martes, 5 de abril de 2011

sobre la vida y la muerte o la leyenda de samain 1º

;)


Hace muchos, muchos años,  perdido en algún lugar en los cañones del río miño, vivía un viejo borracho llamado Xil, que después de haber llenado unas garrafas de vino para llevar a la taberna del lugar, que era propiedad de un vecino suyo, se encontró con la muerte, a la salida de la bodega, esperándole sentada en las escaleras de piedra que subían a su vieja casa de piedra. Después de la gravedad de las presentaciones y consciente del motivo del encuentro, xil triste y asustado, no quería partir del mundo de los vivos, saliéndole abundantes lagrimas de dolor, al pensar en no volver a cuidar sus parras y dejar sola su bodega  – así que, mientras respondía con preguntas a las preguntas que le hacia la muerte, como diligencias previas para rellenar el cuestionario de recogida de ex-vivos. No paraba de pretextar que no podía dejar sin arreglar algunas cosas, entre ellas: llevar el vino a la taberna, por que el vino no lo iba dejar en las garrafas que se picaba; que había que dejar metidos unos troncos de leña en la cocina, y una nota escrita diciendo quien se quedaría a cargo de sus cepas;  que necesitaba dejarle comida a sus conejos y gallinas; y hasta, que no podían marchar sin pasar antes por san Andrés de Teixido, que reza la leyenda que o vas de vivo o vas de muerto.
Después de mucha insistencia, con el corazón de hombre dolido,otros tantos llantos, experto en pleitos de taberna, atinó a reclamarle que después de llevar toda una vida dedicada al oficio de vinatero, no podía partir sin tomar el último vaso en este mundo; por que el ultimo vino o copa  esta reservado por los buenos bebedores para una situación definitiva como las de esta circunstancia.- Es decir la de abandonar el mundo de los vivos para asistir al juicio que se celebra entre el cielo y la tierra sobre la vida que ha llevado el finado-.
La omisión de este detalle- siguió insistiendo Xil- podía implicar un defecto de forma en el juicio de su alma, ya que por el mismo, sería reclamado el derecho a tener tomado el ultimo vaso y no que fuera tomado este sin ser consciente de ello.
Y por último, de no ser el caso que le permitiera tomar el último vaso, tendría que permitirle llevar una garrafa o en su defecto una bota llena de vino para tomar en el otro mundo, que sin duda alguna, en dicho juicio, se le reconocería, sino el derecho a tomar un último trago de vino al menos mojar los labios, con unas gotas de vino, para explicarse.

La muerte, que traía repasada toda su vida, sopesando la responsabilidad  de no tomar las debidas medidas y la responsabilidad de que le fuese achacado a ella un requisito de forma , por que no hubiera tomado las debidas medidas; empezó a decirle que... efectivamente, que constaba que ya de pequeñito fuera metido por su abuelo en un barreño de pisar la uva, donde se había caído de bruces y fuera bautizado en el mosto recién hecho de racimos de uvas de vino mencía; que su primera borrachera la había cogido de monaguillo en la sacristía de la iglesia del pueblo... y que desde aquellas no había parado de beber.
Que era bien claro que no podría llevar ni garrafa, ni bota, ni vino alguno ...


continuará en brevedad

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