jueves, 13 de junio de 2013

Una nueva aventura del sisa





Del sisa todo el mundo decía que su madre había conocido a su difunto padre en Venezuela; que era albañil o minero, no se sabe. Algunos que presumían de mas cercanos de la familia decían que recitaba poesías en un club de aficionados, donde trabajaba su madre de camarera y se habían conocido los dos; aunque ella en vez de camarera decía que había sido dependienta de una importante pasteleria de maracaibo.

La madre del sisa había marchado a la emigración, no se sabía bien por que motivo. Un buen día su madre encontró la habitación de la hija recogida y su armario vacío. La hija había marchado bien temprano sin hacer ruido, y a pesar de la tristeza todos suspiraron en la casa pensando que había sido lo mejor que había podido ocurrir.

Sin saberse muy bien de donde había conseguido el dinero para pagarse el peaje, cogió un barco con bandera argentina en el puerto de la coruña, que se llamaba Santa Rita, con rumbo a Maracaibo, en Venezuela. Mientras subía al barco a través de una pasarela; empujada por otras personas que como ella querían escapar de la miseria y la pobreza a la que estaban sometidas, lejos de su tierra; veía como desde las terrazas altas del trasatlántico la gente se despedia de sus familiares en tierra; y como las mujeres llevaban faldas lo suficientemente levantadas, que permitían ver sus pies calzados con zapatos blancos, o como con su pelo rubio platino, fumaban cigarrillos rubios como nunca ninguna osaría hacerlo en el pueblo. Fue la única vez que pensó que la libertad estaba al alcance de su mano. Después de mes y medio de viaje llegó a su destino. Durante ese tiempo solo en contadas ocasiones, como pasaje de tercera en que se les permitía subir a la cubierta para airearse las instancias de los camarotes de tercera donde se hacinaban las personas; pudo ver el cielo y el mar, el mar y el cielo.

Al cabo de dos años la madre del sisa regresó a España con el hijo para criarlo con los suyos. Nadie dijo nada. La cosa iba normal en casa de sus padres, caseros de Don Sebastián, pero no tardó en volver a querer regresar a Venezuela, donde decía que se respiraba más libre, y empezo a soñar para trabajar de nuevo en el club de poetas en el que había causado muy buena impresión; aunque ella ignoraba que al final el club había desaparecido porque en el bar prohibieron beber y recitar. No fue hasta cuando el sisa cumplió los ocho años que tomó finalmente la decisión de volver a emigrar, pero tenía que mirar quien se haría cargo de su hijo , y entonces, después de concederle sus favores, consiguió a través de Don Sebastián, que tenía muy buenas influencias con las autoridades y con el clero, en especial con el párroco de labregos, al que le llenaba la iglesia en la misa de los domingos con las gentes humildes que vivían en sus tierras, que el sisa entrase en un seminario menor. con el fin último de que cuando tuviese la edad se consagrase al sacerdocio.

El sisa, como el lector, no comprendía muy bien su situación; una mañana fue recogido por el cura de labregos en la casa de sus abuelos; y asiendo un pequeño petate que le pusieron en las manos marchó para la capital.



mvf

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