lunes, 29 de octubre de 2012

La abuela de los de la labrada 3




Con el cambio de la hora hay mucha gente que no se da aclarado, y pasa unos días si la aguja de las horas del reloj para aquí o la aguja allí; otras no le dan ninguna importancia, o ni se enteran,  hasta que llega el día después y alguien les dice  : - ¿ Marise como te levantas a las siete de la mañana ? .
O bien : - Ya sale tu padre tomar unos vinos con los amigos, ya veras cuando no encuentre a nadie y  se entere que son las tres de la tarde - .
Yo no entiendo porque tienen que andar cambiando la hora, para que después la gente ande los días siguientes descolocada, o malhumorada.

La noche del cambio de hora la compartí con el reloj de la habitación de mis padres, con su cordial y sincero y odioso ... tas, tas, tas ...tas, tas, tas .... tas, tas, tas ...* ya le llamó el yunque del platero.
El reloj se lo regalaron a mi madre. el día que acompañó a mi padre , que es el que está algo sordo, a comprar el pinganillo a la tienda después de conseguirse que fuera a visitar al otorrino.
Mi padre, a parte de la natural sordera masculina a oír lo que se habla sobre las tareas de la casa, siempre hablaba a gritos para que la gente le oyese, y bastaba con oír el claxon del coche, que se hizo instalar en el vehiculo porque pensaba que los demás no le oían, para sospechar que algo iba mal. - es curioso que las personas con audición reducida piensen que los duros de oídos son los demás - .

Por la mañana, cuando me levanté muy malhumorada por el cambio de la hora, decidí hacer algo con el reloj, y se lo expuse a mi madre : - el caso es que esta noche que se atrasaba la hora, con el ruido del reloj, estuve desvelada una hora más .
Entonces fue cuando, entre el amor maternal al reloj o a mi, mi madre accedió a que retirase el reloj de la pared de su habitación, no sin añadir: - pero el reloj funciona marise. algún oficio habrá que buscarle.

La abuela de los labrada había salido de su casa con un carrito de la compra, en donde había metido una poca ropa suficiente para unos días, y sus pendientes de soltera. Llevaba sobre la cabeza, un gorro de plástico marrón oscuro, con alas, del que sobresalía su pelo canoso, que se complementaba con una vieja gabardina oscura y unas botas de aguas. Y mientras tiraba del carrito, y subía por la cuesta del camino, que lleva a la carretera general, dejando atrás la casa, la vaca de los de la labrada que pacía alegremente en un prado, al ver que la anciana iba camino de desaparecer al dar la curva de la cuesta en dirección a la carretera, le dirigió un largo mugido pareciendo querer decir que también quería marcharse con ella.

Al mediodía la abuela de los de la labrada pasó por delante de mi casa y justo me pilló cuando estaba colgando el reloj de la habitación de mi madre, en la huerta,  para que los pájaros no me comieran los membrillos .
- Hola marise - , me dí la vuelta al oír su voz.
Sorprendida, dejé lo que estaba haciendo y me acerque a ella, le dí un abrazó y unos besos, y  me di cuenta que  venía algo malhumorada, lo cual pensé que sería por el cambio de la hora.
- ¿ Quiere unos membrillos ? - le dije
- Gracias marise, pero venía a despedirme que me voy del pueblo, voy pedir el divorcio, que no estoy dispuesta a terminar mi vida oyendo los ronquidos del abuelo de los de la labrada.
Abrí los ojos, sorprendida ,y pensando en lo que podría ser una hora mas de ronquidos por la noche,  sin darle tiempo a que reaccionase ni a que rechazase la invitación,  me puse a gritar:
- ¡ Mamaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa. Mamaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa !
¡ La abuela de los de la labrada que viene a tomar el café !.

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