miércoles, 1 de febrero de 2017

no son como nosotros 8 Maria Gabriela




Asistían al banquete cerca de doscientas personas y mientras no llegaban los novios, que habían marchado de la iglesia para hacerse fotos al lado del mar, muchos de los invitados habían pasado ya para el comedor y se habían ido sentando agrupándose con la proximidad de sus conocidos;  otros estaban haciendo la espera bebiendo vermú u otras bebidas en la cafetería o continuaban hablando fuera, sin entrar aún.
Llegó el Seat 1500, el taxi antiguo del padre de la novia, que tantas veces había hecho el viaje a la Coruña o a otras capitales de España, llevando vecinos por motivos de trabajo o para ir ver la familia, con motivo de algún bautizo, algún hijo que había tenido que emigrar y que no podía venir a España ...; varias veces había cruzado la frontera para llevar alguna cuadrilla de gente a trabajar a Francia o para llevar de regreso algunos vecinos que habían venido a pasar las navidades con sus familiares; alguna vez, también había ido al extranjero para ir ver jugar fuera de España a la selección de fútbol.
Llegado un tiempo el coche se quedó viejo, pero el padre de la novia, en vez de mandarlo al desguace, lo había dejado en un granero, y con el paso del tiempo, un buen día se decidió a restaurarlo. Buscando piezas en los desguaces y dedicándole muchas horas de tiempo libre había conseguido repararlo cuidadosamente restaurándolo en los más mínimos detalles  y en el día de hoy había pedido a un amigo, también taxista como él, y que en alguna ocasión había participado en su restauración, que lo condujera para él en la boda de su hija.

El coche aparcó frente a la entrada principal del asador. El conductor bajó y con sus manos, con guantes blancos, abrió la puerta para que salieran del coche los novios. Al verlos los presentes, los novios fueron recibidos con aplausos y algún grito lanzado al aire.
 
- !Vivan los novios!

Venían cansados y hambrientos, y sin más dilación pasaron por entre la gente de la entrada, y se dirigieron al comedor, para ocupar sus sitios vacantes en le mesa principal. Detrás de ellos entraron también al comedor el resto de invitados que faltaban.

Una vez que los novios se sentaron, a una señal de la hija de la bruja, la dueña del negocio, y bajo su atenta mirada, seis mujeres empezaron a correr de un lugar otro para servir a los asistentes.

Una de las mujeres era Maria Gabriela, que llevaba una de las bandejas, con las vieiras al horno que salían de la cocina, para  servir a los asistentes del banquete nupcial.

Los novios estaban sentados, en la mesa de la cabecera, con sus padres a los lados. Cerca de ellos, a la cabeza de los invitados, estaba sentado el Alcalde, con el médico y el cura del pueblo; estos últimos asistían con él a cuanto acto se invitaba al Alcalde.

María Gabriela era venezolana. Era una mujer exuberante de casí un metro ochenta de altura y algo patosa para servir de camarera, aún así hacía su trabajo con la misma diligencia que  sus compañeras;  entraba y salía de la cocina con  la bandeja repleta de la comida y no tardaba en regresar en busca de más comida, llevando la bandeja vacía.

Se acabaron las Vieiras y empezaron a salir las cigalas, detrás vinieron las almejas. y durante ese trajineo, de ida y ven, muchos de los presentes varones empezaron a fijarse en María Gabrielas y a seguir con sus ojos los movimientos de María Gabriela; los hombres que habían tenido la suerte de que se acercará junto a ellos ese cuerpo de mujer para servir la comida en sus platos, esperaban ahora anhelantes para que volviera regresar con otras viandas.

Uno de los ojos que perseguían los movimientos de María Gabriela eran los del crápula del medico, que le miraba lascivamente, sin saber que desde el otro extremo de la mesa Mariví, la hermana de Roberto, irritada no le quitaba el ojo de encima.

Cuando regresó de nuevo a la mesa para servir las almejas, mientras servía en el plato del alcalde, María Gabriela se fijo en como la querían comer los ojos del medico y por una mala costumbre que había adquirido de mujer coqueta, inclinó su cuerpo un poquito de más, para que se entreviesen sus senos turgentes y dejar vislumbrar, fuera de su alcance, la belleza que tenía burlándose de las miradas lascivas del médico, y sin darse cuenta, ni poder evitarlo, la bandeja de las almejas se inclinó de tal manera que la mayor parte de su contenido resbaló cayendo encima de las piernas de Roberto.

Roberto, cuando le cayeron las almejas con su salsa encima de las piernas, se puso inmediatamente de pie dando un grito, ante la sorpresa de los asistentes que estaban sentados próximos a él.

En ese momento, bajo las miradas furibundas que le lanzaba la jefe del restaurante por lo que había hecho, a María Gabriela le entró pánico y no se le ocurrió más que abrazar a Roberto, metiendo la cabeza de nuestro alcalde entre sus pechos, para ocultar lo ocurrido, mientras le pedía perdón, entre sollozos, dándole besos en la cabeza.

Después de esto María Gabriela fue mandada que no saliese de la cocina.

El banquete continuó hasta el final, momento en que el padre de la novia, se levantó y encendió un puro delante de los asistentes en señal de satisfacción por haber casado a su hija.

Antes de marchar, Mariví mandó recado a María Gabriela para que no sufriera por el accidente ocurrido, y para que le preguntaran si querría ir a trabajar de asistenta a la casa de la bisabuela.

Y así fue como  María Gabriela pasó a formar parte de nuestra historia.


mvf. 

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