Tras publicar nuestro ensayo sobre la novela de Adelaida, el buzón se llenó de correos. Lectores curiosos preguntaban por el título.
Lamento decepcionarlos, de verdad. Pero creo —sinceramente— que nuestro artículo ha conseguido que esa obra salga del reducido círculo de amistades íntimas y de la casualidad.
Que Adelaida piense lo contrario y eche la culpa de sus escasas ventas a nuestras advertencias sobre los riesgos de su lectura… eso ya es harina de otro costal.
Para evitar malas caras y enfados que entorpezcan el olvido —y la tranquilidad—, me veo obligada a guardar silencio sobre el título de su libro.
Cosas de amigas.
Para nuestra sorpresa, algunos lectores juran que la pelea de la novela sucedió de verdad. Insinúan que Adelaida rememora aquella tarde en la que zurró a sus primos, los Caramalos, porque no dejaron que su ex-novio les metiera un gol en un partido de fútbol local. No añado más.
Otros preguntan por los mensajes que cruzaban los vecinos mientras la víctima pelaba patatas para unos chorizos. Nuestra hipótesis: la asesina envió noticias falsas al grupo. Para tener entretenidos a los lectores mientras la víctima agonizaba.
¿Que si habrá segunda parte?
No sé qué pasa ahora por la cabeza de Adelaida. Pero ella misma advierte, antes de empezar, que esto es solo la primera edición. Y Adelaida tendrá muchos defectos, pero no el de mentirosa.
No dudamos de que la víctima principal de la novela de Adelaida se quede sin tomar venganza, ni de que los lectores que hayan podido leer su libro se queden sin hacer nada.
Así que, tarde o temprano, llegará la continuación de su novela.