martes, 23 de noviembre de 2021

la lampara solar

Ya casi iba para un mes que mi prima y su pareja hartos de vivir en Cataluña regresaran para vivir en Galicia.

Nos veíamos con frecuencia, después de quedar por teléfono para tomar un café en el bar de la Sagrarios, al menos una vez por semana cuando hacían las compras.

La última vez que nos vimos, me pidieron que subiera con ellos para ver la casa. Acepté la invitación encantada, pues tenía curiosidad de ver como iban los arreglos, de los que no paraban de hablar en nuestros cafés. Pero no para el mismo día. Quedé de ir el viernes, por que las tarde de los viernes, si no tienes nada que hacer, se hacen eternas.

Eran sobre las cinco de la tarde cuando aparecí por allí, con un kilo de pasteles.

La casa gris y vetusta se había convertido en una casa de aspecto sencillo, con paredes blancas y ventanas de cristales transparentes, por los que entraban la luz del día.

- ¡Oh! - exclame sorprendida, al abrirse la puerta y ver el interior de la casa iluminado por la luz de la tarde.

El suelo cepillado y barnizado nuevamente, que había visto el primer día que fui con mi prima, de color gris cenizo producido por la suciedad acumulada en muchos años de abandono, había recuperado el color cálido y natural de la madera. Los viejos muebles, lijados y barnizados a mano con goma laca, también mostraban su belleza natural y destacaban sobre el blanco, de las  paredes del interior de la casa, recién pintadas, después de haber sido restauradas las grietas y agujeros que producen sobre ellas, la decadencia y el deterioro del paso del tiempo.

- ¡Que preciosidad. Que lindo os está quedando!

En el exterior de la casa, frente a la cancilla de hierro tras la que comienza el caminito para llegar andando a la vivienda, habían colocado un buzón para el cartero, hecho de madera de palés.

¡Y PARA QUE QUIEREN UN BUZÓN!

Se dijo para si el barbero, que vivía solo y no recibía noticias de nadie, cuando para ir a su trabajo pasaba por delante de la casa y vio por primera vez el buzón.

¡Y PARA QUE QUIEREN UN BUZÓN!

dijo ante su auditorio de las mañanas, en la hora en que  más gente había en la barbería.

El día del nuevo buzón, el buzón recibió sobre su lomo y sobre su única pata, por la que estaba sujeto en el suelo, la visita de pájaros, perros, gatos y hasta un erizo por la noche, y como vaticinó el barbero, no apareció ningún cartero.

Pero el cartero no tardó en aparecer dejando dentro del buzón, folletos de propaganda y un catalogo de alguna tienda de ferretería

Al cabo de unos días llegó un repartidor desconocido, que nadie había visto por el pueblo.

Ellos no estaban en casa

Traía una caja de mediano tamaño y como no había nadie el repartidor-contra reloj se acercó a la casa de los labrada.

- ¿No sé si esto estará bien. Seguro que les parecerá bien que les recoja yo su paquete?

El repartidor no estaba para perder el tiempo. Puso el paquete en los brazos del abuelo de los de la labrada y cuando este dio sus señas desapareció del lugar, volando con su furgón.

El vecino fue a la casa al verlos llegar por la tarde.

- Buenas, el cartero o quien fuese dejó este paquete en mi casa.

- Muchas gracias, es que nosotros fuimos a hacer la compra - dijo Andrés a su vecino - Es una lampara solar que estaba esperando.

- ¿ Y para que hace falta una lampara si hace sol ? - preguntó el abuelo de los labrada.

- Es lo más ecológico, se carga por el día con la luz solar y alumbra por la noche - le explicó mientras abría el paquete para enseñarle la lampara.

El vecino miró curioso para el panel de células fotoeléctricas y la lampara de led que apareció al abrirse la caja, pero la curiosidad terminó al oir un grito que le llamaban.

- Mujeres - dijo y regresó a su casa.

Al día siguiente Andrés instaló la lampara con su panel solar, en la parte de atrás de la casa y como prometía en su propaganda alumbró toda la noche con luz potente, produciendo la protesta de todos los pájaros que anidaban en las ramas de los árboles de los alrededores.


mvf.

domingo, 26 de septiembre de 2021

garbancito

-¡ Hola Garbancito !- dijo la chica de la tienda cuando lo vio entrar; pero Garbancito, sin pararse, ya iba para el interior del supermercado con un cesto en la mano.
-¡Hola, Elvira! -  se oyó, cuando empezó a buscar  entre las estanterías del supermercado. 

Una botella de vino tinto. Todas las noches, a la cena, tomaba un vasito de vino, o dos.

Arroz. Un kilo de arroz redondo. Mañana pensaba hacer arroz blanco con una latita de mejillones por encima, cuando estuviese en su punto.

Pan. Una hogaza grande de medio kilo. 

Tanteo las tres bollas de pan que quedaban en un mueble de estanterías, al lado de las harinas. Quería que no estuviese muy blando, porque era señal de que estaba poco hecho. Después de varios tanteos, finalmente se decidió por una bolla que metió en su cesto. Ahora, para completar la lista de la compra, le faltaba que meter dentro del pan.

 
- ¡Niña. Cuando puedas me atiendes!

Elvira era hija de la dueña, y aunque pasaba de los treinta y cinco años, en el supermercado hacía las veces de chica en la charcutería, carnicería, pescadería, panadería, frutería...

- ¡Si, ahora voy! - respondió, cuando hacía de cajera.

Terminó de meter
la compra de un cliente en su bolsa de papel y después de cobrar y de despedirse de él, se dirigió hacía el mostrador acristalado, frente al que Garbancito esperaba mirando para los fiambres y el queso, dentro de la vitrina.

Elvira se coloco detrás del mostrador acristalado y preguntó 

-¿Que te pongo?

- Quería que me pusieras salchichón y chorizo de Salamanca

-¿Salchichón ibérico?

-No, del salchichón que hacéis vosotros y trescientos gramos de chorizo.
Elvira, cortó primero el chorizo, pesó los trescientos gramos, y después de envolverlo cuidadosamente, se dirigió al almacén, en el interior de la tienda, y apareció con varias piezas de salchichón. 

Le mostró el salchichón, enseñándole el que le parecía mejor.

- ¿Este?

- Si - dijo Garbancito, asintiendo con la cabeza.

Pesó la pieza de salchichon.

- ¿Algo más?

-¡ No. Cobrame?

Elvira salió del lugar de la charcutería y los dos se dirigieron a la caja por la que había que pasar previamente, para la salida .

Ahora la chica de la charcutería repetía el papel de cajera.

Sonó la maquina registradora y se despidieron

- ¡Adiós, Elvira!

Fuera de la tienda, cuando se disponía a  cruzar al otro lado de la calle,
un escalofrió recorrió el cuerpo de Garbancito. Quedó parado un instante y entonces recordó el sueño de la noche anterior, y que tenía que ir a casa de la campanera para llevar un recado.

 mvf.

jueves, 9 de septiembre de 2021

anduriña y enjuto 3

Lucía quiso ir al bar de la comisión de la fiesta a comprar un refresco y como sus hermanas no querían ir, no paró hasta que le dieron dinero para que fuera ella sola.

El bar de la comisión estaba atiborrado de gente pegada en la barra, y como pudo se hizo hueco en ella apoyándose en el mostrador, para  ser vista por alguna de las personas que se movían en el  interior de la barra, atendiendo de poner las consumiciones de un lado a otro. Y mientras esperaba su turno, un joven se colocó al lado de ella,

-¡Oye! - le dijo -¿aquellas de allí son tus amigas?

 - Si. Son mis hermanas y mi prima.

 - ¿Podrías darle un recado a la que lleva la chaqueta con bordado?

Lucia entendió que se refería a Anduriña .

 -Si. ¿Que quieres que le diga?

 - Le puedes decir que a mi amigo le gusta tu amiga.

 - Vale. Descuida - le respondió - Cuando regrese, se lo diré .

Y el joven desapareció.

No tardó en regresar junto a sus hermanas, sorbiendo el interior de un refresco de limón con una pajita de paja, y como quedó con el joven, le dio el recado a Anduriña.

Anduriña miró donde estaban los chicos que decía su prima, para ver quien le mandaba el recado y vio que allí estaba Enjuto. 

-No se lo podía creer - dijo para sí. 

Y sin más se fue junto a ellos. 

-Hola Anselmo- dijo Anduriña. 

Enjuto estaba de espalda, mientras hablaba con uno de sus amigos, sin ver acercarse a Anduriña, y cuando oyó que decían su nombre tras él y se dió la vuelta, al encontrarse con ella se quedó con la boca abierta y sin escapatoria.

 - ¿Anselmo no me sacas a bailar?.

pues Anduriña, al decir eso ya le había cogido de la mano y tiraba de él conduciéndole frente al palco de la orquesta, donde bailaba la gente.

 Al empezar a bailar juntos y sentir el contacto de sus cuerpos, el estar hechos el uno para el otro hizo todo lo demás.

Anduriña y Anselmo bailaron varias piezas juntos, hasta que cansados decidieron tomar un descanso y volver cada uno con los suyos.

- Descansaremos un poco y me vendrás a buscar junto a mis primas. ¿Vale?.

-Si, Anduriña.

Regresaron cada uno, Anduriña con sus primas y Enjuto con sus amigos.

Lucía vio que el chico con el había hablado en el bar de la fiesta le hacía señales, para que lo viese, y entonces se fue hasta junto a él para ver que le quería.

-¿Le distes el recado a tu prima?

- Si.

- Pero no le hace ningún caso a mi amigo.

-¿Como que no?. Si acaban de estar bailando.

-No. Enjuto no es quien yo te decía. Mi amigo, es aquel -  le respondió, señalando con el dedo a un joven que miraba para ellos - Mi amigo es farmacéutico y está coladísimo por tu prima. Díselo.

- Ah. Pues ahora se lo digo.

Lucía volvió junto a su prima para explicarle lo que había pasado y aclararle quien era el joven que le mandaba el recado

Anduriña miró con disimulo donde estaba su pretendiente y vio un  joven de buen parecido y bien arreglado, que miraba para ellas con nerviosismo, pendiente de lo que hablaban. 

 - Ah. Vaya. Farmacéutico - dijo Anduriña, sonriendo por el enredo ocurrido -  Pero yo al que quiero es a Anselmo y ahora tengo apalabrado otros bailes con él.

 

A veces aparecía en la feria una mujer anciana. Nadie sabía quien era, ni la edad que tenía. Vendía pulpo que traía en unos canastos de madera. Pesaba la mercancía con una balanza, romana, como se había hecho desde hace miles de años. La romana tenía un garfio y una argolla que servían para asirla y mantenerla en el aire mientras se balanceaba, colgando de un lado el pulpo  y del otro lado un mástil por el que se deslizaba una pesa, que marcaba el peso al equilibrarse la balanza. 

A veces el puesto de la anciana del mar se ponía cerca de Anduriña.

Una vez, la anciana regaló a Anduriña una piedra blanca con destellos nacarados, del océano y le dijo

-Anduriña, tendrás tres hijos y uno de ellos será para mi. 


mvf.

martes, 24 de agosto de 2021

anduriña y enjuto

El fin de semana pasado Anduriña y sus tres primas fueron el sábado al monte do Beo, en Malpica, porque a Lucia, la más pequeña de ellas, le había salido una verruga en la mano. Cuando llegaron, María y Lola, las otras dos primas, quedaron de ir a dar un paseo hasta el mirador de la ermita de San Hadrian, mientras Anduriña y Lucía iban solas a la fuente donde se curaban las verrugas.

Al llegar a la fuente Lucía sacó del interior de su bolso un trapo blanco que traía de casa. Se agachó para mojarlo bajo el agua que salía del caño y con el mojado se limpió la verruga de la mano siete veces. Al terminar se irguió de nuevo.

- A mi me dijeron que tenía que dejar el paño aquí para que cuando se seque desaparezca la verruga

- No sé, a mi me parece que lo mejor es untarla varios días con la leche amarilla de la celidonia

Buscó un sitio y dejó el trapo colgado junto con otros trapos que la gente había dejado por los arbustos de los alrededores de la fuente. Cuando terminaron, se fueron de allí a buscar a María y a Lola.

De regreso de su viaje de Malpica aprovecharon y pararon en Laxe a merendar.

Este fin de semana, Anduriña y sus primas, estaban invitadas en casa de unos familiares comunes, sus tios, que durante el verano regresaban del Brasil de vacaciones, para poder ir a la verbena en las fiestas de Camariñas.

Ya habían terminado de cenar cuando sonaron las primeras bombas que anunciaban el comienzo de la verbena. Entre todas ayudaron a su tía a recoger la mesa y a limpiar la cocina; y después de arreglarse y quedar a la hora en que se recogerían, se despidieron de sus tios para salir a la verbena.

La fiesta era cerca del puerto y al llegar ya estaba sonando la orquesta.

La orquesta estaba formada por tres hermanos que tocaban los instrumentos de viento; el teclista, que había hecho la mili y había tocado allí la gaita en la banda militar; el bajista, el más alto del grupo, tocaba desde una esquina del palco pues tenía prohibido moverse de allí y ponerse delante de sus compañeros, quitándoles de ser vistos; el batería, en aquella época se desconocía lo que era ser hiperactivo, y por si acaso los tres hermanos, con sus instrumentos de viento encima de él, le tocaban la musica en las orejas, para que  acompañara el ritmo de la canción, sin ir demasiado rapido; un guitarrista zurdo al que se le escapaban los dedos por el mastil de la guitarra en la mayoría de las canciones, era el que más bebía y el que menos ligaba, pues la mayoría de las veces acababa durmiendo en el camión de la orquesta, donde transportaban los instrumentos, y sus compañeros lo tenían que llevar a dormir a casa; y un joven de pelo corto, vestido de traje, que micrófono en ristre desgañitaba todas las canciones que tocaban. 

Y después de está descripción de los musicos, aunque pareciese lo contrario, tocando juntos en el palco de la fiesta, amenizaban la verbena.

Los primeros bailes de la noche fueron pasodobles para la gente mayor que después de cenar venía a dar un paseo por la verbena. Estaban también los niños y niñas, que les daba igual lo que tocasen, corrían y gritaban por el lugar de la fiesta y eran los que primeros que se recogían.

Rodeadas por el bullicio y la charanga de las atracciones, pasearon por la fiesta, iluminada con bombillas de colores, incandescentes, soldadas en hilo de hierro galvanizado que pendía de un lugar a otro, desde las casas de la plaza del puerto, suplantando el cielo de las estrellas.

Jugaron unos boletos en la tómbola que siempre tocaba, pero no hubo suerte. Echaron unos viajes en las barcas voladoras, que sentadas en el interior, tirando de unas cuerdas de esparto, se movían en el aire como columpios. Compraron unas nubes de azúcar, que fueron comiendo mientras paseaban. Tiraron unos balines en una de las barracas de tiro de la fiesta, donde Lola, la mayor de las primas de Anduriña, que tenía buen ojo, ganó un muñeco de goma, de un gato de los dibujos animados famoso en aquella época...

 - ¡Anduriña, yo se que este verano te vas enamorar! - Gritó Lucía.

Lucía era la que más disfrutaba en la fiesta porque aún era niña y se quería casar antes que sus hermanas, las mayores.

 mvf.

 


martes, 10 de agosto de 2021

Anduriña 2

Anduriña era una mujer de buen ver, rubia y con ojos  azules como el agua del océano en primavera. Tenía cumplidos los veintiséis, años, cuando su madre le dijo que pensara en casarse; por que a esa misma edad, cuando su madre era joven, las mujeres antiguas ya habían tenido uno o dos hijos, las que menos.

No le faltaban pretendientes, pero los rechazaba siempre de manera educada, no dándoles pie a sus pretensiones y procurando siempre no airearlos; aún así algunos de ellos, despechados por su fracaso, dieron por levantar calumnias, hacía su persona, diciendo que les había rechazado porque no era mujer que le gustaran los hombres.  Sin embargo la verdad era que amaba a un joven de Muxia, conocido con el sobrenombre de enjuto por ser larguirucho y flaco. Enjuto se llamaba Anselmo y desde el colegio, donde coincidieran de pequeños, huía de ella nada más verla, por que no sabía estar cerca de Anduriña sin echarse a temblar.

Casadas la mayoría de sus amistades, se había quedado sin amigas, solo tenía una primas con las que quedaba para salir e ir a las fiestas con ellas. Principalmente, porque sus tíos, como era una joven trabajadora y responsable, les agradaba su compañía, para que las guiase con su buen ejemplo y discreción. 

 Anduriña escribía poesías secretamente y para escapar de su naciente soledad, recluida por las tardes en su casa al regresar de su trabajo, se había acostumbrado a chatear todos los días usando el ordenador, muchas veces hasta entrada la noche.

Bajo el nombre de Anís marino, entraba en un canal que se llamaba poesía, y allí dejaba leer sus poesías,

- ¡Hola Anís marino! 

- ¿Hola , quien eres?

Enjuto, mantenía la mayoría de sus amistades, se encontraba con ellas por la tarde y regresaba para casa, cuando los demás se retiraban. Pero él también se estaba quedando solo. Sus amistades decían que era culpa de su extremada timidez.

Enjuto soñaba secretamente con Anduriña.  Paseaba junto al océano, que en su sueño, se extendía hasta el horizonte y tenía el mismo color azul marino que los ojos de Anduriña. Las olas llegaban como sabanas de agua y espuma, una a una, extendiéndose lentamente sobre la arena de la playa, blanca y fina, que se colaba entre los dedos de sus pies.

 La brisa cálida acariciaba la piel de su cuerpo. Una, tras  una, una ...

-Hola enjuto - decía en su oído la voz de una caracola

-Hola 

En su mano aparecía una piedra, era blanca con destellos nacarados, miraba hacía ella y pedía un deseo, Anduriña, y lanzaba la piedra al mar.

La piedra, al contacto con el agua, sin hundirse, ni desaparecer perdida en la distancia del océano, no cesaba de saltar y sus saltos se convertían en peces plateados que continuaban saltando en el océano, mil veces, hasta que uno de ellos la atrapaba con su boca. El pez nadaba hasta la orilla, y esta vez era Anduriña que se acercaba a él y dejaba de nuevo la piedra nacarada del océano en la palma de su mano abierta.

En todo este tiempo, desde que Anduriña regresó de sus estudios y se puso al frente del negocio que había llevado su madre, solo habían estado juntos una vez en el celta, el autobús de Muxia a Santiago. Cada uno iba por motivos diferentes.

- Perdona, pero está libre ese sitio ? - preguntó Anduriña, mientras señalaba para el asiento libre en el autobús, al lado de Enjuto

- Bueno si, quieres sentarte?

- Es que solo está ese libre.

- Pero yo puedo ir de pie - y enjuto se levantó para ir de pie en el pasillo del autobús, dejando las dos plazas libres para Anduriña.

- Señores pasajeros, por favor se ruegan que vayan sentados, no se puede ir de pie en el pasillo - gritó Manolo, el conductor, desde delante del autobús.

No tenía más remedio que ir sentado al lado de Anduriña, durante el viaje.

El autobús arrancó de Muxia con toda normalidad. y aparte de los monosílabos que con sus preguntas, Anduriña, consiguió arrancar de Enjuto, tratando de entablar conversación con él, no medió ninguna palabra. Después de llevar ya varias paradas, en Brandomil, Enjuto se levantó y se despidió 

- Bueno, yo me bajo aquí. 

Ese fue el máximo tiempo que había logrado estar en su compañía: de Muxia a Brandomil.

 - ¿Anís marino, tienes quien te quiera? 

No lo sabe nadie pero mi  corazón marchita esperando por un joven tímido y apocado, que amo desde que íbamos al colegio. Bueno. Es complicado. Él huye de mi cuando me ve. 

Anduriña tienes que buscar un hombre que te quiera, por que pasan los años y después vas andar apurada y te vas a conformar con cualquier cosa.

 

 mvf

jueves, 15 de julio de 2021

Lirios y crisantemos - garbancito 2

 El chino podía ser panadero, zapatero, cartero, o el mismísimo barbero, del pueblo, si hubiera necesidad, pero no podía ser campanero, porque nunca se la había visto por la iglesia.
Con este pensamiento, Garbancito quedó absorto mientras el peine y las tijeras trasquilaban por encima de su cabeza

-¿De qué religión sería el chino?

- ¿Que tal están los difuntos, Garbancito? - preguntó el barbero, sacándolo de su silencio.
A Garbancito, no le gustaba hablar de los muertos, pero respondió
- Está semana, como viene el día de todos los santos, la gente anda algo apurada limpiando los nichos y poniendo flores, pero a los muertos no les gusta nada el ajetreo que trae la proximidad del día de todos los santos; para ellos estas fechas son como la fiesta que perturba
la tranquilidad del vecindario y no deja dormir.
-¿ Les gustaran las flores y que les limpien las yerbas alrededor de sus nichos? Digo yo - Espetó la abuela de los labrada desde su esquina.
Garbancito sabía bien que a los muertos le gustan más los líquenes y los musgos, que todos los lirios y crisantemos que sus familiares podían poner en sus tumbas, para adornarlas. Pero calló.

- O les gustará que les lleven noticias de la vida que abandonaron - terminó de hablar la abuela de los labrada.
- ¡Aja! - exclamó el barbero, y
dijo, apoyando lo que había dicho la abuela de los labrada - querrán saber si se casó una hija o un hijo o recibir cualquier otra buena nueva de sus casas ...
Las tijeras
seguían moviéndose con la conversación.
- Ahora,
en el pueblo, ya no queda gente en muchas casas que vaya a ver a sus muertos - habló Garbancito - y muchos de los que se marcharon los incineran a su muerte y ninguno vuelve aquí. 

- Se acabó - dijo el barbero y ...

Ya una vez en la calle, Garbancito marchó de regreso a su casa. y al llegar, lo primero que hizo fue hacer una llamada telefónica.
- Después de marcar, esperó que cogiesen al otro lado y cuando oyó que habían descolgado preguntó
- ¿Eres Miguel?
- ¿Si, Quien eres?
- Soy Garbancito.
- ¡Ah ... !- se oyó como se sobrecogía
la voz del otro lado, porque sabía quien era Garbancito - ¿Que tal. Que quieres? - acabó de preguntar; temiendo por lo que fuese, por que Garbancito no le llamaría más que por alguna cosa del más allá.
-
Miguel, me mandó decirte tu madre, que mucho lío montaste cuando fuiste a sacar el certificado de defunción para el notario, de si en gallego o en castellano, y cuando te lo hicieron en gallego ahora no hay quien entienda la firma del funcionario.


mvf.


miércoles, 30 de junio de 2021

Anduriña

 

La punta de la Barca, y más al norte el cabo Vilan, arrebatan un trozo de mar al oceano llamado la ría de Camariñas. En el interior, como hija en el seno de su madre, se encuentra la ria do porto, donde el rio Grande vierte sus aguas recogidas en su curso, desde el monte Meda, a una veintena de kilometros hasta este lugar.  Antiguamente, se encontraba aquí el puerto de los pescadores de estás tierras a resguardo de los ataques por mar de los ingleses.

Muxia tiene el puerto, protegido de las olas del mar abierto, por la cara interior a la ria y desde sus casas, los días claros y de cielo limpio, frente a ella se puede ver Camariñas, situada en la otra punta de la ría. Por la parte de atrás de Muxia, las rocas de su pequeña costa, se encaran  directamente a la fuerza del oceano atlantico.
Sus calles como si fuera un trozo alargado de red de pescador, estirado en el suelo, paralelas entre la ria y el oceano Atlantico, se extiende desde la tierra adentro hasta la punta de la Barca.

Al llegar al puerto, si uno no se detiene y se continua avanzando, dejando a la derecha los antiguos secaderos de congrio, se llega de esta parte, al termino de la tierra, y ver el faro de Muxía y de allí acabar donde yace partida la piedra de abalar; que impulsada por el venir de la olas, en las horas de pleamar,  martilleaba con su cuerpo la roca del suelo, produciendo un sonido grave y fuerte, que daba fé de la fuerza del mar. En ese lugar estropeado por la multitud no nos cabe duda que antaño los primeros moradores de estas tierras adoraban el océano.

Es día de feria y desde primeras horas de la mañana hay movimiento en las cafeterias del puerto. Paralelas a las primeras casas que muestran su fachada al mar, discurren las calles de Muxia. La calle de la feria arranca desde la plaza del cabo, antes de subir para la iglesia de Santa María, y a poco de comenzar su trayecto, la cruza oblicuamente otra calle, que separandose de ella asciende en sentido contrario,  mientras que la calle de la fería, alejandose del puerto, que da refugio a los navegantes, avanza hasta cruzar al otro lado la tierra de Muxia, y llegar a una playa de rocas redondas y grano pedregoso, bañada por el Atlantico, llamada la playa del coio.

Por el estrecho espacio que los puestos de la fería, colocados a ambos lados de las aceras de la calle, dejan de separación entre ellos para el caminante, apenas se puede transitar, y entre empujones y rempujones se oyen los gritos de los feriantes y compradores

Son las once y medía de la mañana, y la fería está abarrotada de gente.

 - ¡Buenos dias Anduriña! ¿Ah, como tienes el rape?

En el cruce de las calles, un puesto de pescado está cerca de la plaza. Tiene una carpa de lona que mece una suave brisa marina que corre por la calle en ese momento, y un mostrador de madera de pino, cubierto por una tela blanca, donde se muestra encima la pesca reciente,  en grupos de pescado de especies diferentes, y en una esquina una caja de madera está llena de pulpo.

Hay lirios, a la noche un banco de peces cruzó la ría y llenando las redes de los pescadores.

-¡Son del día!

Mas adelante, está el puesto de Anduriña. Allí una señora y la pescadera discuten sobre el precio del pescado.

-¿Pero a como cobras el rape?.

-¿Te pongo este, que está muy bien?

Encima de la boca entreabierta de sapo, escondidos sus ojos vidriosos de pez, parecen estar mirando impacientes la decisión del cliente. Pero el rape, asido por su cola ya vuela por el aire...

Anduriña ya cogió una hoja de papel encerado, del que se utiliza para envolver los alimentos, y el rape acabó encima suya, depositado en una bascula blanca con cabeza de reloj.

- Un kilo ochocientos - gritó para que se le oyese - ¿lo lleva?

La clienta, una mujer de piel morena, que oculta su edad imprecisa en los surcos que el aire marino y el sol labraron sobre su rostro, asiente con una inclinación de la cabeza.

- ¿Quieres algo más?

Uno de los dedos huesudos de la mujer señala a un grupo de peces de lomo rosado y ojos cristalino, encima del mostrador.

- Un kilo de fanecas

Anduriña cogió dos presas de fanecas, a ojo; los echó encima del papel encerado que ya esperaba sobre la bascula, y la aguja roja de la cabeza de reloj marcó su hora en kilogramos, apenas pasandose una pizca del peso del kilo.

- ¡Adios Anduriña!

 - ¡Pulpo de la ria ...!

Anduriña nació en una de las casas de piedra, próximas a la zona de los secaderos de congrio y a los pocos años de empezar a andar quedó huérfana, por un naufragio en Finisterra del que no regresó su padre.

Su madre, vendiendo pescado consiguió que su hija fuera a estudiar  a Santiago. Quería que fuera maestra para que supiera de números y pudiera enseñar a leer y a escribir a sus hijos. Pero la hija solo quería ser como la madre que esperaba de madrugada, el regreso de los pescadores con sus redes cargadas, para comprar en la lonja el pescado recién capturado por la noche. Tras acabar sus estudios y regresar a Muxia, con el ruido de las olas y el olor marino, que al nacer el día entraba por la ventana de su habitación, Anduriña olvidó los números y las letras que aprendió de maestra, en unas semanas, y se puso hacer lo mismo que durante generaciones habían hecho las madre e hijas de su familia.

Un día la madre le dijo :

- Anduriña tienes que buscar un hombre que te quiera, por que pasan los años y después vas andar apurada y te vas a conformar con cualquier cosa.

mvf.