lunes, 5 de diciembre de 2011

dedicado a los vikingos 9


Quedamos calladas un momento, oliendo en el aire el olor a pinos y escuchando el rumor de las olas.
Después de estar un rato pensativa, Ligia empezó a hablar: Yo soñé que me despertaba en la playa mientras las olas bajaban hasta la arena. Me levanté, miré a mi alrededor y me puse en marcha para regresar a a casa. Iba andando y me metí de regreso a casa por el viejo camino de los robles que llega a la playa.
Era de noche. Los perros me salían al paso. No me molestaban los perros; se arrimaban a mi y me lamían los pies. De repente me asusto un buey; se abalanzo hacia mi saliendome al paso,  pero estaba atado con cadenas y no me llegó a alcanzar.
Seguí andando y aparecieron dos perros; me aparte de ellos Uno estaba atado también como el buey, pero sentí que no trataba de hacerme daño, solo me salía al paso con los ojos medios dormido para ver quien era .
La noche era fría y apenas estaba iluminada por esa luz amarilla de las bombillas de baja potencia.
En la noche la luna brillaba llena y había un lobo que aullaba a la luna que le devolviera su sombra.*
La rama de un árbol corría por el suelo y se levantaba del camino esparciéndose en hojas.
Al cabo de un rato caminando apareció un escalinata y al subir por ella descubrí un montón de cartones en el suelo. De repente los cartones se movieron y asomaron unos jóvenes que estaban durmiendo y acababan de despertar al acercarme yo. No puedo precisar quienes eran, pero había una pareja y un joven que se quejaba del frio de la noche. Pensé que sería por la bebida que después pierdes el calor del alcohol y te queda frio el cuerpo. Me arrime a él y le trate de pasar un brazo por el hombro. El me apartó diciendo que tenía mucho frio. Le dije que solo trataba de frotarle para que entrase en calor. Volví hacerlo y esta vez, sin decirme nada, accedió. Había un plástico, y se lo puse por encima para que entrase en calor. Se mostraba agradecido cuando de repente todo cambió y estábamos en la escalera de una plaza cerca de las piedras que hablan. Había mucha gente celebrando una fiesta. Bailando, riendo .... Se oyeron gritos. Muchos gritos. Eran gritos de saludo, como se grita con alegría en las fiestas cuando aparece quien hace tiempo que no se ve. Quien venía era nuestra madre. Tenía un larga cabellera blanca y sus inconfundibles ojos verdes.
Yo corrí hacia ella y le dí un fuerte abrazo saludandola. 
Me abrazó y me apretó cariñosamente contra ella.
Nos pusimos a buscarte pero no te encontrábamos. Había mucha gente en el campo de la fiesta y tenían organizado un concurso de burros, pero no había burros, solo había un asno que tenía unas orejas largas, de color gris blanquecina. que se llamaba rucio. Nos paramos a ver si estabas allí entre tanta gente. 
Como solo había un animal, en vez de una carrera de asnos,
tenían organizado una prueba de contrarreloj a lomos del animal; pero el asno llevaba a los concursantes montados en su grupa hasta el final del camino, se paraba  y los lanzaba por el aire antes de cruzar la linea.
Llegaron dos niñas, como nosotras cuando eramos pequeñas, y se montaron en el asno. El asno se convirtió en un caballo de madera y de repente salió volando como si tuviese colocados cohetes de fuegos artificiales. Y las niñas ante la sorpresa y el regocijo de los presentes se dedicaron a perseguir perseidas por el cielo negro de la noche, montadas en su caballito, mientras dejaban una estela de estrellas que llenaban el firmamento
Después miré todo se volvió negro al mi alrededor y mama ya no estaba. Me puse triste y desperté
pero aún seguía conservando el olor de mama.
Las dos hermanas se abrazaron, y se llenaron de lagrimas; con esa lagrimas ardientes que dan calor a una y que encierran el cariño acumulado de las persona que se vuelven a reencontrar después de tiempo.
Teles, abrazando a su hermana, le dijo: - Gracias por buscarme con mama en tu sueño y no quedarte a nuestra madre para ti sola. Ahora ya se que hacer para verla. Tengo que buscar a mama en un sueño para salir de fiesta con ella, contarle mis cosas, y que vea que estoy bien. Ahora recuerda, - continuó diciendo,  mientras pasaba sus manos por la cara de Ligia, limpiandole las lagrimas-. Para otra vez lleva a mama junto a tus niñas que las vea y dile que yo también la busco. Que venga donde se celebra la fiesta de la derrota de los vikingos. Pasado el anochecer, apartada de los muros de piedra del castillo, la estaré esperando  durmiendo en un saco de dormir al pie de los robles que bajan a la playa.






Con esta entrada termina esta última serie
Próxima semana más.

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