martes, 23 de agosto de 2016

la nieta de la bruja 1º

Seis veces cantó el gallo su Ki-ki-rikí y la bruja despertó. 
  Cuando el rayo de luz que entraba en la habitación por una grieta alargada que apareció con el tiempo en la madera de la contra con la que se tapaba la ventana, se posó sobre su cara, se notó bajo los parpados el movimiento de sus ojos. La lucha entre ambos parecía querer dirimir cual sería el primero que asomaría entre los parpados semiabiertos, cuarteados por la decripitud de la edad. Finalmente abrió los ojos, y como si fuese para ir detrás de su vista se levantó cojeando de la cama.
Con su cuerpo ladeandose al andar de un lado al otro, pues una de las piernas, rectilinas y huesudas a duras penas le servía para apoyarse encima de ella, necesitando para caminar apoyarse en un bastón; entró en el aseo para hacer cosas de sus intestinos. Cuando terminó se irguió y se puso frente al espejo para ver el ligero color azulado de su cuerpo, pues la sangre venosa, bajo su piel blanca le daba un ligero tono azulado a su piel. Entonces empezó a atusarse con sus largos y huesudos dedos, su pelo canoso y desgreñado, haciendose con el una larga coleta que terminó enrollando por detrás de la cabeza. Por último se echó un poco de agua a la cara para acabar su ritual
La bruja Tenía una nariz aguileña que había ido ennegreciendo con el acumulo de los años. Encima de ella, escondidos en sus cuencas, estaban unos pequeños ojos negros e inquietos, que solo asomaban de su escondite para lanzar  una mirada de aspecto siniestro que amedrentaba a cualquier persona que se acercase junto a ella. Sus vecinos decían a sus espaldas que con esa mirada era capaz de hacer arder un campo de trigo o abortar al ganado preñado y ese efecto era mucho mayor en la luna llena.

Bajó a desayunar.
 
Como de costumbre se hizo un tazón de leche, que aderezaba con hierbas de tomillo y melisa y después de tragar su contenido, lo dejó  en el fregadero de piedra de la cocina y en el mismo sitio lavó sus dientes con agua y sal.
 
De una pequeña alacena que había en la cocina sacó una caja cargada de huevos, recogidos del gallinero durante los últimos dias, y envolviendo uno a uno con cuidado, con las hojas de un periódico viejo, los fue metiendo dentro de un cesto de mimbre. Después tapó la boca del cesto con un trapo viejo de cuadros azules de la cocina. La bruja iba ir al pueblo para vender los huevos en la fería y de la feria ir a comprar un carrito de bebe para su hija.

 
Había empezado la mañana cuando llegó a la feria. Y se sentó a la sombra de un árbol, frente a uno de los puestos de ropa ambulante que los gitanos montaban para vender en el mercado; quitó el trapo que tapaba la cesta y lo extendió sobre el suelo y después fue desenvolviendo uno a uno los huevos y poniendolos bien visibles encima del trapo.  Los gitanos, gente supersticiosa, no les gustaba que se pusiera cerca de ellos a vender, como hacía siempre que venía a la feria, temían de ella alguna terrible maldición que tuviese efecto bajo el influjo de la luna llena, y solo esperaban a que acabase pronto para seguir ellos con sus negocios con tranquilidad.
Después de vender los huevos - sin dar más detalles de para que compraban su mercancia sus clientas -  recogió el trapo y después de sacudirlo de alguna hierba que se había pegado en el, lo dobló y lo guardó dentro de la cesta y de allí se fue a la tienda de niños del pueblo para comprar el carrito de bebé que quería regalar a su hija.

Una joven bajita y resabiada, se acercó corriendo para despachar rapidamente a esa anciana negra y sucia, al ver como los clientes desaparecían discretamente cuando la vieron entrar en la tienda.

- ¿Buenas, que deseaba?.
- Quería comprar un carrito de bebé para regalar a mi hija, que pronto va parir una niña.

Estuvo mirando fotos de un catalogo hasta que finalmente, con la ayuda de la dependienta dio con lo que buscaba: un precioso carrito para bebé de color rosa intenso, como el color que deja la sangre al correr sobre el cuello degollado de las ovejas blancas.

- ¡Esté es el que quiero! - dijo presionando sobre la foto del catalogo con su largo dedo huesudo. 

 Después de pagar y asegurarse que el carrito estaría dentro de 13 dias, ni más ni menos, dio los datos de su hija para que pudiera venir a recogerlo; y con esto tomó el camino de regreso a su casa, en las afueras del pueblo.

La hija de la bruja estaba encinta y le había dicho que iba parir una niña para finales del mes de diciembre; y por sus cálculos la niña nacería para el 28 de ese mes, el dia de los santos inocentes. Sería pues una bruja sanguinaria que tendría aterrorizados a todos los niños de la comarca.

La anciana señora ya se veía enseñando a su nieta todo lo que sabía de las plantas y de los árboles, y hasta el secreto de las piedras que hablan.

- ¿ Abuela. Y para que se le echa un poquito de este perejil con viruelas que huele tan mal, a la sopa de serpiente?
- Uy. Ten cuidado con lo que tocas. eso es cicuta; se le echa solo un poquito a la sopa para que muera la serpiente antes de cocinarse y no sufra el animal.

Y mientras regresaba a casa, sin recordar donde la había aprendido, iba tarareando una nana para su nieta

                                                                      ,,, 


                                
una, dos, tres tiene mi rebaño

                                 cuatro, cinco, seis ovejas este año

                                 siete, ocho, nueve ya me falta poco

                                 diez, once, doce para un gran rebaño

                                 que no venga el lobo, que no venga loco.





mvf.





miércoles, 22 de junio de 2016

El enfermo imaginario





Al psicotecnico donde van los jubilados de mi pueblo es el de doña Fina la cejiñuda, porque allí les dan facilidades para superarlo.

La cejiñuda abrió la puerta después de que mi padre pulsara el timbre que había en la pared, junto al marco de la puerta de madera.
- ¡Buenas!
Se intercambiaron saludos los dos.
- ¿Funciona? - preguntó mi padre volviendo a pulsar el timbre de la pared.
- Si, funciona; es que está en voz bajita para uds, porque protesta la vecina de arriba.
- Venía a pasar por el papelito para renovar el carnet de conducir.
- Pasé, pasé -  le dijo la cejiñuda y le condujo por un angosto pasillo hasta una pequeña salita en la que había cuatro sillas y una mesita pequeña de cristal sobre la que descansaban algunas revistas viejas de moda. Le mandó sentar para que esperase.
- Ahora en un momentito le atiendo.
No tardó en volver 
- el siguiente por favor.
Mi padre se levantó y continuó detrás de ella hasta una habitación, al final del pasillo.

 - Sientese en esa silla, si hace el favor - dijo señalando a una silla de hule negra, con su mano blanca y delgada.

Cerca, semejantes al mobiliario de las clinicas, había una mesa de hierro blanca y una vitrina de pie con dos puertas, con distintos aparatos en su interior para medir las habilidades fisicas de los sentidos del conductor.


Así que se sentó mi padre, la cejiñuda puso encima de la mesa una caja vieja de cartón y sacó de ella unos cascos auriculares que le dió para que se los pusiera tapandose las orejas.

- Va ir escuchando unas señales auditivas y a medida que las escucha levanta la mano, derecha o izquierda según las vaya oyendo por un oído u otro.
- Como dice - le gritó mi padre
La cejiñuda fruncio el ceño - ¡Va ir escuchando  ... !

Mi padre asintió y comenzó la prueba. Doña Fina iba pulsando los botones de un aparato que había encima de la mesa y mi padre levantaba la mano derecha o la izquierda.

Al terminar le quitó los cascos y los volvió meter dentro de la caja de donde habían salido.

Después de recoger la caja le mandó remangarse la camisa para ponerle un brazalete alrededor del brazo derecho desnudo y tomarle la tensión. El brazalete se hinchó a medida que presionaba una pequeña pera de goma;  miró en el manometro que salía, unido por un tubo de goma, por un lado del brazalete y anotó la presión arterial en una de sus hojas; luego volvió y le tomó el pulso para medir la frecuencia cardiaca.

-  ¿Tiene antecedentes familiares de alguna enfermedad: diabetes, alergias ... ?

- ¡No!

-Ahora le voy hacer unas preguntas de un test  y uds me va respondiendo:

Cual de los siguientes animales sobra en este grupo :

1: Gato  2: Pantera  3: Puma  4: León 5: Leopardo  6: Lobo  7: Ocelote

Entonces mi padre se plantó diciendo:

- ¡Esto parece el examen de bachillerato!

Y perseguido por la cejiñuda salió de la habitación huyendo por el pasillo hasta escapar del psicotecnico dando un portazo en la puerta al salir.

Ya en la calle estuvo dando vueltas, pensando una solución para renovar el carnet de conducir sin llevar el certificado del psicotecnico, hasta que finalmente se decidió a ir a ver a su amigo el doctor para que le hiciera un examen medico y le diera un certificado de salud con el que convalidar el examen psicotecnico.

El medico al oír lo que su amigo le pedía le explicó que eso no funcionaba así y mi padre se enfadó con él diciéndole que nunca más se iba a poner enfermo, para no tener que volver a su consulta.

No os podeis imaginar lo rencoroso que es mi padre; aunque nunca estuvo enfermo al llegar a casa se metió en la cama y enfermó. Ya llevaba tres dias  y nosotras empezamos a preocuparnos, y como no quería ir al medico decidimos llamar  al cura para que le diera la extremaunción a ver si así lo haciamos entrar en razón

El argentino, el cura, después de estar toda la tarde hablando con mi padre, acabar la botella de oporto de las ocasiones, y merendarse una caja de melindres de silleda que habían traido mis primos de la batea, de uno de sus viajes llevando mercancia a Madrid: el argentino salió de la habitación y nos dijo:

-La cosa es seria y tal como es de cabezota tu padre, este igual se muere solo para amargar al medico.
Si de aquí a mañana no ceja en su enfermedad llamar al de la funeraria que le venga a tomar las medidas a ver si así entra en razón.

Por suerte no hizo falta llamar al de la funeraria.  Ese mismo día por la noche, en el local de la asociación de vecinos, estaba programado un mitín del alcalde y unos pinchos: " Hay elecciones y ya se sabe" , la estrategia es siempre la misma; quien quiera pinchos tiene que esperar hasta que acabe el mitín y la gente por comer sin pagar ...

Allí, en los pinchos digo, el cura entre bocado y bocado se las arregló para hablar con el medico, rodeado en el mitín de enfermas hipocondriacas, y contarle lo que pasaba con mi padre, diciendole la preocupación que tenía por el estado de su amigo.
El medico no dudó de los extremos de la cabezonería de mi padre y en un momento en que entre tanta gente el Alcalde se refugió junto a él pensando que era el único del pueblo que no le iba pedir trabajo...  por que al alcalde de nuestro pueblo, que es de lo que no hay, continuamente los periódicos le hacen propaganda de que si contrató a este, primo de aquella, o a la otra, cuñada de aquel, y no se da quitado la gente de encima. Bueno, el medico le contó al alcalde la historia de mi padre y le pidió que hablase con la cejiñuda.
El alcalde, como en la consulta del medico todos le votan, habló con su segundo, la concejala, y a la noche funcionaron los teléfonos como si fuera el día anterior a las elecciones municipales

La concejala, después de los pinchos, al llegar a su casa por la noche hizo una llamada telefónica a un vecino :

- ...  y te vamos quitar el espejo que pusimos enfrente de tu casa por que te refleja el sol y te molesta con su luz en la salita; que él que no vea bien en la curva que se chinche y vaya despacito para no accidentarse, y sino que se accidente y aprenda que también hay que darle vida al negocio de paco el chapista; y le cuentas a paco que quitamos el espejo de la curva pensando en él y le dices que hable con su cuñada la maestra que está casada con el hermano de la cejiñuda ...

Al vecino le daba la molestia el espejo de la carretera, por que decía que desde fuera se podía ver reflejado lo que hacían dentro, los de la casa; y tan pronto colgó la concejala llamó a paco, y paco a su cuñada la maestra, y está habló con su marido el dependiente de la farmacia.

-¡Tu lo que tienes que hacer es hablar con tu hermana la cejiñuda,  y deje de poner dificultades para aprobar el psicotecnico al marido de Dolores de Marise, que parece que se ha creido que es profesora de secundaria!

Y el dependiente de la farmacia, que esa noche después de los pinchos quería seguir la fiesta en casa con su mujer la maestra, no tardó en llamar a su hermana la cejiñuda.

- Mira Fina que no lo quieres entender: ¿Pero como no va trabajar en el ayuntamiento tu niño, si el Alcalde es su padrino?

Finalmente Fina la cejiñuda aflojó preocupándose desinteresadamente por la salud de mi padre.

 Al día siguiente, de los pinchos quiero decir, el medico por la mañana llamó a casa desde su consulta diciendo que iba venir a ver al enfermo.

Cuando llegó el medico a casa, mi padre le recibió en la cama embozado con las sabanas hasta los ojos.

El medico con dos aspirinas que le dió, y con las respuestas de las preguntas del examen del psicotecnico que le mandaba la cejiñuda, curó a mi padre como si lo viniera a visitar un santo, y a la tarde de ese mismo dia volvió al psicotecnico de la cejiñuda para hacer el examen, no fuera que cambiaran las señales de trafico y no valieran las respuesta.
.

Doña Fina la cejiñuda, con sus cejas de parasol por encima de sus ojos, apuntándo con su varita en una de las letras de la tabla de visión ocular que colgaba en la pared de su gabinete psicotecnico, preguntó a mi padre:

- ¿A ver que letra es está?

- Espere un momentito dña Fina que me ponga las gafas de cerca para leer las respuestas, que si no no puedo decirle que letra es esa, que está muy lejos. Aja, es la Z.

-  ¿Y esta otra.?

Doña fina  movió la varita apuntando a la letra que estaba de lado de la Z y elevando su mirada hacía el techo fruncio el ceño, haciendo señal de desesperación. 


- Espere dña fina, espere, que me cambio de nuevo las gafas y me pongo las de lejos, que si no no le oigo bien.










jueves, 2 de junio de 2016

El paseo de los chopos.

De todos los animales que conozco el vencejo es el más sorprendente. El vencejo es más grande que la golondrina, tiene una cabeza chata y unas enormes alas en forma de hoz y salvo para poner sus huevos e incubar sus criaturas el vencejo vive en el aire durante meses enteros cazando y durmiendo sin posarse en ninguna parte.
Mi vencejo sobrevuela ahora por encima del pueblo. Lleva dos horas trazando un largo circulo alrededor del curso del río, donde se remansan las aguas, entre dos viejas presas de piedras que antaño daban agua a sus molinos desaparecidos; por que ha descubierto una bandada de insectos que sobrevuelan a la altura de los chopos que hay a uno y otro lado de las orillas del río. El vencejo comienza el trazado de su vuelo desde la presa de arriba y sobrevuela
por encima de los chopos, siguiendo el trazado del río, hasta llegar a la altura de la presa de abajo, allí ladea su cuerpo a la izquierda y planeando regresa de nuevo al comienzo del circulo para volver a empezar su vuelo, buscando su comida en la bandada de insectos.


-Hola. ¿Por favor me echa una firma para protestar por que quieren cortar los chopos del malecón?
-¿Por favor me echa una firma para que no talen los chopos que hay a la orilla del rio del paseo del malecón?.
-¿Me echaría una firma para que no corten los chopos del malecón?
Es una fresca mañana de mayo y aunque a estas horas pasea un montón de gente por el malecón del rio nadie se ha decidido a ir a preguntar a Marise por que está encadenada a unos de los arboles del paseo.
Cuando haces un acto de protesta ahí se ve la voluntad de la gente que está contigo. Son las doce de la mañana y ya van cerocero cero mil firmas.
Marise extiende en el aire su hoja de recogida de firmas de apoyo a su protesta y repite nuevamente:
-¿Por favor me echaría una firma para que no talen los chopos del malecón?
La zarza pasaba por allí de regreso a su casa, de repente cambió su dirección y se dirigió a junto Marise. 

Marise al ver a la ancianita con su bastón se echó la hoja de las firmas a la cara tapándose la vista para que no la viese. 

- ¡Anda la hostia en la que me he metido y yo encadenada sin poder echar a correr!
- ¿Marise que haces aquí encadenada a ese árbol?
- ¡Yo!¡Nada!
- ¿Te han castigado a estar aquí por alguna cosa mala?
- No, No ...
- Ahhhh ... ya entiendo, seguro que es por un trabajo de la universidad o algo así, que tu eres muy lista.
- No, no ...
- Claro hija, claro. No me vas a decir que estas de incógnito si estás de incógnito haciendo un trabajo de la universidad. No soy tan tonta. ¿No querrás que te traiga alguna cosa?
- Es que estoy haciendo una protesta y estoy recogiendo firmas para que no talen los chopos del malecón.
- Pues eso está muy bien.
-¿Doña Zarza me firma para que no talen los chopos del paseo del malecón; que no tengo ninguna firma?
La zarza miró para la suplicante hoja en blanco que le extendía Marise.
- No hija que van a decir si solo protesto yo; y a mi total los chopos echan una pelusa en la primavera que me pone perdida toda la ropa que cuelgo en el tendedero.
- ¿Y que culpa tienen los chopos de la primavera?

La zarza sacó un pequeño teléfono del bolso; abrió su tapa como si fuera un mejillón y dijo:
-Voy llamar que me vengan a recoger y así mientras, espero te hago compañía.
Empezó a musitar en voz bajita los números como si pulsase con sus torpes de dedos de anciana las teclas de la lotería de navidad.
- El nueve ... el ocho, el ...
- ¿Hija, quieres que te pida alguna cosa?
- No gracias, estoy muy bien.
- Ya no sé en que número iba.

Y vuelta a empezar, el nueve... el ocho 


Un furgón azul, con parabrisas y cristales protegidos por unas mallas de hierro, se detuvo a unos veinte metros de donde estaba Marise y la zarza, y bajaron unos hombres uniformados de azul y mientras hinchaba sus pechos, marcando sus pectorales debajo de la camisa, se ajustaban los cinturones con sus pistolas y porras.
- ¡Eh jóvenes!.¿No podríais venir aquí para ayudar a esta jovencita que se quedó encadenada en este árbol del malecón?.
Tu no te preocupes que yo voy hacer como que estoy también contigo de incógnito.
- Aja. Gracias.
Uno de los agentes se acerca junto a Marise.
- ¡A ver tu que haces encadenada al árbol!
- Está haciendo un trabajo de la universidad - dijo la zarza
- Pues no es lo que parece, parece una alborotadora.
- ¡Eh!, un poco de respeto, que estoy así porque he perdido las llaves del candado.
- ¿Quieres decir que estabas sentada junto al árbol y en un no se qué, inconscientemente se te ocurrió probar la cadena y el candado, y sin querer te has quedado enredada con la cadena y el árbol. Y has perdido las llaves del candado?.
- Caramba que señor agente más preparado – dijo la zarza.
- ¡Aja!
- Señorita voy a tener que llamar a los bomberos para que la rescaten, pero no se si sabrá que tendrá que pagar los gastos del servicio que hagan.
- ¡Como!.¡No hace falta!. Solo hace falta ir al chino a comprar otro candado que todos tienen la misma llave.
- Bueno, pues si en menos de medía hora no está arreglado tendremos que hacer nuestro trabajo y te vienes con nosotros detenida.
- Si señor agente - murmullo : -¿Me echaría una firma para que no talen los chopos del malecón?
- ¿Dijo algo?
- ¡No, nada nada!

El policía dió media vuelta y regresó junto a sus compañeros para decirles que había conminado a la manifestante que se retirase en breve tiempo y esta accedió a hacerlo espontáneamente. Marise sacó la llave de un bolsillo de su blusa y la alzó en dirección al grupo de policías, haciendo gestos de sorpresa por haberla encontrado. Abrió el candado y se puso a recoger sus pertenencias.

Marise se dijo para si, mientras la zarza insistía en ayudarla.

 - Bueno pero por lo menos la gente que me vio durante el tiempo que estuve encadenada al chopo, correrá de boca en boca que hice una protesta para que no talen de los chopos del rio.

- ¿Te enteraste que el otro día Marise se quedó encadenada en uno de los arboles del paseo del malecón? Mejor será que corten los chopos del rio para que no le vuelva pasar eso a nadie - dijo a sus amistades su inesperada acompañante la zarza.

Cuando tenía ocho o nueve años, de  niño subía a la copa de los árboles para buscar entre sus ramas los nidos de los pájaros. De todos los arboles los cipreses y los chopos son los más altos que conozco; los cipreses son intransitables por la frondosidad de sus ramas, así que subía por los chopos hasta llegar a sus ramas más altas. Desde allí se podía ver la lejanía de las cosas. Sabía que estaba más cerca del cielo por que la tierra se veía muy abajo, pero aún había que subir mucho más.

¿Y como se verá el cielo y la tierra desde un avión?- me decía.


Pasados los años, yo no sé por que, jamás me gustó ir en avión.






mvf.




miércoles, 11 de mayo de 2016

la metacognición de wigfredo


Prólogo.

En una cafetería cualquiera, en la parada del autobús, mirando las revistas del quiosco, deambulando en una tarde de octubre, caminando por la calle; o tal vez cruzando en sentido contrario un puente psicofísico entre el mundo paralelo de Marise y el mundo de la realidad, dos personas totalmente diferentes intercambian sus miradas y, al final del día, descubren sin querer que sus destinos caminan inseparablemente el uno junto al otro.

El día a día con Wigfredo.
por Marise

Cuando Wigfredo se sienta delante de un papel en blanco y acaba haciendo historias que no pretendía escribir, la responsable soy yo —iba a decir «esta pantalla en blanco», pero nuestros lectores aún no están preparados para asumir las consecuencias de abandonar el papel—.
Yo soy la que da un poco de extensión a las historias que aquí contamos y el toque femenino.

Wigfredo llega a casa, tira la chaqueta encima de… y ya se olvidó de ella hasta que un día se acuerda de que tiene chaqueta y pregunta:
—¿Viste mi chaqueta gris?
—¿Por qué? ¿Compraste una chaqueta?
—No, no. La de siempre.
—¿No será una que dejaste tirada en la habitación y ya no te acordaste más de ella? Porque un día me cansé de verla y la colgué en el armario. ¿Sabes dónde está el armario, no? Donde las personas dejan la ropa recogida…

Yo no quiero tirarme méritos, pero digamos que soy la que suda la camiseta y la que pone la lavadora en este blog.

Quiero aclarar que a mí lo que realmente me gusta es leer revistas de fotografías de color y ponerle bigotes prusianos a las mujeres. Si invento estas historias es por ayudar a Wigfredo, que es tímido y medio tonto, y para evitar que sea el protagonista de los líos en que se mete.

Ya de pequeñito Wigfredo destacaba por su manera de hablar:

—¡A ver, niños, traedme vuestros cuadernos con los deberes hechos!
—Profesora, yo tengo una prima que un día que pidieron los deberes en clase se había olvidado la libreta en casa.
—Le dices a tu prima que mañana traiga a clase veinte copias de los deberes de hoy.



Martes trece.

—Profesora, el otro día, al atardecer, mi prima pasaba con sus padres por delante del colegio, cuando regresaban a casa de pasear, y creyó ver la sombra de un niño en una de las ventanas.

—No te preocupes. Seguramente lo que te parecía un niño sería Altolaguirre, que andaría apagando las luces de las clases.

—¿Altolaguirre?

—Altolaguirre era un profesor del colegio muy cariñoso con los niños, pero a veces pasan cosas que no debieran ocurrir. A ver, Altolaguirre: que falte un niño aún tiene un pase. Se pasa una raya por encima de los nombres, en la lista de los que vinieron a clase y ya está. 

—Altolaguirre: que falte un niño aún tiene un pase. Se pasa una raya por encima de los nombres, en la lista de los que vinieron a clase y ya está. El padre llama por la tarde preguntando si su hijo vino, y nosotros decimos que no, que en la lista no aparece, y asunto arreglado. 

 Pero que le falte un brazo a un niño… Altolaguirre, todo el mundo se fija en que a un niño le falta un brazo. ¿Y cómo lo vamos a explicar si el brazo no aparece?

—¡A ver, Altolaguirre, coge un lápiz y haz el dibujo de un niño ahí, en una hoja! Lo primero que hace cualquiera al hacer un dibujo de un niño es ponerle cuatro extremidades. ¡Dibuja un niño sin un brazo! A ver, mira el dibujo que acabas de hacer. Lo primero que piensa alguien si ve un niño sin un brazo es que pasa algo.

—Altolaguirre, ¿tú tienes algún trauma infantil?

—¡Mi mamá decía que soy introvertido!

—Mira, Altolaguirre, como eres el hijo del jefe, lo que vamos a hacer es que sigas viniendo a trabajar todos los días, pero te quedas escondido en el cuarto de debajo de la escalera de la entrada, sin que te vea nadie.

 Y así, Altolaguirre se esconde en el cuarto bajo la escalera de la entrada del colegio. Por un resquicio de la pequeña puerta oblicua, cuenta los niños que entran a primera hora de la mañana y los que salen cuando acaban las clases por la tarde. Así se asegura de que no quede nadie olvidado dentro, y de que ningún niño vuelva a desaparecer sin más explicación que una raya en un papel.

  Bueno después de leer está historia os habréis dado cuenta que es mejor que escriba yo en vez de wigfredo y además si el lector no lo ha comprendido aún esta historia es para que se pueda leer sobre quien maneja la pluma y descubrir si no seremos la prima de wigfredo.



A veces hay que ver más allá de los hechos que ocurren para descubrir lo previsible que es el caos.

mvf.





jueves, 21 de abril de 2016

La nevada.




Es primeros de junio y al nacer el dia, para sorpresa de todo el mundo, las calles del pueblo aparecieron vestidas de blanco.
La nieve se amontona al lado de las aceras y sobre el cielo blanco y algodonoso de la mañana, vuela una bola de nieve en busca de su destino: alguna persona incauta que camina despistada. El panadero reparte el pan, a pesar de que un proyectil de nieve acaba de entrar de el interior de su furgoneta, con la puerta abierta para sacar las piezas que le piden; otro proyectil se estrella contra el escaparate de una tienda de ropa, rompiendo en mil pedazos; un taxista vigila delante de su vehiculo para que no le caiga ninguna bola de nieve encima de su coche limpio... pero aún así la vida continua como si nada hubiera pasado.
En el centro de salud la gente espera sentada delante de las puertas de la consulta de sus médicos.
Dos señoras ya entradas en años están sentadas una enfrente a la otra; con ellas también están un señor mayor entrado en años vestido con una chaqueta gris de lana; un marinero, lo sabemos que lo es por el rostro curtido por el mar, que tose con frecuencia; una señora con gafas gordas, distraída con la mirada perdida en el espacio y otras personas que esperan igualmente su turno. Una, la que habla, tiene un bastón arrimado en el asiento vacío de al lado; la otra, la de enfrente, espera pacientemente con unas cajas de medicinas vacías en la mano para que el medico le extienda las recetas e ir por otras a la farmacia y mientras le toca su vez escucha a su compañera.
- He probado de todo para que adelgace mi marido que come como una lima - decía la señora - probé traerle pescado pero ahora con eso de que el pescado tiene mercurio no hay quien se lo ponga en el plato. 
- ¡Menuda trapallada * cosa mal hecha sin sentido alguno – responde su compañera.
- He probado lo de hacer  comidas picantes. ¡Fatal! Le sale la almorrana y después no hay quien lo aguante que está de muy mal humor. Y él es tan bondadoso y cariñoso que es un pecado hacerlo que ande hecho un basilisco por mi culpa. Además el argentino, el párroco, en confesión me ha mandado rezar cincuenta rosarios en penitencia.
Le he hecho leer las etiquetas de los embutidos para ver si le entra miedo y decide comer menos. Eso si que funciona algo porque como deja las gafas siempre tiradas por cualquier parte de la casa se pasa media hora buscándolas y hace algo de ejercicio, y como no las da encontrado al final le tengo que ayudar yo y pierdo toda la mañana con él.
También le he escondido el mando a distancia para que no haga vida en el sofá como las marmotas; tampoco sirve de nada.
Bueno, le mando hacer cosas para que se mueva pero todo lo deja para después; y claro yo después me olvido de lo que le mandé.

Se abrió la puerta de la consulta del medico y sale el paciente que estaba dentro, lleva en la mano unas hojas garabateadas. La siguiente paciente, que ya estaba preparada junto a la puerta para cuando se abriera, entró acompañada de su nuera, una mujer joven de cara redonda, con el pelo recogido.
Cuando habían entrado las dos y se cerró la puerta de la consulta la conversación continuó:

- Como te iba contando: el otro día se me ocurrió esconderle la comida y tu crees que tardó en encontrarla, ojala encontrara así las gafas.
He probado poner la radio en una emisora de música, porque la musica activa el corazón, pero hija canta tan mal que para mi que tiene la culpa de que las gallinas pongan menos huevos, que andan amedrentadas.

Alguien que está con ellas en la espera de la consulta le propone el siguiente remedio:

- Yo leí en una revista lo de meter en una hucha veinte céntimos cada vez que vaya a pinchar a la cocina. Después ese dinero lo llevas a la parroquia para los pobres, a ver si al final acaba dejando de comer tanto con tal de no regalar el dinero.

Las tres se ríen en voz alta  hasta que una enfermera con la cara molesta asoma en la puerta de su consulta y mirando para ellas les dice chiton con el dedo en la boca.

Se hace el silencio y más apartados de nosotros, desde la espera de otra consulta, se oye que hablan de la nevada del dia de hoy y alguien en voz alta dice:
 - ¡Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo!

Ahora se vuelve abrir la puerta de nuestro medico y salen las dos personas que habían entrado antes a la consulta. Pero ahora no entra nadie. La gente espera para que salga el medico con el listado de los pacientes para decir quienes son los cinco siguientes.

La gente permaneció en silencio hasta que salió el  Doctor con unas hojas y un lápiz en la mano. Entre las hojas lleva la lista de las personas que tienen cita para hoy. Tarda unos minutos y señala a la señora del bastón - Primero vas tu Laura - continua - Después vas tu - señaló al hombre de rostro curtido por el aire del mar, que no paraba de toser ... continua hasta que llega al quinto de la lista y sin mediar palabra señala a la señora  que estaba sentada enfrente de nuestra locutora.
Nuestra señora se levantó con la chaqueta en el brazo, cogió el bastón para ayudarse y entonces el marinero carraspeó para llamar su atención, antes de que entrara en la consulta, y cuando miró para él, con su voz ronca lo suficientemente alta para que la oyera, le dijo:


- ¿ Señora, probó Vds. esconder la dentadura de su marido?




mvf.











miércoles, 13 de abril de 2016

Para que estamos aquí - A los defensores de nuestras letras



Aqui se mueve todo, hasta la Ñ se ha pegado con la N.

La culpa la tiene Google que quiere que las dos letras ocupen el mismo lugar y por ahorrar una banqueta acaban todas peleadas en la casa.

¿Y por que no va tener un sitio cada cual ?

 Las he puesto a las dos de cara a la pared. - Por las dudas, las dos al rincón - Pero siguen ahi con la riña y después, cada poco tiempo hay que pintar la pared que la dejan hecha un asco.
Y claro, si pintas una pared, tienes que pintar las demás. Inevitable.

Bueno. En fin, porque el Google quiera ahorrar espacio los demás tenemos que hacer más gasto.

¿Tu sabes el mal ambiente que hay en el teclado?

Unas defensoras de la Ñ y otras defensoras de la N

¡Pero por favor!

Tiene que haber un lugar en este mundo para cada cual. Y sino que se lleven a Mario Vargas Llosas de España que en vez de defender nuestras letras se dedica a ser la comidilla de las revistas del corazón

Fin.


jueves, 24 de marzo de 2016

Cosas que son para siempre.


Ni dieciséis, ni dieciocho, de aquellas tendría diecisiete años y vestía como los hippies. Llevaba un collar de conchas, atadas con una cinta de cuero, que descansaban sobre mis pechos; una blusa de flores que me llegaba hasta los pies y gafas redondas con cristales de color; tenía un pelo ondulado y largo que iba recogido por encima de la frente con una cinta que llevaba en la cabeza; y tenía un novio que siempre estaba fumado. Yo creo que ni se enteró que fuimos novios.
Cuando pude lo cambie por otro que leía a Louis Althusser y le gustaba Paco Ibañez, que cuando lo veía echaba a correr y me pasaba todo el día llorando sin salir de casa, encerrada en mi habitación; así que me inflaba a comer pasteles que era lo único que me servía de consuelo. 
Al final, cuando ya estaba harta de llorar, tuve un golpe de suerte en el cumpleaños de una amiga y lo cambie por otro novio que siempre estaba en una esquina llorando y le gustaba leer ciencia ficción.
Unas veces por que su padre, que tenía muy mal genio, le había pegado; otras veces por que le había pegado su hermano pequeño que era como su padre; y otras por que su madre le había pegado para que no fuera neneza.
Se sentía muy abandonado y una vez que estaba muy desolado, me dijo que si había pasado un platillo volante sobre la tierra y habían perdido un niño extraterrestre en este planeta, ese era él. Lo que nunca comprendí es como habían podido decidir sus padres que fuera era hijo de ellos.
Era muy educado y hacíamos una pareja perfecta. Cuando ponía su mirada afligida y perdida, yo ya tenía en mi mano uno de mis apuñuelos, que me acostumbré a llevar en el bolso de esparto que colgaba de mi hombro, y llorabamos juntos.
 Recuerdo una vez que ibamos de paseo y paramos delante del escaparate de una pastelería. Me miró afligido y arrancamos a llorar a trapo mirando los pasteles a traves del cristal, y una señora que salía de pastelería, al vernos llorando tan desconsoladamente, nos dio unos pasteles que terminaba de comprar.
¡Y como llorábamos aquel día con la boca llena de pasteles!

Llegué a la universidad. Alguien trajo un tocadiscos al piso en el que viviamos de estudiantes. Poníamos a Cat Stevens, Paco Ibañez  y Juan Manuel Serrat. Aunque mi favorito era uno de Georges Moustaki en directo que no sabíamos quien lo había traído.
 Vestía pantalón vaquero y camisas blancas de lino. Llevaba zapatos cunfu, y ya había cumplido la mayoría de edad.
Teníamos de vecinas unas ancianitas, en el piso de arriba, que no paraban de golpear el suelo con el bastón cada vez que poníamos música. Y menuda fuerza que tenían.
 Como tenía clases por las tarde, amigas me dejaban vigilando en el piso a sus novios, para que los cuidase mientras iban a clases. Era eso o permitir que se levantasen a desayunar y saquearan la nevera.
Tuve otro novio. Lo conocí en una manifestación del 1 de mayo, el iba por el centro de la calle gritando, y yo por la acera, Cuando apareció la policía nacional y echamos a correr, escapando nos metimos en el mismo portal, y de allí ya salimos a tomar  unos tigres en el Franco.


Ese día no paró de llover. Alguien había
traído un disco de Jose Afonso y nos hizo compañía.

Em cada esquina, um amigo
Em cada rosto, igualdade
Grândola, vila morena
Terra da fraternidade “


estuvo sonando toda la tarde y parte de la noche.

Vino la policía nacional y nos llevó a todas las que estábamos en el piso, con sus novios, detenidas en una furgoneta gris.
Nos soltaron por que se habían equivocado de piso.
Las ancianitas llamaron a la comisaría diciendo que a quienes habían denunciado era a los que tenían en el piso de arriba; y no podían levantar el brazo para golpear con el bastón en el techo.

Conmigo iba detenida también la hija de nuestro alcalde y de regreso a casa, tomamos un café con leche y unos pasteles en una cafetería para quitarnos el susto. Pagó ella y me hizo jurar que nunca habíamos estado juntas detenidas en la comisaría y para mantener las apariencias desde esas no volvimos a hablarnos más.

mvf.