Un día alguien decidió la jubilación del autobús viejo. Entonces fue cuando se compró el autobús rojo. No se sabia cuantos años tenía aquel autobús, ni de donde había venido, ni que viajeros estuvo llevando. Se compró a un precio ventajoso y se convirtió en el nuevo autobús de nuestro ayuntamiento.
martes, 29 de enero de 2013
El autobus rojo 16
Un día alguien decidió la jubilación del autobús viejo. Entonces fue cuando se compró el autobús rojo. No se sabia cuantos años tenía aquel autobús, ni de donde había venido, ni que viajeros estuvo llevando. Se compró a un precio ventajoso y se convirtió en el nuevo autobús de nuestro ayuntamiento.
martes, 22 de enero de 2013
el piano 15
Marise : - ¿ Es el ayuntamiento ?.
Voz : - No. Soy el conserje.
Marise : - ¿ Me puede poner con protección animal ?
Conserje: - ¿ Por qué; le persigue alguna alimaña ?
Marise : - No. Es porque encontré un perro perdido.
Conserje : - Pues aquí no lo perdió nadie, que me hubieran mandado a mi ir a buscarlo.
Marise : - No digo que sea de uds, es que lo encontré en la calle y quería entregarlo para que alguien se haga cargo del pobre animalito.
Conserje: - Pero el ayuntamiento está lleno de perros y gatos, en este momento.
Marise: - Ya, pero este ha sido encontrado y quería llevarlo a la perrera.
Conserje : - ¿La perrera? Bien. Voy a tratar de pasarle desde aquí a ver si le puede atender alguien .
Marise: - Gracias.
Se hace el silencio y empieza a sonar una melodía de espera. Es un conocido adagio que suena como si fuera tocado con un dedo sobre un piano de juguete comprado en una tienda de todo a cien.
Otra voz: - ! Diga ¡.
Marise: - Buenas, es que he encontrado un perro y quería que me lo recogieran en el ayuntamiento.
Voz : - ¿Donde lo encontró ?
Marise ( piensa en decir que cerca de su casa y explicar sus señas, pero como es sobradamente conocida, cambia de opinión ): - Estaba en la carretera, cerca del desvio a la casa de los de la labrada.
Voz : - Esa carretera es de la diputación es allí donde tiene que llamar para que se hagan cargo ellos del perro.
Marise: - No estaba mismamente en la carretera; sobresalía de ella, y me parece que eso corresponde al ayuntamiento.
Voz ( contrariada con la respuesta de marise ) : - Voy a pasarle a otra dependencia a ver si le pueden atender allí.
Se hace el silencio de nuevo en el teléfono y nuevamente comienza la misma melodía. Marise, mientras escucha, piensa en alguien con una toalla a la cabeza tocando un pianillo de juguete.
Otra voz: ( está vez la voz suena joven y amable ) : - ¿ Diga ?
Marise:- Es que he encontrado un perro perdido...
Voz ( le interrumpe ) : - ¿ Esta ud segura ?. Antes debería aclarar su situación porque tenemos un modelo diferente para cada caso
Marise ( sorprendida ): - ¿ A que se refiere?
Voz : - ¿ El perro está perdido, abandonado, o extraviado ?
Marise: - ¿ Y como distingo eso ?
Voz : - Por la mirada,
Marise ( después de mirar al perro ) : - Para mi que está perdido.
Voz : - Aja, ¿ y el perro se perdió el o lo extravió su dueño ?.
Marise ( después de ver la mirada del perro ) : - Para mi que el esta extraviado.
Voz : - Señorita, ha pensado ud que podríamos estar impidiendo al perro que encuentre su camino de regreso a casa.
Marise ( con voz de sorpresa ) : - ! No ¡.
Voz : - El dueño pudiera no estar muy conforme con le pusiera una cuerda al cuello al animal y que lo traiga al ayuntamiento para que lo recojamos; el animal así no tiene posibilidad de encontrar el camino de nuevo y poder regresar a su casa.
Marise ( perpleja ) : - ! Ah … ¡
Voz (continua, aprovechándose de la perplejidad de marise) : - Incluso a pesar de sus buenas intenciones le podrían denunciar a ud por secuestro y maltrato animal, e incluso nosotros la podíamos detener por habernos traído el perro aquí .
Marise ( queda muda )
Voz ( al no oir a la persona con la que hablaba termina la conversación diciendo ) : - Mejor es que suelte al perro
Se hace el silencio en el teléfono y comienza de nuevo la musiquilla. Ahora marise se imagina a la misma persona tocando el teclado eléctrico, y decide tirarle por la toalla que se enrosca en su cuello axfisiandole.
Conserje ( recoge la llamada perdida en la centralita ) : - ¿ Diga ?
Marise : - Tengo un perro extraviado ...
Conserje : - ¿ Sigue ud ahí ?
Marise ( insiste ) : - ¿ Y que hago yo con el perro ?
Conserje: - Mejor es que suelte el perro y sino pruebe ud mañana.
Teléfono : - !Clic ¡.
.
martes, 15 de enero de 2013
El perro 14
Mi madre me dejó la nota en la mesa de la cocina, cuando ella y mi padre marcharon a enterarse de no sé que problema con un viaje a altamar y la compra que había que hacer de la imagen de un San Antonio milagrero - cojo la nota y salgó a la calle con mi bata color rosa Porriño, para comprar pescado.
- El perro estaba impertérrito, indolente, ahuecado, parecía una piel pegada en la carretera de la que asomaba una cabeza, viendo con sus ojos como la gente que esperaba su turno para comprar el pescado, había irrumpido la monotonía del momento.
Nada ocurre por que si. El estado de desidia en que se encontraba el animal, me hizo reflexionar sobre como pasaba la vida ante mis ojos sin que yo hiciera nada al respecto. Como todos saben, excepto Quasimodo, nuestro destino es el estar unidos para siempre. Aunque a veces pienso que él lo sabe y está aprovechando sus años de soltería, mirando para otras chicas que no son para él. Algo que jamás le permitiré después.
Pagué y regresé para casa. Era el momento de tomar las riendas de la
situación y poner algo de acción en el destino de Quasimodo y yo, o me vería en la misma situación que el animal.
Dejé el pescado en el fregadero de la cocina. Y fui directamente a otra parte de la casa, donde está el tendedero, para quitar una de las cuerdas en las que mi madre colgaba la ropa. La ropa podía esperar; era una oportunidad inesperada y no tenía mucho tiempo para actuar. Volví a salir a la calle y mientras me acercaba al perro, con mi bata de los días de pescado y la cuerda enrollada en la mano, miraba para los lados haciéndome la despistada, para ver si había algún testigo en la calle.
Y cuando llegué junto a él le hice un lazo al cuello con la cuerda del tendedero, y el animalito se levantó fieramente con un largo bostezo. No parecía muy molesto porque le hubiera arrancado de su trabajo vocacional, al contrario empezó a mover la cola, feliz por haber llamado la atención de alguien,
Tiré de el, y los dos marchamos en dirección al ayuntamiento .
- El perro, al ver el abundante cuerpo de Marise, dio por seguro que sus días de penurias habían terminado.
domingo, 6 de enero de 2013
cienfuegos 13
Cienfuegos de niño se escondía para que no le molestasen los demás niños y, con cualquier trozo de madera que podía encontrar, poder hacerse juguetes y figuras con formas humanas,
Y él, entre resignado y orgulloso de su habilidad, aprovechando la forma de la madera, tallaba para los otros niños: muñecos, caballitos, trampolines. Recortaba la forma, le hacia dos agujeros y por ellos entraban los ejes de las ruedas, y ya estaba hecho un coche ; espadas, tirachinas, arcos . Estrellas de mar .
Pero su verdadera especialidad eran los rostros de personas.
Pd . corregido el comienzo erroneo de la historia , lo siento.
miércoles, 2 de enero de 2013
la decisión 12
La luz del faro giraba en silencio, rotando en la obscuridad, cubriendo una amplia distancia, de noche y océano.
Esa noche en la ria Marcelino, el guardia civil, estaba de servicio patrulla. Su compañero un veterano ya entrado en años, después de tomar unos cafés fríos entre los dos, se había quedado durmiendo en el antiguo edificio que había servido durante muchos años como refugio a los pescadores.
Marcelino, no podía pegar ojo, cargado de preocupaciones por la proximidad de la fecha de su boda, en que pasaría, cogido de la mano de su suegro, a buen recaudo y vigilancia, de su futura mujer, suegra, tías de la novia … así que había cogido el coche patrulla, mientras su compañero dormía, y se había dirigido a dar una vuelta por la costa.
Ya cuando venía de regreso a recoger a su compañero, desde el coche vio el bulto que asomaba en el agua; detuvo el coche patrulla a un lado de la carretera y bajó andando hasta la playa, con el cuidado de no mojarse con las olas, para divisar mejor su descubrimiento. Había una cuerda, de las que se usaban en las bateas para criar los mejillones y al tirar de ella pudo observar como iba trazando una línea en dirección a la extraña sombra.
Marcelino fue por el vehículo y bajó con el a la playa. Ató la cuerda con el gancho del todo terreno y comenzó a tirar de ella hasta que el bulto empezó a sobresalir del agua, y aproximarse a tierra, cogiendo forma de un gigantesco cohombro marino.
Y con el agradecimiento de los salvados, ayudó a todos a regresar a su casa, pidiéndoles que tenían que hacer desaparecer de la playa el cohombro lo antes posible.
martes, 25 de diciembre de 2012
el regreso 11
y su hermano asintiendo con él, le decía haciendo alusión a la situación : - ¡ si, y ha de ser un santo bien milagrero ! -
lunes, 17 de diciembre de 2012
el viaje en el mar 10
Cuando la rusa y los hermanos de la batea estaban asentados en el interior del minisubmarino el furgo, que vigilaba lo que ocurría desde la caseta del improvisado astillero, manipuló el mecanismo que sujetaba la nave y esta, al verse libre, comenzó a moverse, deslizandose suavemente por la rampla de madera que le habían montado para que llegará al agua; y al meterse en ella se produjeron suaves ondas que se alejaron distanciándose, haciendo bailar en el agua el brillo de la luna en la ria.
Entonces cuando terminó completamente la improvisada botadura, la rusa asomó su cabeza por una escotilla, abierta en la parte superior de la nave, y haciendo señas con la mano de que todo estaba bien se despidió de él; después desaparecio dentro del minisubmarino, cerrandose la escotilla.
En un instante se escuchó el suave traqueteo, del motor de gasóleo instalado para navegar en la superficie, y la nave comenzó a moverse. Durante algunos momentos los murciélagos, en su persecución por los insectos nocturnos bajo los árboles que escondían de los ojos ajenos el improvisado embarcadero, trazaron círculos en sus vuelos teniendo como referencia la parte que asomaba de la embarcación en el agua; que iba siendo arrastrada por la salida de las aguas de la ría en la bajamar, conducida hacia el océano.
Los murcielagos y sus vuelos fueron desapareciendo a medida que la nave se alejaba de la orilla hasta que llegado un momento dejaron de oirse sus chillidos quedando la nave sola y el ruido de su motor, en la distancia.
El frio se acompañaba con el silencio de la noche.
Y la danza de las estrellas subiendo y bajando su imagen sobre el agua seguía el ritmo del vaivén de las olas.
Habían pasado dos horas desde que comenzara la aventura, y hacía rato que había desaparecido el brillo de las luces mortecinas de las primeras casas de la costa. cuando se dieron cuenta de que ya estaban en altamar.
Se silencio el motor y nuestros amigos esperaron a la hora convenida.
Al cabo de un rato pudieron ver una luz que se encendía y se apagaba, era la señal del barco que esperaban, para recoger la mercancía. Pusieron dirección hacia la luz que de paso les serviría de guía y reanudaron su viaje.
En el silencio de la noche apenas se oía el leve traqueteo del motor de la embarcación entremezclado con el ruido de agua.
Cuando ya estaban próximos y se habían acercado lo suficiente al barco, pudieron leer su nombre en la proa: el barco se llamaba la hispaniola.
Se tocaron las dos embarcaciones y una cabeza asomó desde la parte superior del casco del barco; el erizo fue el primero que asomó su cabeza por la escotilla del minisubmarino y después de darse las señas convenidas alguien les echó una cuerda para poder amarrar el minisubmarino y les lanzaron una escalera para que encaramandose por ella subieran a la cubierta de a bordo.
Una vez en el barco fueron recibidos efusivamente por la tripulación y un hombre, con un loro en su hombro izquierdo, que dijo ser el capitán, se les acercó y les saludó diciéndoles que no contaba con verles y que por lo que le habían contado sobre ellos y la idea descabellada del sumergible, esperaba que se hubieran hundido en las aguas del océano.
- Quince hombres en el cofre del muerto…
¡Ja¡ ¡Ja¡ ¡Ja¡ ¡ Y una botella de ron ¡.
Cantó el loro, garritando con su voz.
Celebrando todos, la inusitada proeza de los gallegos