martes, 24 de febrero de 2015

el chihuahua




Las esparraguesas eran unas vecinas muy de ir a misa, y alguien, por el porte alto y delgado de las mujeres de esta familia, les había puesto por su parecido a ese insecto, el nombre que en Galicia se le da a la mantis religiosa.  
 - La mantis cuando está al acecho con sus brazos recogidos preparada para atrapar a su presa, parece que está rezando,  y  por esa similitud se le llama mantis religiosa e incluso en algunos sitios de latinoamerica, a la mantis se le llega a llamar santateresas.

- ¡Ahora mismo me adelantas  a la esparraguesa!.

- ¡Aja! -  respondió el sobrino de la tia la rica.

El sobrino obedeció inmediatamente y piso el acelerador a fondo. El coche aumentó su velocidad recibiendo sus ocupantes un pequeño tirón contra el respaldo de los sillones.

Así empezó la carrera para alcanzar el vehiculo de la esparraguesa.

- ¡Pero que se habrá creído la esparraguesa!

Los dos coches se pegaron casi el uno con el otro. Entraron en una curva y chirriaron las ruedas de los vehículos. Al salir de la curva el coche perseguido volvió a distanciarse.

 - ¡ Pero adonde irá así, esa loca con tanta urgencia!.

El cuerpo de la tia la rica se inclinaba de un lado al otro del vehículo.

- ¡Aja!.
-  Que tanto aja, que pareces un loro que conduce como las moscas, y mírame cuando te hablo - gritó la tía la rica ofuscada, sin saber lo que decía.

El sobrino de don Sebastián ladeó la cabeza para mirar a su tía y en ese instante el coche se precipitó con sus ocupantes por un  terraplén abajo dando vueltas de campana, mientras el coche de la esparraguesa desaparecía en la siguiente curva a toda velocidad sin darse de cuenta de lo que había pasado.

En el accidente falleció el sobrino de don Sebastián mientras que la tia la rica salió vivita y coleando sin parar de echar pestes contra la esparraguesa y la afrenta que había cometido adelantandoles a toda velocidad, sin mostrarles respeto alguno.

La esparraguesa y toda su familia, enteradas de la desgracia, se acercaron enseguida a la casa de la tia la rica a su regreso del hospital para mostrar, apenadas y compungidas, disculpas por la culpa que pudieran haber tenido en el accidente, y  para ayudar en todo lo que pudiera ser durante el sepelio. Y hasta cuando se llevó al cementerio el féretro, con el cadáver del sobrino para ocupar el lugar vacío del ausentado don Sebastián, la tia la rica caminó apoyándose en el brazo de la esparraguesa.

Asistió mucha gente al entierro del sobrino de don Sebastián, y todos aplaudieron mientras la tia la rica lloraba desconsolada, cuando se cerró el nicho de su difunto esposo.

Las esparraguesas no pararon de rezar oraciones para ayudar al alma del difunto, mientras explicaban con gran dolor el motivo por el que la fina, la más delgada de las esparraguesas, corría tan precipitadamente sin parar el coche para saludar: " que corría urgentemente al veterinario  porque se había sentado encima de su perrito esmagándole  las costillas"

Aunque mucho recen, y recen;  muy inocente no son las esparraguesas. Por que  hay que ver a quien se le ocurre comprar el sillón del mismo color, marrón rojizo, que su perro chihuahua.



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