lunes, 7 de octubre de 2019

la cabra - 3melquiades

La campanera tenía una cabra, con manchas negras y rojas, mal acostumbrada, que escapaba a la huertas de los vecinos y devoraba a su antojo los brotes que hubiese, sin hacerle ascos a ningún tipo de planta del sembrado. Los hortelanos que la padecían estaban muy molestos por este hecho, pero nadie se atrevía a dar queja a la campanera: no fuera que esta, contrariada, cuando tocaba para llamar a las misas que se pagaban para los difuntos, se vengara delatando en su tañir, que este o cual difunto no había realizado ninguna de las buenas obras que decía el cura en la misa; preferían que el tañir de las campanas acompañasen las buenas obras por las que se había pagado para que se dijeran sobre el difunto en el responso, y no mostrasen alegría como cuando falleció don Sebastián el cacique que no se quería morir.

Una tarde en que el rebaño de la mujer del herrero y las ovejas de los de la labrada fueron llevadas a pastar en prados vecinos; melquiades y su hermano pastor, después de darse unos saludos, oliendose y dando vueltas alrededor uno del otro, decidieron ir a beber y mojarse, en el agua fresca y cristalina del rio, mientras los rebaños comían libremente, la hierba.

Viniendo de regreso del rio, descubrieron a la cabra de la campanera, que había escapado y estaba devorando en la huerta de una de las zarzas, y como sabían de las andanzas del animal caprino; porque tambíen la habían padecido en sus feudos y fueron reñidos por ello, acusandolos injustamente de no haber cuidado debidamente los sembrados de sus amos; los perros decidieron aprovechar la ocasión para enseñar buenos modales a la cabra. Cuando la cabra vió que se dirigían hacia ella,  intuyendo que la cosa iba para disgusto, se puso en fuga y saltando la valla de la huerta fue a parar a la carretera. Los perros, al ver el peligro que corría, decidieron aparcar para otro momento la lección que pretendían darle, y sacarla de la carretera antes de que fuera atropellada por algún vehiculo.

En un instantes los dos estaban ladrando alrededor de la cabra, para que saliese de la carretera; pero esta, sin entender que los perros, con sus ladridos, querían decirle que saliese de la carretera antes de que viniese cualquier vehiculo, trató de defenderse propinando un cabezazo a quien pillase. Pero los dos corrían dando circulos, y cuando enfilaba a uno, el compañero aparecía por el otro lado. Después de varios intentos fallidos, la cabra decidió echar a correr hacía un tractor próximo, aparcado en el arcén de la carretera, y de dos saltós se encaramó encima del techo de metal, que protege el asiento del conductor de la lluvía y el sol; desde allí, al sentirse segura, mirando con sus ojos rectangulares a los dos perros, que daban vueltas alrededor del tractor esperando que bajase, comenzó a burlarse de ellos, con sus balidos, por haber conseguido escaparse.

mvf.

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