lunes, 17 de abril de 2017

La desaparición de María Gabriela 14




Como dijimos iban para las seis de la tarde cuando después de los cafés, los fillados* tortitas semejantes a las creppes que se hacen con maiz y huevo en una sartén untada de manteca de cerdo , las copas, y una larga tertulia la gente empezó a aburrirse y comenzaron a marchar de regreso a su casa.

Roberto, después de despedirse de todo el mundo, llegó a su casa pasada la medía tarde y al entrar se extrañó de que nadie le estuviese esperando.

Según se entraba en el interior de la casa, había un pequeño recibidor de paredes blancas; en una de las paredes colgaba un enorme espejo de nogal, en el que se podía verse uno de cuerpo entero como iba conjuntado con la vestimenta, antes de salir.
En el interior del espejo se podía ver la pared de enfrente y un tresillo blanco con cojines de rayas, que alternaban el verde con el color marrón acaramelado de la tela; al lado del tresillo una pequeña mesa ovalada sobre la que descansaba una lampara cromada; y junto a ella, y entre la esquina de la misma pared, la puerta. Fuera del alcance de la visión del espejo, había un perchero de color marrón.

Roberto se quitó la chaqueta y la colgó en uno de los ganchos del perchero de pie.

Llamó por su mujer.

- ¡María Gabriela!

Al no recibir respuesta; pensó que María Gabriela se habría acostado para echar una siesta y aún no se había levantado. Subió a la planta de arriba de la vivienda y entró en el dormitorio. La cama estaba hecha y su mujer no estaba allí.

- ¡María Gabriela! - gritó un par de veces, pero ahora ya más fuerte
para que pudiese oirle donde estuviese.

Continuó sin recibir respuesta; entonces Roberto se puso en lo peor y pensó que tal vez habrían raptado a su mujer para pedirle un rescate.

Subió corriendo al desván y levantó las tablas del piso, en el lugar donde tenía el escondite, para contar cuanto dinero tenía acumulado y poder pagar el rescate. Para su sorpresa allí dentro solo había un sobre blanco dejado por Maria Gabriela, con una carta en su interior.

Con sus manos temblorosas leyó lo que decía la carta:


      Roberto, cariño,
    con lo feliz que me has hecho, me parecía una injusticia
    muy  grande que te tuvieses que morir para que pudiera
    coger el dinero .

                                  
                                           María Gabriela.


lunes, 3 de abril de 2017

Martes 13, de la próxima semana.

En el ayuntamiento de Menciños hicieron coincidir la comida de despedida que se le debía a Rosendo, el conserje jubilado, con el día en que se iba emitir el reportaje que se había hecho en el pueblo, así se juntaría todos y podrán ver a Roberto y sus concejales de confianza, salir por la tele. Reservaron entonces, para ese martes, que casualmente era día trece, el restaurante del que fuera anterior alcalde vitalicio, conocido por ser el rey de los fillados*   variedad de crepes gallegas -  acepción no incorporada en la real academia gallega de la palabra fillado, pero cuyo significado esta muy extendido en la costa de la muerte. 
 
Llegó ese dia . 

A medía mañana comenzaron a aparecer en el restaurante los compañeros del jubilado a medida que empezaron a desaparecer de su trabajo en el ayuntamiento. 

Fuera estaba la patrulla de los municipales cuidando que la gente, así que iba llegando, pudiera aparcar sin problemas y no entorpeciera el trafico; velando por los asistentes o haciendo ver que el alcalde y su séquito estaba allí.

En el interior del restaurante las paredes estaban cubiertas con fotos enmarcadas en las que el rey de los fillados, que fuera el antiguo alcalde pueblo, posaba con celebridades y autoridades que por alguna razón pararon en su casa a comer los fillados y así se veía al rey de los fillados con Fidel Castro, el  rey de los fillados con Manolo Escobar, el rey de los fillados con Rosalía de Castro y el rey de los fillados con la foto de algún presidente regional que también pasó por allí y se estrechaban la mano mientras el fotógrafo, uno de sus tres hijos, inmortalizaba el momento con una cámara fotográfica.

También había colgados galardones, premios y diplomas :

Premio único y solidario del campeonato español de fillados ... al rey de los fillados. Gran escudo de la orden de la glotonería de los fillados ...

Y en lo que quedaba de desnudo de la pared, se mostraba el paso por el local de algunas eminencias poéticas y literarias, incluida la de algún nobel de la obscenidad, que atascado de glotonería en la casa del rey de los fillados, se vengó con algunas lineas que ahora yacían extendidas por las paredes cubiertas de polvo y moho, del local

Ya estaban en el segundo plato cuando el presidente de nuestro feudo regional apareció en la tvx desgranando las noticias del día. Algunos de los presentes aplaudieron para hacer ver que eran leales, pero enseguida fueron acallados por los que hacían ver que escuchaban atentamente.
El presidente era un hombre delgado con apariencia inteligente, nariz aguileña y perfil mesiánico; era tan completo que hasta algunos decían que era bisexual.

Dijo lo que dijo sin decir nada, pero por el ruido de la respiración contenida de algunos, debía poseer detrás una gran labor de gobierno. Se escuchó lo que dijo, mientras se estiraba a lo largo ahuecándose, pero no se entendió el contenido. Una cosa es que el sol salga por el este y otra cosa es que tengamos que entenderlo con la ley de la gravitación universal, por eso la política no lo da entendido el pueblo sino que queda relegada a aburridos eruditos, intelectuales y marginados.

Terminó de hablar el presidente, y el noticiero dio paso a la inauguración de una biblioteca. Ahora el presidente regional era el protagonista. Explicaba a los pobres e ignorantes, que tenían que pedir un libro prestado, como poder pedir libros prestados y llevárselos a su casa para leerlos. Aunque no salió en el noticiero de la tarde, después de la inauguración, por la tarde vinieron unos operarios con fundas de azul y guantes blancos, para recoger los libros de la recién inaugurada biblioteca y devolverlos a la biblioteca de la facultad de historia de la Universidad de Santiago, de donde fueron tomados en préstamo previamente.

Llegó el momento ansiado y salió la reportera que estuvo con su micrófono y su cámara, en Menciños para hacer el reportaje. 

La reportera aparecía en primer plano, ponía el micrófono delante del alcalde y preguntó por el motivo que los trabajadores municipales de Menciños regalaban una sonrisa a todo el mundo.

- Aja ... - respondió Roberto encogiéndose de brazos; mientras, que detrás de él, los que cubrían sus espaldas frente a la cámara, asentían sonrientes con la cabeza lo que acababan de oír, ante la reportera.

Los presentes en el restaurante, al ver a su alcalde en le tvx, aplaudieron dando gritos fervorosos.

- !Viva el alcalde¡

Pero el reportaje  continuaba y entonces volvió a salir la chica entrevistando al único concejal que había osado aparecer.

- ¡En la corporación municipal todos son del Real Madrid, menos la oposición que somos del Barcelona!

En el comedor hubo algunos abucheos y silbidos.

Y por último apareció de nuevo la reportera que se despedía de Menciños entrevistando a las mismísimas zarzas, sentadas en el banco que está enfrente del ayuntamiento, desde el que ven salir y entrar a todo el mundo el día que está el alcalde para recibir a los vecinos.

 

- Aquí venía en las fiestas patronales Manolo Escobar.
- Si, señorita, era un chico encantador, y comía en nuestra casa.
- Ahora ya no se le oye cantar como antes, como le ha dado a todo el mundo por hablar el gallego.
- ¡Si y algunos hasta no son del pueblo!


Llegó el postre, vinieron los fillados, la entrega del premio de jubilación de Rosendo: un reloj y un bolígrafo chapado en plata, las copas y los cafés. Y todo llegó a su fin.
 
 Iban para las seis de la tarde cuando terminó la fiesta de despedida del conserje.
  En la fiesta de despedida estaba el nuevo conserje, un niñato alto y rubio, que cargado de envidia preguntó a alguien en la salida:

- Y ese señor bajito que no pagó la comida quien es.
- Es el jubilado,
- Pues no lo conocía.
- Es que es muy callado.
- ¿Más que el alcalde ?


Los fillados tienen una receta secreta de doña Laura, la mujer del tabernero que por el arte culinario de su mujer, que sabía llenar el plato adecuado de los clientes que pasaban allí, llegó a alcalde; y en quien por ser mujer relegada a la cocina nadie pensó en darle un premio.
Como es obligado aquí reconocerle el merito a quien lo tiene, en su honor vamos a dejar algo de la receta secreta de como hace ella sus fillados.
El truco de doña Laura, que pone tan contentos a sus clientes, es echarle a la mezcla de harina y huevos de la casa una copita de aguardiente de hierbas anisada que ella misma prepara, macerando  una mezcla de yerbas aprendida de su abuela, entre las que se encuentran los granitos de la planta de anís, en aguardiente que compra en secreto en la comarca de Monforte de Lemos.

mvf.

domingo, 19 de marzo de 2017

La television X - 12

Los resultados de vivir con María Gabriela comenzaron enseguida a percibirse en Roberto. Dejaba ver su felicidad ante los demás; porque si antes Roberto era poco hablador, ahora, con frecuencia, sin decir palabra, esbozaba una sonrisa en la comisura de sus labios; también se notaba que cambiaba de ropa con más frecuencia que antes, a fin de cuentas se nota en como viste cualquier hombre, si hay detrás una mujer; y tenía más ganas que antes de salir antes de tiempo del trabajo para regresar a su casa.
 
En el consistorio la nueva expresión sonriente del alcalde se introdujo en la vida de los funcionarios que trabajaban allí, y ahora podían estar sin hacer nada durante más días, escuchando, a la gente que venía al ayuntamiento a interrumpir la paz del trabajo, con la misma sonrisa que mostraba el alcalde.

- Pero estás seguro que se puede ver como crece la planta ?

- Si, pero tienes que estar quieto, mirando fijamente para la planta sin moverte, para notar como crece.
- ¿Y si viene alguien?
- Le dices con la mirada que espere.

La vida en Menciños transcurría apaciblemente durante la primavera hasta que un interventor de hacienda, que había venido de la capital para supervisar las cuentas del ayuntamiento, contó a sus compañeros lo que había ocurrido en Menciños. en la cafetería donde tomaba café con sus compañeros, al lado del trabajo.


 - ¡Una morenaza muy simpática y con buenos pechos; menudo bombón se echó el alcalde de Menciños por mujer!

Su jefe un alto funcionario de libre designación, cuando oyó la historia en la cafetería donde van los de hacienda, tan pronto llegó de regreso a su despacho descolgó el
teléfono y llamó a la secretaria, de la secretaria, de la secretaria ... bueno, a alguien que escuchaba chismes para darle el chivatazo al presidente regional del partido, de lo que había escuchado, sin decir donde, del alcalde de Menciños.

El asunto llamó la atención y finalmente alguien pensó, que sería bueno para el partido, sacar un
reportaje del pueblo de Menciños en el telediario del mediodía.

Una mañana aparecieron los de la televisión en el pueblo para hacer el reportaje. Llegaron en un turismo de color blanco, con letras azules a los costados. TvX


Eran tres: la reportera, una chica de piernas bonitas; el cámara, un joven greñoso y de barbas, y el conductor del vehículo. 
 
La reportera, con su micrófono en la mano, no paraba de correr y saltar sin dejar de hacer preguntas, en una variedad dialectal del galaico-español, porque sus padres eran de las Palmas y había encontrado trabajo en la TvX gracias a que tenía una abuela gallega que viviría en cualquier pueblo de ficción, deshabitado, abandonada y feliz con sus gallinas, su huerta y su cocina de leña: que tenía unas piernas tan bonitas como ella.

  - ¡Bos dias, somos da telivision X e vimos a Menciños ... !

Con ella arrastraba  al
cámara, que la perseguía constantemente para que no se escapara del alcance del ojo de vidrio de su videocámara.

 Se presentaron en la casa consistorial y después de que el conserje preguntara por teléfono, a no se sabe quien, este les cedió el paso y los acompañó conduciéndoles por las dependencias de la casa consistorial. 


Mientras el cámara grababa las  paredes blancas, y las puertas y las mesas de madera castaño, en las que se estampaba delante la siempre presente reportera X de la TvX, esta iba regalando preguntas que no esperaba que respondiesen.

   - ¡Bos dias, somos da telivision X!. ¿ Uds. trabaja aquí ...?

La funcionaria, una joven que
no había acabado los estudios, que era hija de la de la farmacia. Sin responder nada, la miró sonriente, a ella y al cámara, y le señaló con el dedo que entrara en el despacho del alcalde.

Llegaron y entraron
en el despacho del alcalde.



Allí estaba sentado Roberto y detrás de él estaban de pie, cubriendoles las espaldas, algunos de sus más próximos en la labor de gobierno del ayuntamiento.



- Y aquí el alcalde de Menciños
 -¡Bos dias, somos da telivision X!.¿ Uds. trabaja aquí ...?
-¡Aja!
 
Y como vinieron se fueron. No sin dejar caer que el martes de la siguiente semana pasarían el reportaje por la tele, en el comarcal de las dos.


mvf. 

lunes, 13 de marzo de 2017

Primavera n.s... 11

Las temperaturas al atardecer ya habían empezado a descender,


El día de San Valentín se despertó con un sol radiante que dio un brillo especial a las mimosas que crecen a los bordes de la carretera del pueblo, cuando corre paralela a la rivera del río a la entrada del pueblo.

La mañana soleada y la sorpresa de la temperatura cálida en un día de invierno, animó a la gente a vestir con prendas ligeras para salir de casa a realizar sus compras, ir a la farmacia ...

A primera hora de la tarde, Roberto, propuso a María Gabriela salir y dar una caminata por la ribera del rio. Pasearon cogidos de la mano, los dos acaramelados, dejándose ver por las personas que habían tenido la misma idea, y ahora igual que ellos, paseaban por el malecón del rio.

Después del paseo, Roberto y María Gabriela se acercaron al bar del pueblo. Allí, aprovechando el día habían puesto unas sillas frente al bar, a modo de terracita, y alguna mesa fuera, y se sentaron a tomar algo.

Pidieron unos cafés con leche y la gente que por allí pasaba les saludaban, o se paraban con ellos para hablar de alguna cosa sin importancia.  

Al lado de ellos, una abuela explicaba a su nieta, que jugaba sentada en el suelo sin hacerle mucho caso, como podía teñir de rojo con mercromina el pelo de su vieja muñeca. 

 Los niños, corrían dando gritos, jugando al pilla.

A las seis de la tarde, se aproximaron los últimos rayos de un día adelantado a la primavera y la temperatura comenzó a descender. Los niños continuaron un rato más pero buscando el abrigo de sus casas, enseguida fue desapareciendo todo el mundo de la calle. Y así terminó la corta tarde de invierno.

 Al regresar a casa Roberto pidió a María Gabriela que subiera con él hasta el desván y allí, delante de ella, levantó las tablas del suelo y le mostró el escondite donde guardaba el dinero de los regalos que recibía por las obras que se hacían en el ayuntamiento.

Y ante los ojos atónitos de María Gabriela, Roberto le dijo:

- Si yo muriese, el dinero que hay en este escondite es tuyo para que hagas con el lo que quieras.

Ese día de San Valentín,  María Gabriela en el desván, a Roberto...


mvf.











lunes, 6 de marzo de 2017

Chimichurri No son como nosotros 10

Mariví habló con Roberto y le dijo que se dejaran ver juntos, para acallar las habladurías que pudieran surgir por la nueva situación de la pareja, y siguiendo su consejo comenzaron a dar paseos por las tardes y comenzaron a ser vistos con frecuencia, en sitios concurridos como el malecon del rio, el parque de la carballeira - robledal - donde había bancos y mesas para merendar, y a veces llegaban hasta la iglesia dando la vuelta de regreso en el crucero. Algunas veces, al terminar su paseo se sentaban a tomar algún refresco en la terracita del bar del pueblo y allí  eran saludados por la gente que pasaba. Y así al cabo del tiempo sus convecinos se mostraron comprensivos con la nueva vida de Roberto y su pareja, que era acorde con los tiempos que vivimos.


  Quien no comprendió lo que había ocurrido fue el médico del pueblo, que no acababa de explicarse el amancebamiento de Roberto con la despampanante María Gabriela. Achacaba ese misterio a la complementariedad que el ser humano encuentra en su pareja. Y así el médico, en el casino del pueblo, aprovechaba para dar conferencias sobre este tema en las tertulias que se produjeron a raíz de que María Gabriela se fuera a vivir a la casa de Roberto, y entre el arrastro y el fallo con triunfos * tute, explicaba a los que jugaban con él los cafés a una partida de cartas, que si no se parecían en nada los novios, a la larga se beneficiarían obteniendo el uno del otro lo que a cada uno le faltaba.

Cuando las zarzas, madre e hija, fueron por recetas de sus medicinas, el medico les preguntó como era la vida de María Gabriela en la casa, cuando estuvo viviendo con ellas cuidándolas. Las zarzas se mantuvieron impertérritas, como dos águilas después de comer, a las preguntas del medico. Al cabo de un buen rato dando rodeos se rindió, y después de rellenarles las recetas para sus medicinas, les preguntó si necesitaban alguna cosa más.

 La tía abuela dio un respingo en la silla y carraspeó; entonces le contó como su madre  decía haber visto por las noches al diablo en forma de mujer, con zapatos de tacones altos y vestido exclusivamente con una chaqueta de cuero ceñida a su cuerpo femenino; no se atrevía a salir de su habitación por las noches, para ir al servicio y se levantaba por las mañanas con fuertes dolores de vejiga. El médico, después de escuchar contar atentamente los delirios de la anciana le recetó a mayores un jarabe y unas vitaminas, y quedaron en que volverían a la consulta al cabo dos semanas para ver si había mejoría.
Al cabo de diez días las ancianas volvieron de nuevo por la consulta. El medico volvió de nuevo a insistir para ver si de esta dejaban escapar alguna cosa, con el fin de reavivar sus conferencias en las tertulias

- ¡Pero has fallado con triunfos el as de bastos y tenías bastos!

por que el tema, desde los paseos de la pareja habia bajadno de interes en las tertulias.



 Finalmente la tía abuela explicó como su madre fue dejando de  tener visiones nocturnas

- Seguramente era culpa de las arepas fritas que cenaban con frecuencia, cuando Maria Gabriela les cuidaba.








mvf. 

sábado, 11 de febrero de 2017

No son como nosotros 9- En la casa de la bisabuela


María Gabriela vivía en el pueblo en una casa alquilada, con otras personas originarias de Venezuela que vinieron en busca de trabajo a España, por que su país, grande y rico, se arruinó por el mismo tipo de gente avariciosa, ruin y carente de escrúpulos que tenemos aquí, y cuando le llegó el recado, aceptó gustosamente el trabajo.
Al día siguiente, de la boda de la hija del taxista, le envió la respuesta a Mariví, diciéndole que estaría encantada de coger el trabajo, y al cabo de dos días, con las pocas pertenencias que tenía, ya se había traslado a la casa de las ancianas. Allí tenía preparada para ella sola una habitación más grande que la que compartía con otra mujer, donde vivía.
Luisa Fernanda y María Gabriela eran completamente diferentes en muchas cosas. Luisa Fernanda era una mujer alta, delgada, de piel blanca y pelo rubio, y mirada fría. María Gabriela, sin ser tan alta poseía un cuerpo con exuberantes formas femeninas y pechos generosos, su pelo era negro y su piel era de un dulce color moreno que muchas mujeres de piel lechosa tratan de imitar llenando su cuerpo de bronceadores y rayos ultravioletas; y sus ojos eran limpios y estaban llenos de fraternidad. Si Luisa Fernanda tenía una voz dulce e hipnótica con la que atraía a los hombres para poder hacer con el sus caprichos, María Gabriela tenía un físico despampanante y una atracción sensual con la que conseguía igualmente que los hombres se rindieran bajo sus pies; y con este motivo se fueron produciendo roces que convirtieron en odiosa la convivencia entre las dos mujeres, en la casa de la bisabuela.
La situación empeoró cuando el argentino pidió a María Gabriela que le explicase cómo funcionaba la lavadora. 

- ¿María Gabriela, vos no pensás que la lavadora es un gran invento para media humanidad? 

Luisa Fernanda, a pesar de que era una mujer fria y calculadora, perdió su compostura y cayó en el mundo de los celos.

- ¡Vos lo dije y no me hicisteis caso. Era mejor contratar una rusa! 

La convivencia se fue agravando aún más, día tras día, hasta que después de una disputa por quien metía la ropa de Carlos Alberto en la lavadora, los argentinos revelaron que Luisa Fernanda no era la hija de Carlos Alberto, sino su amante, y dando un portazo en la puerta de la casa, dejaron las ancianas con la boca abierta, diciendo que ser marchaban de la casa que los había acogido, para regresar de vuelta a su país.

-¡ Luisa Fernanda, tan pronto como bajemos del avión en Buenos 
Aires, te voy invitar al Coca-colero a  comer un choripán con chimichurri.

La partida de Luisa Fernanda y el argentino sirvió para centrar las cosas en la casa de la bisabuela, porque María Gabriela, que acabó quedando viviendo sola con las dos ancianas, no estaba hecha para vestir santos, y al tiempo comenzó a dejarse atraer y tontear con Roberto, el único hombre, que algunas tardes venía a casa a visitar a las ancianas; y este se mostraba sensible y confiado a las lisonjas que recibía de la hembra, pues el contacto de la cara de Roberto contra sus pechos, cuando esta había apretado su cabeza contra ella, habían despertado en él sus instintos filiales. Y por detrás estaba Mariví, la hermana de Roberto que veía, en infinidad de detalles insignificantes, que estaban hechos el uno para el otro.

La intención de Mariví era buena: ella pensaba en el tercer mandato de los Menciños y no quería ver a su hermano con romances ocultos dentro de un armario. Y consiguiendo una pareja para su hermano, vio la manera de evitar que en algún momento los ojos de las madres con hijas casaderas se pusieran encima de la soltería de su hermano, y de que una rencilla de celos pudieran acabar destruyendo la unión de los Menciños.
Una de las tardes que  Roberto fue a casa de la su bisabuela,  hubo una avería en la instalación eléctrica de la casa y las ancianas al ver que iban estar sin luz hasta el día siguiente, le pidieron a Roberto que pasara la noche con ellas, porque se sentían más seguro sabiendo que había un hombre en la casa.
La planta alta de la casa tenía un largo pasillo con cinco habitaciones, un cuarto de baño grande y un servicio pequeño.
  Roberto, no teniendo costumbre de dormir fuera de su cama, no concilió el sueño y ya entrada la noche se levantó de la cama y salió de su habitación para ir al servicio; de regreso a su habitación, Roberto una persona educada y nerviosa, como eran todas iguales las puertas de las habitaciones que daban al pasillo, en la obscuridad se equivocó y entró sin querer en la habitación de María Gabriela y creyendo estar en su habitación se metió dentro de la cama.
María Gabriela despertó en medio de la noche y al encontrarse a Roberto con ella en la cama, se alegró de que hubiera un hombre en la casa y para reponerse del susto no dudo en hacerlo suyo.
.
A la mañana del día siguiente, aunque los accidentales amantes trataron de hacer ver que nada había ocurrido, todo el mundo se dio cuenta en la sonrisa que tenía la cara de Roberto en que algo había cambiado durante la noche.

- Come mi amor antes de ir al trabajo, estas arepas con mermelada que te acabo de hacer - dijo María Gabriela.

No fue un matrimonio a la vieja usanza, ni tampoco un matrimonio de conveniencia, simplemente, llegado un momento María Gabriela se fue a casa de Roberto y las zarzas dieron por bien hecho lo ocurrido.

- Cuando era joven, si me hubiera ido a vivir a la casa de un hombre sin pasar por los altares, mi padre me hubiera molido las costillas a palos - dijo una de las zarzas.

- ¡Son jóvenes y viven la vida moderna. Y no se hable más! - dijo la bisabuela.



mvf. 


miércoles, 1 de febrero de 2017

no son como nosotros 8 Maria Gabriela




Asistían al banquete cerca de doscientas personas y mientras no llegaban los novios, que habían marchado de la iglesia para hacerse fotos al lado del mar, muchos de los invitados habían pasado ya para el comedor y se habían ido sentando agrupándose con la proximidad de sus conocidos;  otros estaban haciendo la espera bebiendo vermú u otras bebidas en la cafetería o continuaban hablando fuera, sin entrar aún.
Llegó el Seat 1500, el taxi antiguo del padre de la novia, que tantas veces había hecho el viaje a la Coruña o a otras capitales de España, llevando vecinos por motivos de trabajo o para ir ver la familia, con motivo de algún bautizo, algún hijo que había tenido que emigrar y que no podía venir a España ...; varias veces había cruzado la frontera para llevar alguna cuadrilla de gente a trabajar a Francia o para llevar de regreso algunos vecinos que habían venido a pasar las navidades con sus familiares; alguna vez, también había ido al extranjero para ir ver jugar fuera de España a la selección de fútbol.
Llegado un tiempo el coche se quedó viejo, pero el padre de la novia, en vez de mandarlo al desguace, lo había dejado en un granero, y con el paso del tiempo, un buen día se decidió a restaurarlo. Buscando piezas en los desguaces y dedicándole muchas horas de tiempo libre había conseguido repararlo cuidadosamente restaurándolo en los más mínimos detalles  y en el día de hoy había pedido a un amigo, también taxista como él, y que en alguna ocasión había participado en su restauración, que lo condujera para él en la boda de su hija.

El coche aparcó frente a la entrada principal del asador. El conductor bajó y con sus manos, con guantes blancos, abrió la puerta para que salieran del coche los novios. Al verlos los presentes, los novios fueron recibidos con aplausos y algún grito lanzado al aire.
 
- !Vivan los novios!

Venían cansados y hambrientos, y sin más dilación pasaron por entre la gente de la entrada, y se dirigieron al comedor, para ocupar sus sitios vacantes en le mesa principal. Detrás de ellos entraron también al comedor el resto de invitados que faltaban.

Una vez que los novios se sentaron, a una señal de la hija de la bruja, la dueña del negocio, y bajo su atenta mirada, seis mujeres empezaron a correr de un lugar otro para servir a los asistentes.

Una de las mujeres era Maria Gabriela, que llevaba una de las bandejas, con las vieiras al horno que salían de la cocina, para  servir a los asistentes del banquete nupcial.

Los novios estaban sentados, en la mesa de la cabecera, con sus padres a los lados. Cerca de ellos, a la cabeza de los invitados, estaba sentado el Alcalde, con el médico y el cura del pueblo; estos últimos asistían con él a cuanto acto se invitaba al Alcalde.

María Gabriela era venezolana. Era una mujer exuberante de casí un metro ochenta de altura y algo patosa para servir de camarera, aún así hacía su trabajo con la misma diligencia que  sus compañeras;  entraba y salía de la cocina con  la bandeja repleta de la comida y no tardaba en regresar en busca de más comida, llevando la bandeja vacía.

Se acabaron las Vieiras y empezaron a salir las cigalas, detrás vinieron las almejas. y durante ese trajineo, de ida y ven, muchos de los presentes varones empezaron a fijarse en María Gabrielas y a seguir con sus ojos los movimientos de María Gabriela; los hombres que habían tenido la suerte de que se acercará junto a ellos ese cuerpo de mujer para servir la comida en sus platos, esperaban ahora anhelantes para que volviera regresar con otras viandas.

Uno de los ojos que perseguían los movimientos de María Gabriela eran los del crápula del medico, que le miraba lascivamente, sin saber que desde el otro extremo de la mesa Mariví, la hermana de Roberto, irritada no le quitaba el ojo de encima.

Cuando regresó de nuevo a la mesa para servir las almejas, mientras servía en el plato del alcalde, María Gabriela se fijo en como la querían comer los ojos del medico y por una mala costumbre que había adquirido de mujer coqueta, inclinó su cuerpo un poquito de más, para que se entreviesen sus senos turgentes y dejar vislumbrar, fuera de su alcance, la belleza que tenía burlándose de las miradas lascivas del médico, y sin darse cuenta, ni poder evitarlo, la bandeja de las almejas se inclinó de tal manera que la mayor parte de su contenido resbaló cayendo encima de las piernas de Roberto.

Roberto, cuando le cayeron las almejas con su salsa encima de las piernas, se puso inmediatamente de pie dando un grito, ante la sorpresa de los asistentes que estaban sentados próximos a él.

En ese momento, bajo las miradas furibundas que le lanzaba la jefe del restaurante por lo que había hecho, a María Gabriela le entró pánico y no se le ocurrió más que abrazar a Roberto, metiendo la cabeza de nuestro alcalde entre sus pechos, para ocultar lo ocurrido, mientras le pedía perdón, entre sollozos, dándole besos en la cabeza.

Después de esto María Gabriela fue mandada que no saliese de la cocina.

El banquete continuó hasta el final, momento en que el padre de la novia, se levantó y encendió un puro delante de los asistentes en señal de satisfacción por haber casado a su hija.

Antes de marchar, Mariví mandó recado a María Gabriela para que no sufriera por el accidente ocurrido, y para que le preguntaran si querría ir a trabajar de asistenta a la casa de la bisabuela.

Y así fue como  María Gabriela pasó a formar parte de nuestra historia.


mvf.