martes, 11 de febrero de 2014

Abelarda en Caracas





Como había conchabado la mujer de don Sebastián con el tratante de emigrantes, a través del que se le había pagado a Abelarda  los billetes de barco para su  viaje a Venezuela, a Abelarda le estaban esperando, a su llegada en barco a Maracaibo, un hombre y una mujer en el puerto para ser llevada desde allí a Caracas; como otras muchas mujeres que iban engañadas desde Galicia, a las que se les haría pagar su billete trabajando en una casa de alterne para emigrantes.
En Caracas la llevaron a una casa de alterne que llamaban la pastora, muy famosa en aquellas tierras por su clientela casi toda ella emigrantes, y allí la dejaron y le explicaron todo dándole la sorpresa de su situación. 
Abelarda, apenas sin descansar, la noche del mismo día de su llegada la hicieron desfilar con las demás mujeres.
Pero Abelarda, encinta después de la violación de don Sebastián, había jurado que nunca más volvería a ser mujer para ningún hombre y viendo la cara aciaga de Abelarda y su estado, fue tenida como un pájaro de mal agüero por los abundantes clientes, que habían dejado sus mujeres en el otro lado del charco y buscaban saciar su sed de sexo en los lugares de alterne. Y viendo el rechazó que producía, la madame del prostíbulo le encomendó al día siguiente, que ella se encargaría de la limpieza de las habitaciones, la cocina, la lavandería...
 En el burdel, acompañado del piano, cantaba y animaba las noches un hombre afeminado. Señoriíto criollo de sexo invertido, hijo de una buena familia caraqueña sus padres vieron, animados por la madame que veía en ello una situación para recuperar su dinero invertido en Abelarda, que el casar con una gallega blanca y tener un hijo le permitiría hacer cómodamente su vida licenciosa y no soportar tanto escándalo por los vicios de su hijo. Y así con los dos se había llegado a un acuerdo: Abelarda viviría apartada de los hombres y al criollo le permitía la situación  guardar las apariencias y llevar cómodamente su vida licenciosa.
Ya llevaban casados casi dos años y la pareja era conocida en los círculos sociales. Cuando llegó el cartero y le entregó en mano una carta destinada a Abelarda.
Abelarda abrió la carta y leyó las letras. Era del administrador de don Agustín y le decía que tras la muerte de su antigua ama, la mujer de don Agustín le había dejado en herencia una casa en el pueblo y unas pocas rentas que le permitirían vivir. Y que  tenía un billete reservado en la compañía náutica que hacía el trayecto para Galicia,  en la casa de la guipuzcoana  en la Guaira.

Así que Abelarda regresó a España con su hijo a punto ya de cumplir dos años.



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