martes, 9 de septiembre de 2014

Que haces en mi cabeza marise.





- ¡Pum. Pum. Pum!
- ¿Quién es?
...
 Ah, Marise...  pasa, pasa...
 - Como te va?
 - Estaba por aquí y me dije, ahora que te has sentado delante mía te voy a contar una historia.

Tras unos días de salidas misteriosas mi padre apareció una mañana con el coche limpio; tanto que en un primer momento de sorpresa de los que vivimos con él, pensamos que había hecho un derroche de dinero y había ido al lavadero de los coches de la gasolinera y no al que hay al lado de la fuente del rio, donde se junta de cháchara;  en los días anteriores a fechas significadas como las fiestas del santo de algún pueblo, o a la misa del cabo de año de algún difunto; cuando hay más gente lavando el coche en el rio ...  y cuando está próximo el turno a su coche marcha diciendo que se le ha hecho tarde o que le acaba de surgir un imprevisto.
Nosotras no preguntamos nada por las salidas misteriosas que había estado haciendo esos días y hasta nos alegramos que saliera, por la tranquilidad que queda en la casa durante su ausencia, pero al ver el estado de limpieza del coche, que por lo menos se compró antes de que naciera yo, nos dejó bastante mosca.
- ¿Y ese coche que hay ahí fuera, de quien es?
- ¡Vaya, que milagro lavar el coche!
- ¿No nos estarás escondiendo algo?
Mi padre nos miró, y respondió -  Va haber que cerrar las ventanas de la calle que parece que comienza a hacer frio.
La cosa no quedó ahí y las preguntas continuaron, mientras improvisábamos una limpieza sorpresa alrededor de él.
 - ¿Y ese lavado de coche... es que vas de faena, o es que tienes pensado darnos una sorpresa?
- ¿Es que hay fiesta en algún sitio?

           - Voy a tener que ponerme un abrigo de invierno para estar en casa - respondió mi  padre ignorandonos.

A la hora de la comida mi madre volvió de nuevo al ataque:
- ¿Qué, nos vas... llevar a algún sitio?
- ¡Si vamos ir algún sitio avisa con tiempo que nos tenemos que arreglar!

 Nuestro acoso parecía ir haciendo mella en mi padre que ya se veía un poco aburrido 
 - ¡Dejaros las dos de pamplinas que la comida va estar fría!
  - ¿A la noche hay que prepararte la cena o tienes pensado salir tu solo... ?

Sorbiendo la cuchara de sopa - ¡Ya está fría la sopa!

La cuchara de mi madre le apuntó amenazadoramente  - Pues te levantas y calientas la sopa en el microondas y no metas el plato con la cuchara dentro, que tú ya se sabe.

Mi padre es muy obediente y por no levantarse a meter en el microondas el plato con la cuchara dentro, se termina de comer la sopa. El último sorbo de la cuchara nos avisa de que ya terminó.
Se hacen unos minutos de silencio que da tiempo a que todos acabemos nuestro plato de sopa.

Me levanto para recoger los platos hondos de la sopa y servir el segundo plato. Hay guiso de calamares con patatas cocidas, que prepara exquisitamente mi madre.
- Seguro que a ti te pico el coche de segunda mano que compró el ferreiro* herrero.
- ¿Y qué hizo con el coche que tenía que era igual que el tuyo?
- ¿No le habréis cambiado las matriculas a los coches?
-¡Otro qué es como tú!
- Menos mal que el guiso está más caliente que la sopa, ya creí que iba comer frio hoy. 
 Al oír esto, las dos quedamos pensativas y la comida discurrió sin más incidentes.
Ya sabíamos que íbamos por buen camino.




No hay comentarios:

Publicar un comentario

La frontera

Una vez que llegó el olor del zorro al fino olfato de Melquiades, este levantó su cabeza; aspiró fuertemente, llenando sus pulmones de aire ...