miércoles, 19 de noviembre de 2014

La vida natural 3



De repente un olor sorprendió el olfato del perro. Levantó la cabeza por arriba de su lomo, para mirar a su alrededor, y olisqueó el aire. Solo vio a sus dos amigas, dulces y sensibles, que continuaban comiendo en la hierba de los alrededores de la iglesia. Era un olor fresco, húmedo, dulzón, excitante... Aunque el perro era un mastín entrado en edad su sangre se llenó de juventud. No tardó en reconocerlo: era el olor de una perra en celo.
Se aupó haciéndose el remolón disimulando su excitación; pero sus dos amigas se habían percatado de que algo ocurría y le miraban inquisitivamente mientras se iban arrimando peligrosamente a un pequeño jardincito que estaba por la entrada lateral a la vicaria de la iglesia - lo que quería decir que o iba inmediatamente junto a ellas o empezarían a devorar por donde no debían.


El perro no se atrevía a ladrarles, a pesar de su actitud amenazante, por que eran sus consentidas. Así que tenía que buscar una solución sino quería permanecer a lado de ellas todo el tiempo. Entonces corrió hacia las ovejas para tranquilizarlas y hacerles ver que no pasaba nada. Se arrimó junto a ellas y las fue acercando a la pared de la iglesia, con mimos y caricias; lamiéndole los hocicos y rozando con sus cuerpos. 
Las ovejas respondieron de buena gana a las lisonjas del perro, por que dormían juntos por la noche y salvando las diferencias entre ellos hasta alguna vez le habían consentido algún capricho; y allí  con el calorcito de la piedra de la pared de la iglesia, junto al calorcito del cuerpo del mastín, al cabo de un rato se adormilaron cayendo en una profunda siesta. 

Cuando se quedaron dormidas las ovejas; el perro, decidido a seguir su olfato hasta donde le condujese, se fue apartando del cuerpo de sus amigas cuidando bien de que no se despertaran. 


 Finalmente; todo contento, saltarín y juvenil, arrancó por el camino que había seguido el cura; y guiado por su olfato, parándose alguna vez para descansar y tomar aire, acabó llegando hasta a una de las primeras casas del pueblo para descubrir al animal en celo y que no era el único que había llegado.



mvf.

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