viernes, 27 de julio de 2018

La resaca.

Después de tocar en el campo de la iglesia, Max regresó con su amigo al lugar donde había pasado la noche. Al llegar ya no encontraron a nadie, hacía rato que los que habían quedado allí se habían despertado y marchado; pero hasta donde estaban llegaba el ruido distante de alguien que golpeaba de manera ritmica en la corteza de un árbol, y  como si fuera una señal que les llamara se dirigieron en esa direcciòn. Tuvieron que vadear el rio y a medida que se aproximaban al lugar de donde provenían los golpes, les fue llegando un olor a carne asada, que recordó a sus estomagos lo vacios que estaban, y entonces empezaron a oir las voces de sus compañeros. Cuando llegaron descubrieron que sus amigos habían robado un cordero, como pago de sus servicios gratuitos por haber amenizado con su presencia la fiesta del dia anterior; y después de desollarlo y asarlo encima de las brasas de una hoguera, lo estaban devorando avidamente. 
Y así que estos les vieron llegar les alzaron una bota de vino en señal de amistad, invitandoles a que comieran con ellos lo poco que quedaba.
El tamborilero, no se sabe si por que era hombre de poco apetito o por que se había saciado antes, con el remordimiento de los balidos que diera el animal, pidiendo socorro, al ver próxima su muerte; continuaba dando golpes, percutiendo con sus baquetas de tambor en el tronco del árbol, haciendo bailar con su ritmo los pies de los presentes mientras comían y bebían sentados en el suelo.
Al mediodía ya no quedaba nada más que comer del festín que se habían regalado y antes de que algún vecino del lugar viniese a preguntar por el paradero del cordero, ofrendado al hambre que moraba en sus estomagos vacios, se despidieron, dandose cita en las próximas fiestas y ferias venideras e invitando a Max a que fuese a ellas para tocar juntos, y al final cada uno marchó para su lugar.

mvf.

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