La rusa frecuentaba las tabernas,
después de salir del trabajo por las tardes, porque gustaba de beber
el vino mencía de nuestras tierras. Aún así por mucho que bebía
rara vez se le había visto indispuesta. Alguna vez, cuando daban
altas horas de la noche y el sueño le doblaba la cabeza, empezaba
cantar unas canciones lentas y monótonas como el aire cuando mece
los copos de nieve al caer, después de la ventisca . - Tenían un
ritmo muy parecidas a las de por aquí que recuerdan
el ritmo de las ondas del agua del océano cuando su furia duerme
apaciblemente -.
Aquella noche, en la cantina, mientras
la sagrado llenaba sus vasos de vino, estaban los de las bateas
esperando por el furgo, que le habían encargado el reparto de unas
cajas de dinamita para los armadores que pescan al cerco la sardina.
La rusa, reía a pleno pulmón … y
contaba una historia de su tierra.
Habían quedado para dar razón a una
trucha de tres kilos que había pescado karuso – la primera captura
de la temporada - y que le habían pagado con la recaudación de la
maquina tragaperras de la estación de autobuses.
Cuando el furgo llegó, el pescador
que también estaba convidado a la fiesta contaba como fuera su captura. Había estado desde
primeras horas de la mañana subiendo y bajando por la rivera del
rio, para llamar la atención sin ser descubiertas sus intenciones
por el pez .
Y después de merodear la presa, cuando vió el momento oportuno, el
sisa se acercó a los moteros dirigiéndose al matón más feo,
que con su cazadora de cuero negro se veía que era el jefe de la banda.
Lo llamó y le dijo: - oye tío , tengo un
amigo que vende un televisor led de 54 pulgadas. Pasmate. ¡ por 300 euros !.
El motero, abrió los ojos
mostrando sorpresa de que el sisa, con su figura menuda y esmirriada
, se hubiera atrevido a hablar con él,
-No no, escucha - le dijo el sisa, acercándosele -
esta nuevo, tiene garantía y todo - insistía mientras prestaba atención a la ahora interesada
falsa indignación de su victima -
- Mira, mira que te digo , escucha -
Estaba lanzando al agua el cebo para
que lo mordiera el pez.
La voz del sisa estaba llena de eses y susurros,
confabulandose con el motero, hablandole del televisor como los compinches cuando van a estafar a alguien.
Su cabeza giraba para los lados. - Mientras se aseguraba que nadie le escuchaba se hacia oír por todos los presentes - .
Su cabeza giraba para los lados. - Mientras se aseguraba que nadie le escuchaba se hacia oír por todos los presentes - .
-Tu ves el aparato y te convences - ,
le dijo el sisa de nuevo, y entonces le lanzó con picardía el anzuelo.
- Pero eso no es lo bueno, le puedes
decir a tu mujer que te costó 600 euros y tu te puedes quedar 300
euros para ir a la concentración de moteros de jerez - .
Y ahí mordió la trucha, “
al mostrar interés “ pero aunque tenía dentro el anzuelo, recelaba aún de su presa y
empezó a dar vueltas sin tragarse para dentro su cebo.
- Vete por el televisor, y lo traes para que yo lo vea - le dijo el motero al sisa.
Así que le fue dando cuerda hasta que llegado un momento tiró de nuevo de él.
- Vete por el televisor, y lo traes para que yo lo vea - le dijo el motero al sisa.
Así que le fue dando cuerda hasta que llegado un momento tiró de nuevo de él.
El sisa. - si, pero mi amigo sino ve
el dinero, no va venir con el televisor que lo tiene que traer en la
furgoneta.
Más dudas, mas cuerda, y de nuevo un
jalón a la presa .
- Mi amigo, si le llevo el dinero, te
trae el televisor y después el ya te lo lleva a casa y te lo deja
donde tu quieras, que va todos los días a coruña y no te va cobrar
nada por ello -.
Y la trucha cayó presa tragando el cebo con todo el anzuelo.
Entre todos los componentes de la banda
de moteros se juntaron los 300 euros que le dieron al sisa,
dándole instrucciones claras de donde le esperaban y a la hora que
quedaban para recoger y marchar temprano con el televisor para la
coruña. -
- Los últimos estertores de la captura -.
- Los últimos estertores de la captura -.
El sisa se marchó al vuelo con el
botín, recuperando así la cantidad para pagar el arreglo de las ruedas de la camioneta del furgo
que habían pinchado los moteros el día de la discusión.
Eran las dos, y el timo ya se había
consumado. Los moteros estuvieron buscando y preguntando por el sisa
toda la tarde por el pueblo, hasta que descubierto el engaño , avergonzados , se marcharon para
la capital.
A nadie les preocupaba si querían
venir a vengarse los moteros, por que ya tenían suficiente castigo
con el escarnio y sabían que, por no pasar la vergüenza, ni soportar las risas, no se
atreverían a regresar por aquí .
El sisa, después del reparto de las
ganancias - un quinto para los de la batea, otro quinto para el peto
de la iglesia , que se lo había prometido a san Nicolas para tener
buen éxito con su golpe y recuperar así la confianza con sus
amistades, y el pago del arreglo de las ruedas del furgo - le
habían quedado treinta euros, con el que invitó a sus amistades a
celebrar su éxito.
Después, de nuevo en la ruina, " aprovechando la ocasión", se
decidió a robar un camión cargado de sacos de patatas para regresar
a casa. Iba por la autovía cuando las sacos,- mal atados- empezaron
a caer del camión , y finalmente fue detenido por la guardia civil
de trafico, alertada por los conductores que llamaron por teléfono
para avisar del peligro en la carretera.
El sisa, cuando era esposado por la
guardia civil , pensaba en sus amistades de prisión y lo mucho que
daría que hablar su golpe.
- No hay mal que por bien no venga - .
Ya entrada la noche y acabada la
fiesta,- la trucha la habían comido frita con abundante jamón lo que había ayudado a beber el vino - la rusa al despedirse le dijo a nuestros amigos con su horrible acento :
- ¿ Vosotros querer sumergible ?. Yo
pensar en ello. Pronto daros respuesta. -.
Y después se llevó al furgo arrastro
con ella. Quería probar su camioneta.
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