, y está pendiente de las sobrinas de teles, de mi madre, de mi padre, de su amigo Anselmo, del marido de ligia ,de la concejala, de Teles y de Quasimodo...


De repente un timbre se escuchó en mi cabeza, como esos timbrazos de clases, que te despertaban de la dormida, señalándote la hora del recreo y con el que todo el mundo recuperaba la consciencia.
- ¡¡¡ La chaqueta de la concejala, esta noche duerme en el océano, que va rio abajo!!! -
Próximo a nosotras se había acercado xil que estaba convidado por mi padre para que comiésemos todos juntos.
Yo me dije para mi: - Que horror. ¿ Y si se compra una chaqueta nueva y ahora no la reconocemos ?.-



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