lunes, 21 de noviembre de 2011

un personaje de novela 7



Después de un buen rato pendiente de que le dieran el premio a mi padre, con la tardanza empecé a preocuparme y asaltandome dudas:
¿ Porque tardaran tanto?. ¿ Será por la sensibilidad de la entrega del premio o por que tenían que arreglar la copa cambiando el nombre del ganador del concurso ?. ¿ O por que se les está ocurriendo alguna maldad ?.
Llegue incluso a preguntarme si le llegarían a entregar el premio
¿ Pero como no le iban dar el premio a mi padre, si no se puede discriminar a uno por su edad religión o color... ?
Antes de que la arenga del palco me vencieran el musculo del oído, Terminaron  los oradores y se despidieron.
Al acabar las actuaciones, mientras bajaban los representantes políticos, quedaban en el palco únicamente la concejala y la persona que hablaba desde el micrófono: dijeron el nombre de mi padre para que subiese a recoger el premio.
Al oír su nombre, me dije para mi :- ! Papa. Cuanto te quiero ¡ -.
Mi padre ascendió por unas escaleras que tenían para subir los músicos a los lados del palco.
Con las mangas de la camisa arremangadas, y el cuello desabrochado para lucir bien , la medalla o alzar el trofeo del premio.
Se acercó mi padre a la concejala, mientras ella se cuidaba bien , alejándosele, de conservar las distancias que lo separaban de él . Una voz lo proclamó como ganador del concurso.

...Y el premio concedido es … “ un colchon de matrimonio, donado por el señor alcalde, de la ferretería del señor alcalde... Alcaldeeeeeeeeeeeeee …. “
El publico, mis convecinos, aplaudieron rabiosamente por la enorme distinción del premio. Mientras se veía que el colchon quería ascender al palco, cargado con dificultad por los operarios del ayuntamiento.
Había sido maldad. La maldad residía en lo sibilina que había sido la concejala con la elección del premio. De tal manera que al dar el premio conseguía que mi padre y hasta nosotras, nos viéramos obligadas a regresar a casa para llevar el premio; por que no íbamos a estar cargando con un colchon por la fiesta, con tanta gente
Ya me veía, bajo las miradas de fuego de mi madre, que tendríamos que regresar a casa con el premio a cuestas...
Pero nada mas lejos de lo obvio.
Muy lejos de picar el anzuelo, mi padre le estampó, en señal de agradecimiento, un beso a la concejala en toda la mejilla, que le subió todos los colores - ¿ Efecto del color rojo de la mercromina sobre un fondo azul ? -. La concejala quedó con cara de estupor , cuando mi padre le soltó que tenía que mostrar el premio a los vecinos y que le ayudasen a llevarlo a la fiesta .
Los operarios, que estaban atascados a mitad del camino de la ascensión del colchon por las escaleras, tratando de evitar de no caer al suelo, aprovecharon la ocasión para no subirlo, haciendo caso omiso de las miradas avinagradas de la concejala; toda roja por la ofensa del color y por ver sus planes desbaratados. Y ahí venían todos, mi padre, los operarios con el colchón, y Quasimodo, que venía apartando a la gente para que dieran paso al aparatoso bulto.

Tratamos de meter el colchón entre banco y banco, como si hubiera miedo de que nos lo fueran a robar. Finalmente mi padre lo empujo para la parte de fuera y lo dejo tirado en el suelo para que las niñas se sentasen o se tumbasen en el colchón si querían.

Ya al terminar, mientras se despedía de mi padre de los operarios y de Quasimodo , empezamos a sentarnos en los bancos de la mesa : “· y en ese momento Marise, aprovechó para demostrar lo que es capaz de dar de si “. En fracciones de segundo, justamente antes de que se sentase Teles, le puse en el banco una de las chinchetas que me había guardado, y al sentarse y clavarlo en sus reales posaderas, se levantó furibunda, dando un brinco por el dolor producido por la herida en su trasero. Y al encontrarse a Quasimodo de su lado, confundida, le arreo un bofetón en toda la cara.
Quasimodo se puso livido. Dio media vuelta y marchó sin decir nada.
En ese momento supe que se habían acabado todas las posibilidades de éxito del hechizo de los ojos de sirena de teles y que el destino rodaba de nuevo por la senda apropiada.
Mientras veía meterse entre las gentes de la fiesta , a Quasimodo con los operarios, me dije : - Pobrecito, si es por nuestro bien -

En el palco se oía que habían dado paso de nuevo a los músicos. Se fue enfriando poco a poco el ambiente según fue evolucionando la paparotada, - comida o cena popular, en Galicia -. Después de comer, las niñas se pusieron a saltar encima del colchon, que estaba sirviendo de improvisada colchoneta de fiestas. Mi padre con sus amigos se reían de ellas.

Quien sabe tal vez alguna de las niñas, cuando sean mayor, escriba recordando cuando de pequeñita saltaba encima de un colchón en la fiesta de su pueblo y se acuerde y escriba sobre mi, convirtiéndome en un personaje de novela.
Me acerque a mi madre. Le hice un guiño, mientras las niñas saltaban en el colchon, dándole a entender con un ademan corporal de la cabeza : - Cada día somos más -.
Mi madre aprovecho ese momento de complicidad y me dijo :
- Marise , ¿ no hubiera sido mejor para las dos, que yo nunca hubiera conocido a tu padre ?
Mire para ella y le respondí: - No mama, te habrías perdido las historias venideras. -

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