jueves, 9 de agosto de 2018

La noche

Hacia cinco dias que Max había regresado al molino con su madre y continuó encargandose de la molienda y las labores del campo, sin que entre los dos mediase ninguna palabra sobre su escapada. Pero la madre sabía que su hijo estaba despertando a la vida y aunque hubiera regresado al molino, de un momento a otro, volvería a desaparecer.
No tardó en ocurrir lo que la madre fingía ignorar delante de su hijo y una mañana Max regresó al pueblo para enterarse de quien era la joven que había visto el día de la procesión y que se había adueñado de su pensamiento.
La joven se llamaba Laura y vivía a solas con su madre, en una de las casas a las afueras del pueblo, pues su padre había desaparecido sin dejar rastro cuando los republicanos habían perdido la guerra. 
Trás enterarse del paradero de la joven Max estuvo merodeando por las inmediaciones del pueblo, esperando que anocheciera, y entonces se dirigió a la casa de la joven con la intención de tocar bajo su habitación y hacerla asomar a la ventana para volverla a ver.
La casa estaba próxima al rio y era una vivienda de dos plantas,  con una balconada desde la que se podía ver la gente que pasaba por el camino, delante de ella, que venía del puente para ir al pueblo o la que gente venía de regreso para sus casas al otro lado del rio; sus paredes estaban pintadas con cal de blanco, con algunos desconchones que dejaban ver su construcción de piedra; tenía cerca de ella un roble centenario que daba sombra durante el día a uno de los lados de la vivienda; a la entrada de la casa se cuidaba con esmero un modesto jardincillo lleno de geranios y malvas reales; por la parte de atras la casa tenía una finca con árboles frutales y una huerta fertil llena de hortalizas que se extendía hasta la orilla del rio.

Max amparandose en la obscuridad se escondió entre los arboles cercanos a una de las ventanas donde suponía que estaba la habitación de la joven que lo tenía encandilado. Allí sacó la gaita de su petate y cuando la Luna llena iluminaba la noche estrellada empezó a tocar.
No pasó inadvertido el embeleso de su gaita enamorada, tras sonar las primeras notas, y la ventana como había previsto se abrió al oirse la musica, pero en vez de asomar la joven, como esperaba, asomó la silueta negra recortada en el fondo de luz de la habitación de un hombre armado con una escopeta de perdigones, preguntando quien era el que entrada la noche tocaba en la oscuridad despertando a los de la casa.
Y dicho esto, sin mediar más palabra, el hombre disparó dos cartuchazos en la obscuridad.
Al oir los tiros y los golpes que los perdigones dieron por encima de su cabeza, en las ramas de los árboles, Max se asustó y para defenderse, instintivamente cogió una piedra en el suelo lanzandosela al hombre con tal buena puntería y mala fortuna que la piedra, después de volar en el aire, terminó dando de lleno contra la frente de este, produciendo un ruido sordo en ella, y el hombre cayó desplomandose en el suelo de la habitación.
Entonces se empezaron a oir los gritos que las dos mujeres daban en el interior de la casa y Max supo en ese momento que algo tragico había ocurrido.

 mvf

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