lunes, 30 de abril de 2012

La rusa 6 .


Terminaba la riña de dos jubilados porque uno de ellos se metiera en el coche del otro, un viejo Seat 600 D, con una llave de cambiar las ruedas para quitarle el volante al coche, cuando Quasimodo llegó a la chatarrería.

El propietario del histórico vehículo, picado en su amor propio por la estima del vehículo no quedaba aún muy conforme con la explicación, después de aclararse que todo se había producido por la confusión que había tenido, el “ bárbaro “ del atentado, del histórico coche con un vehículo del desguace, pero se habían dado la mano, delante de los operarios de la chatarrería que habían corrido para evitar que llegasen a pegarse, y la discusión quedó zanjada. - Los presentes regresaban de nuevo cada cual a lo suyo-.
Nuestro amigo, al llegar bajo un tenso silencio - como cuando termina de pasar una tormenta - , se dirigió al chatarrero, un hombre viejo, calvo , y de piel ennegrecida que permanecía impasible, detrás de un destartalado mostrador - , sin levantar la cabeza de su libreta : un pequeño bloc de notas donde estaba echando cuentas.

Quasimodo le preguntó por la chatarra traída por los sobrinos del patriarca de los gitanos y le explicó la consabida retahíla : - ... que quería saber si trajeran un viejo aparato de radio que al parecer habían recogido de la propiedad de un vecino por confusión con chatarra - .
El hombre, que apuntaba pedidos en una hoja, sin levantar cabeza le señaló con el dedo para que se dirigiese a hablar con una mujer, que saltaba por una ladera de viejos trozos de hierro.
Pregunta a la rusa- , le dijo, - los gitanos siempre quieren tratar con ella - .

La rusa vestía un mono azul grisáceo, lleno de mugre y manchas de aceite. Llevaba una gorra puesta con la visera para atrás, guantes de cuero y unas aparatosas botas negras . Era una mujer alta y fuerte con pelo rubio pajizo y ojos azules grisáceos. Y mientras se le acercaba Quasimodo se había puesto a martillear un viejo reloj de pared inservible .
Quasimodo volvió a recitar el caso de la radio del tío Avelino .

La rusa, era ingeniera naval, y terminó en nuestras tierras después de ver medio mundo pedaleando para hacer el camino hasta las costas de finisterre, - la tierra del fin del mundo-. Había encontrado trabajo en la chatarrería, donde había ido para buscar piezas y arreglar su bicicleta . Por que el viejo chatarrero había sabido ver que en su cabeza cabían todas las entradas de hierros en la chatarrería . Y que esa mujer en búsqueda de chatarra , en apariencia desordenada, tenía un don innato que le hacía saber donde estaba cada pieza y que se podía hacer con cada pieza, y que en su cabeza había un montón de figuras geométricas, todas ellas de tuercas, tubos, yerros, alambres … con los que se montaban enormes cuerpos antropomorfos, que a veces se podían descubrir en dibujos en servilletas caídas por el suelo o papeles del periódico con el que envolvía los bocadillos que traía para el descanso.
Al terminar de reducir al metal el viejo reloj, - diríase que lo había reducido a la materia prima del tiempo - , la rusa empezó a arrastrar un radiador de fundición con grabados, junto al cabecero de hierro de una cama.
Cuando Quasimodo acabó la retahíla del motivo de su búsqueda y preguntó por la chatarra de los gitanos y por el aparato de radio antiguo . La rusa escupió en el suelo y después de dejar el radiador, le llevó hasta una esquina donde se veían los restos de lo que antes fueran aparatos electrónicos y tirando de un viejo cable con enchufe le dijo a Quasimodo : - Cuando venir aquí ya no valer nada - .

Y así fue como los gitanos, al subir por la carretera del monte comunal próxima a las tierras del tío avelino, se encontraron la radio que había sido puesta con la emisión radiofónica de los de la diócesis, para espantar el jabalí que hacía estragos en la huerta del tío Avelino. Al estar apagada no vieron en ella más que un aparato viejo e inútil que tiraron encima del camión entre los hierros viejos de un somier, una nevera, una lavadora , potas abolladas … y así fue como la religiosa radio, muda de denuncia contra la avaricia y la usura que deja los padres sin trabajo y las familias sin hogar, dentro de ella se llevó a los comentaristas y los periodistas , los tertulianos y los políticos, los curas y los obispos … que arengan a sus oyentes metiéndoles miedo y espantándoles, dando con todos ellos en la chatarrería

La rusa llevó a Quasimodo a un apartado donde tenían varios aparatos antiguos. Aquellos aparatos de válvulas de vacío y madera .
 - Estos aparatos de radio estar llenos de historia – le dijo la rusa
Quasimodo perplejo se fijó en una  vieja radio antigua shaub-lorenz igualita que la que recordaba de casa de su abuelo y le vino a la mente una voz que oía de pequeñito en su casa : - ¡ Aquí radio Radio París... ! -

Cuando los caseros que vivían en las tierras de Don Sebastian se juntaban alrededor de la cocina de leña, ante una copita de licor café para calentarse del frio del invierno, a veces en voz baja llegaban hablar sobre las injusticias y miserias que padecían y se atrevían a decir : - “ algún día, estas tierras en las que han vivido nuestros antepasados desde que la memoria alcanza serán por justicia nuestra “-
- vendrá un tiempo en que todos los hombre podrán disfrutar del trabajo que hagan y llevar una vida digna-
- Que cosas dices - respondía uno con miedo.
y el otro añadía. - Lo dijo radio la pirenaica -

   "  ! Aquí Radio España Independiente, estación Pirenaica, la única emisora sin censura ¡ "

La rusa le miró ,y como si le hubiese leido el pensamiento, le dijo sonriendo : - Ah, español, español … - e imitando una voz radiofónica de su país gritó : - ! Aquí radio liberty la voz de la libertad ¡ -

Quasimodo decidió comprar el viejo aparato, para regalárselo al tio Avelino y compensarle por su perdida .

La rusa, acompañado de Quasimodo que la seguía corriendo detrás, llevó el viejo aparato al mostrador de la oficina de la chatarrería. Después de depositarlo cogió una maza arrimada al mostrador. Le regaló una amplia sonrisa a Quasimodo. Y marchó a vérselas con el viejo radiador de fundición que había dejado esperándole.

El hombre del bloc miró para la radio y mentalmente empezó a tasar su precio valorando el aparato y el interés que pudiera haber despertado en el comprador.

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