María Gabriela vivía en el pueblo en una casa alquilada, con otras personas
originarias de Venezuela que vinieron en busca de trabajo a España, por
que su país, grande y rico, se arruinó por el mismo tipo de gente
avariciosa, ruin y carente de
escrúpulos que tenemos aquí, y cuando le llegó el recado, aceptó gustosamente el trabajo.
Al día siguiente, de la boda de la hija del taxista, le envió la respuesta a Mariví, diciéndole que estaría encantada de
coger el trabajo, y al cabo de dos días, con las pocas pertenencias que tenía,
ya se había traslado a la casa de las ancianas. Allí tenía preparada para ella sola una habitación más grande que la que compartía con otra mujer, donde vivía.
Luisa Fernanda y María Gabriela eran completamente diferentes en muchas
cosas. Luisa Fernanda era una mujer alta, delgada, de piel blanca y pelo rubio,
y mirada fría. María Gabriela, sin ser tan alta poseía un cuerpo con exuberantes formas femeninas y
pechos generosos, su pelo era negro y su piel era de un dulce color moreno que
muchas mujeres de piel lechosa tratan de imitar llenando su cuerpo de
bronceadores y rayos ultravioletas; y sus ojos eran limpios y estaban llenos de
fraternidad. Si Luisa Fernanda tenía una voz dulce e hipnótica con la que
atraía a los hombres para poder hacer con el sus caprichos, María Gabriela
tenía un físico despampanante y una atracción sensual con la que conseguía
igualmente que los hombres se rindieran bajo sus pies; y con este motivo se
fueron produciendo roces que convirtieron en odiosa la convivencia entre
las dos mujeres, en la casa de la bisabuela.
La situación empeoró cuando el argentino pidió a María Gabriela que le
explicase cómo funcionaba la lavadora.
- ¿María Gabriela, vos no pensás que la lavadora es un gran invento para
media humanidad?
Luisa Fernanda, a pesar de que era una mujer fria y calculadora, perdió su compostura y cayó en el
mundo de los celos.
- ¡Vos lo dije y no me hicisteis caso. Era mejor contratar una rusa!
La convivencia se fue agravando aún más, día tras día, hasta que después de una disputa por quien metía la
ropa de Carlos Alberto en la lavadora, los argentinos revelaron que Luisa
Fernanda no era la hija de Carlos Alberto, sino su amante, y dando un portazo
en la puerta de la casa, dejaron las ancianas con la boca abierta, diciendo que ser marchaban de la casa que los había acogido, para regresar de vuelta a su país.
-¡ Luisa Fernanda, tan pronto como bajemos del avión en Buenos
Aires, te voy
invitar al Coca-colero a comer un choripán con chimichurri.
La partida de Luisa Fernanda y el argentino sirvió para centrar las cosas en
la casa de la bisabuela, porque María Gabriela, que acabó quedando viviendo
sola con las dos ancianas, no estaba hecha para vestir santos, y al tiempo
comenzó a dejarse atraer y tontear con Roberto, el único hombre, que algunas
tardes venía a casa a visitar a las ancianas; y este se mostraba sensible y
confiado a las lisonjas que recibía de la hembra, pues el contacto de la cara
de Roberto contra sus pechos, cuando esta había apretado su cabeza contra ella,
habían despertado en él sus instintos filiales. Y por detrás estaba Mariví, la
hermana de Roberto que veía, en infinidad de
detalles insignificantes, que estaban hechos el uno para el otro.
La intención de Mariví era buena: ella pensaba en el tercer mandato de los Menciños y no quería ver a su hermano con romances ocultos dentro de un armario. Y consiguiendo una pareja para su
hermano, vio la manera de evitar que en algún momento los ojos de las madres con
hijas casaderas se pusieran encima de la soltería de su hermano, y de que una rencilla de celos pudieran acabar destruyendo la unión de los Menciños.
Una de las tardes que Roberto fue a casa de la su bisabuela, hubo una avería en la instalación eléctrica de
la casa y las ancianas al ver que iban estar sin luz hasta el día
siguiente, le pidieron a Roberto que pasara la noche con ellas, porque se
sentían más seguro sabiendo que había un hombre en la casa.
La planta alta de la casa tenía un largo pasillo con cinco habitaciones, un
cuarto de baño grande y un servicio pequeño.
Roberto, no teniendo costumbre de dormir fuera de su cama, no concilió el sueño y ya entrada la noche se levantó de la cama y salió de su habitación para ir al
servicio; de regreso a su habitación, Roberto una persona educada y nerviosa, como eran todas iguales las puertas de las habitaciones que daban al pasillo, en la obscuridad se equivocó y entró sin querer en la
habitación de María Gabriela y creyendo estar en su habitación se metió dentro
de la cama.
María Gabriela despertó en medio de la noche y al encontrarse a Roberto con ella en la cama, se alegró de que hubiera un hombre en la casa y para reponerse del susto no dudo en hacerlo suyo.
.
A la mañana del día siguiente, aunque los accidentales amantes trataron de hacer
ver que nada había ocurrido, todo el mundo se dio cuenta en la sonrisa que tenía la cara de Roberto en que algo había
cambiado durante la noche.
- Come mi amor antes de ir al trabajo, estas arepas con mermelada que te acabo
de hacer - dijo María Gabriela.
No fue un matrimonio a la vieja usanza, ni tampoco un matrimonio de
conveniencia, simplemente, llegado un momento María Gabriela se fue a casa de
Roberto y las zarzas dieron por bien hecho lo ocurrido.
- Cuando era joven, si me hubiera ido a vivir a la casa de un hombre sin pasar por los altares, mi padre me hubiera molido las costillas a palos - dijo una de las zarzas.
- ¡Son jóvenes y viven la vida moderna. Y no se hable más! - dijo la
bisabuela.
mvf.
sábado, 11 de febrero de 2017
No son como nosotros 9- En la casa de la bisabuela
miércoles, 1 de febrero de 2017
no son como nosotros 8 Maria Gabriela
Asistían al banquete cerca de doscientas personas y mientras no llegaban los novios, que habían marchado de la iglesia para hacerse fotos al lado del mar, muchos de los invitados habían pasado ya para el comedor y se habían ido sentando agrupándose con la proximidad de sus conocidos; otros estaban haciendo la espera bebiendo vermú u otras bebidas en la cafetería o continuaban hablando fuera, sin entrar aún.
Llegó el Seat 1500, el taxi antiguo del padre de la novia, que tantas veces había hecho el viaje a la Coruña o a otras capitales de España, llevando vecinos por motivos de trabajo o para ir ver la familia, con motivo de algún bautizo, algún hijo que había tenido que emigrar y que no podía venir a España ...; varias veces había cruzado la frontera para llevar alguna cuadrilla de gente a trabajar a Francia o para llevar de regreso algunos vecinos que habían venido a pasar las navidades con sus familiares; alguna vez, también había ido al extranjero para ir ver jugar fuera de España a la selección de fútbol.
Llegado un tiempo el coche se quedó viejo, pero el padre de la novia, en vez de mandarlo al desguace, lo había dejado en un granero, y con el paso del tiempo, un buen día se decidió a restaurarlo. Buscando piezas en los desguaces y dedicándole muchas horas de tiempo libre había conseguido repararlo cuidadosamente restaurándolo en los más mínimos detalles y en el día de hoy había pedido a un amigo, también taxista como él, y que en alguna ocasión había participado en su restauración, que lo condujera para él en la boda de su hija.
El coche aparcó frente a la entrada principal del asador. El conductor bajó y con sus manos, con guantes blancos, abrió la puerta para que salieran del coche los novios. Al verlos los presentes, los novios fueron recibidos con aplausos y algún grito lanzado al aire.
- !Vivan los novios!
Venían cansados y hambrientos, y sin más dilación pasaron por entre la gente de la entrada, y se dirigieron al comedor, para ocupar sus sitios vacantes en le mesa principal. Detrás de ellos entraron también al comedor el resto de invitados que faltaban.
Una vez que los novios se sentaron, a una señal de la hija de la bruja, la dueña del negocio, y bajo su atenta mirada, seis mujeres empezaron a correr de un lugar otro para servir a los asistentes.
Una de las mujeres era Maria Gabriela, que llevaba una de las bandejas, con las vieiras al horno que salían de la cocina, para servir a los asistentes del banquete nupcial.
Los novios estaban sentados, en la mesa de la cabecera, con sus padres a los lados. Cerca de ellos, a la cabeza de los invitados, estaba sentado el Alcalde, con el médico y el cura del pueblo; estos últimos asistían con él a cuanto acto se invitaba al Alcalde.
María Gabriela era venezolana. Era una mujer exuberante de casí un metro ochenta de altura y algo patosa para servir de camarera, aún así hacía su trabajo con la misma diligencia que sus compañeras; entraba y salía de la cocina con la bandeja repleta de la comida y no tardaba en regresar en busca de más comida, llevando la bandeja vacía.
Se acabaron las Vieiras y empezaron a salir las cigalas, detrás vinieron las almejas. y durante ese trajineo, de ida y ven, muchos de los presentes varones empezaron a fijarse en María Gabrielas y a seguir con sus ojos los movimientos de María Gabriela; los hombres que habían tenido la suerte de que se acercará junto a ellos ese cuerpo de mujer para servir la comida en sus platos, esperaban ahora anhelantes para que volviera regresar con otras viandas.
Uno de los ojos que perseguían los movimientos de María Gabriela eran los del crápula del medico, que le miraba lascivamente, sin saber que desde el otro extremo de la mesa Mariví, la hermana de Roberto, irritada no le quitaba el ojo de encima.
Cuando regresó de nuevo a la mesa para servir las almejas, mientras servía en el plato del alcalde, María Gabriela se fijo en como la querían comer los ojos del medico y por una mala costumbre que había adquirido de mujer coqueta, inclinó su cuerpo un poquito de más, para que se entreviesen sus senos turgentes y dejar vislumbrar, fuera de su alcance, la belleza que tenía burlándose de las miradas lascivas del médico, y sin darse cuenta, ni poder evitarlo, la bandeja de las almejas se inclinó de tal manera que la mayor parte de su contenido resbaló cayendo encima de las piernas de Roberto.
Roberto, cuando le cayeron las almejas con su salsa encima de las piernas, se puso inmediatamente de pie dando un grito, ante la sorpresa de los asistentes que estaban sentados próximos a él.
En ese momento, bajo las miradas furibundas que le lanzaba la jefe del restaurante por lo que había hecho, a María Gabriela le entró pánico y no se le ocurrió más que abrazar a Roberto, metiendo la cabeza de nuestro alcalde entre sus pechos, para ocultar lo ocurrido, mientras le pedía perdón, entre sollozos, dándole besos en la cabeza.
Después de esto María Gabriela fue mandada que no saliese de la cocina.
El banquete continuó hasta el final, momento en que el padre de la novia, se levantó y encendió un puro delante de los asistentes en señal de satisfacción por haber casado a su hija.
Antes de marchar, Mariví mandó recado a María Gabriela para que no sufriera por el accidente ocurrido, y para que le preguntaran si querría ir a trabajar de asistenta a la casa de la bisabuela.
Y así fue como María Gabriela pasó a formar parte de nuestra historia.
mvf.
miércoles, 18 de enero de 2017
No son como nosotros 7 La boda.
La boda de la hija del taxista quedó fijada para el San Antonio, el trece
de junio, y el banquete en el asador de la hija de la bruja. Hasta
llegar ese día, el párroco obligó a los novios a hacer la catequesis
y colaborar como voluntarios de la iglesia, para enseñar a sus amigos a
levantarse, sentarse y arrodillarse mientras se oficiaba la misa.
Los amigos, que eran de la pandilla de los del puerto, se negaron
en un primer momento pero finalmente decidieron colaborar a cambio de unas cajas de cerveza. Y el cura al enterarse del acuerdo aprovecho también para hacerles ir todos los domingos a misa, hasta el día de la boda.
Después de lo hablado en casa de la bisabuela, los argentinos fueron por las tardes al ciber
del bar del pueblo, y con mucha discreción empezaron a buscar una
mujer casadera que fuera conveniente para casar a su primo gallego.
- Camarera, por favor, sabría hacernos dos choripán con
chimichurri y dos infusiones de mate, como se hace en Buenos Aires?
- ¿Señorita usted estuvo en Buenos Aires alguna vez?
Después de varias tardes en el ciber dieron con una rusa por interné que aunque no
cuadraba dentro del perfil matrimonial tenía unos precios muy
competitivos que podría interesar a las partes. Así que se reunió
la familia en la casa de la bisabuela para oír hablar lo que habían encontrado los
argentinos.
La bisabuela, al oír la propuesta, puso el grito en el cielo
porque la rusa para venir a España no quería hablar de matrimonio,
sino que quería un contrato con vacaciones y dos pagas extras al
año. Y además cobraba un plus por acto.
Roberto dijo que por esa parte no habría problema por que a él
casi siempre le dolía la cabeza por las noches.
Pero aún así, un contrato laboral, no les parecía nada competitivo en precios.
Los argentinos, sin reparar en gastos, regresaron al ciber y siguieron buscando en internet una mujer que quisiera un contrato matrimonial.
- ¡Camarera por favor nos pone dos choripan, con mucha salsa chimichurri, y una ración de
patatas fritas con mayonesa y sal, como lo hacen acá!
Mientras tardaba la búsqueda de la media naranja, comenzó a
producirse un gran nerviosismo en el entorno del alcalde, que llegó
a afectar a los trabajadores del ayuntamiento con grave riesgo de
perjudicar a los asuntos de los vecinos.
Desconociendo que la depresión que últimamente mostraba Roberto en el trabajo venía por las calabazas recibidas de su
prima de Argentina. Los trabajadores del ayuntamiento, viendo el estado de decaimiento de su regidor, creyeron que pronto podría ocurrir algo grave en
la alcaldía. Incluso los trabajadores temporales llegaron a temer que se fuera a
realizar una oferta de empleo publico que consolidara los puestos de
trabajo en el ayuntamiento pues tenían
arbitrado un sistema de contratación, de tal manera que ahora
trabajaban en el ayuntamiento unos y cobraban del paro otros, y
después lo hacían del revés, con el que rotaban por turnos los
contratos entre los afines del partido y con la consolidación de la plantilla se terminaría con esta esperpéntica
situación que ocurre en la mayoría de las administraciones locales
gallegas.
- ¡Pues yo, si en Menciños consolidan los puestos de trabajo, y en el ayuntamiento donde trabaja mi primo, no; voy ir al defensor del pueblo a denunciar que todos tenemos los mismos derechos! - decían algunos.
Con todo, llegó el trece de junio, el día de la boda. El taxista
era hijo de un primo lejano de la bisabuela y la familia fue
invitada a ir a la boda de la hija. Roberto, tenía el doble
compromiso de asistir: como alcalde y como familiar, así que,
incluidos los argentinos, todos fueron a la boda de la hija del
taxista.
Los novios llegaron a la iglesia en un viejo taxi, un Seat 1500, con los cromados relucientes bajo el sol, de sus aristas.
Los amigos de los novios, como ya habían superado el cursillo de los gestos en la misa, no quedaron fumando fuera de la iglesia.
- ¡Cuando yo me case, me casara el alcalde, por lo menos ese no me
hace ir a la catequesis!
Las zarzas, también invitadas a la
boda, ese día en la iglesia
tomaron nota de todo cuanto dijo el cura que casaba y dieron un repaso a la vestimenta de los novios.
Dieron el «sí, quiero», sonó la
música de Schubert y los novios salieron recién casados de la iglesia.
Sus amigos, en el exterior, los recibieron con una lluvia de arroz, en
señal de fecundidad, prosperidad y buena suerte. Pasaron entre los
teléfonos, que no paraban de hacer fotos. Corrieron hasta el viejo taxi
Seat 1500, donde les esperaba el conductor, vestido con traje y gorra
negros, con la puerta abierta sujeta por sus guantes blancos. Se
metieron dentro del vehículo y salieron disparados hacia las
inmediaciones del faro, donde están las piedras que hablan; allí les
esperaba un fotógrafo para hacer las fotos de recién casados.
Mientras tanto, la gente de la iglesia empezó a marchar hacia el banquete que les esperaba en el asador de la hija de la bruja.
El
último en marchar fue el cura, que se quedó para abrir los petos de las
ánimas. Después se quitó la vestimenta de dar misa y casar a los
novios, cerró la iglesia atrancando las viejas puertas de castaño y echó
el cerrojo con una pesada llave de hierro. Al final, apareció en el
lugar del banquete.
Y en el asador de la hija de la bruja fue donde hizo su aparición Maria Gabriela.
domingo, 8 de enero de 2017
no son como nosotros 6
- Por favor a que hora viene el colectivo * bus que va para Menciños?
- Viene demorado.
- ¡Ah, demorado, lindo color! ¿pero a que hora viene el colectivo que va para Menciños?- volvió a repetir la pregunta al hombre de la taquilla, en la estación de buses
Tenía un timbre de voz semejante a una campanilla que arrastraría a sus pies a cualquier hombre que llamase por su nombre. Sus manos blancas tenían unos dedos tan finos que parecían de porcelana. Era alta y delgada, y vestía un traje negro, con una cazadora de cuero, llevaba unos zapatos de tacón de aguja que hacia su figura mas alargada, y tenía una mirada fría que hacia temer que escondiese un látigo de cuero para castigar a quien osase contrariarla.
Cuando llegó el bus para Menciños subió al coche y el colectivero * conductor no le cobró el billete.
Los primeros días en Menciños estuvieron cargados de felicidad. Hasta Carlos Alberto mostró cambios con la llegada de la hija: como era el primero en levantarse, hacia el café y preparaba el desayuno para todos.
Por la tarde después de torrar los dos, cada uno en su habitación, se levantaban a la seis.
¿Luisa Fernanda me haces un choripan con salsa chimichurri, como se hace en Buenos Aires?
Y veían los dos las noticias de la tarde en la tele.
- ¿ Acá no se habla nada de Buenos Aires?
Las ancianas, madre e hija, viendo lo unidos que estaban los dos comentaban lo bien que se llevaban padre e hija, y el caso que le hacía este atendiéndola en todo cuanto le pidiese.
- No está bien que le haga tanto caso a la hija. Si el hombre no obedeciera a la mujer Adán no hubiera comido la manzana que le ofrecía Eva - decía la bisabuela
- Si, es que tenemos que estar nosotras en todo - apostillaba la hija.
Cuando Roberto conoció a su prima lejana de la Argentina empezó a llamar constantemente y a frecuentar la casa por la tarde; y hasta traer presentes como señal de arrepentimiento de haber tenido hasta ahora, a su bisabuela y a su tía abuela, con la que vivía la anciana, abandonadas.
Pero el amor es como es, y a pesar de la alegría de las dos mujeres ; que daban por hecho el traslado de la vida social del ayuntamiento, a la casa, por tener viviendo con ellas a la futura primera dama; una tarde Luisa Fernanda se plantó, antes de hacer el choripan para Carlos Alberto, y dejó bien claro que por mucho alcalde que fuera Roberto su amor no era correspondido.
Mariví fue a visitar a su hermano al ayuntamiento, y al lado de un busto, que alguien había dejado arrinconado mirando a la pared, habló con estas palabras a su hermano:
- Mira Roberto, con lo bien que estabas como esos alcaldes de la capital, tan bien peinados y con carita de niña, que no han roto nunca una flor; y vas ahora y te enamoras. Un alcalde enamorado puede traer muchos problemas al pueblo así que hay que mirar como te enamoriscas.
Puestos a casarse había que buscar para Roberto una mujer de Menciños. Así que se reunió toda la familia para buscar una solución al problema:
- ¡Pero solo está la hija del taxista y se va casar que ya tiene novio!
- ¡Pues se rapta y ya está!. Ya veras como lo hace hombre en nueve meses. - dijo la bisabuela.
Y para esas cosas del amor los argentinos son mas avanzados que nosotras las del pueblo y dieron la solución al problema:
Buscar una mujer para Roberto por interné.
mvf.
viernes, 30 de diciembre de 2016
no son como nosotros 5
Cuando Carlos Alberto se enteró de había llamado la familia de España no tardó en devolver la llamada al viejo mundo.
- Tía abuela, aquí las cosas en la Argentina están muy mal, voy para allá para España.
La tía abuela, pensando en que la llegada del hijo de su hermano daría un poco de alegría a la vida monótona que llevaban, no dudo en responderle que viniera cuando quisiera, que en Galicia tenía su casa.
Carlos Alberto partió para España de inmediato y entró en la casa de su bisabuela, acompañado de dos maletas de cuero con remaches. Y continuó la vida en Menciños.
El argentino era un hombre madrugador. Se levantaba a las siete de la mañana, antes de que cantase el gallo.
- ¡Pero para qué. Si no hace falta! . ¿Acaso le va dar cuerda al gallo? - decía la bisabuela.
La tía abuela al oírle deambular se levantaba para hacerle el desayuno.
Después de unas palabras entre los dos:
- Sos un encanto tita.
El argentino se duchaba y continuaba sus idas y venidas por la casa, sin hacer nada.
A la hora de la comida se sentaban los tres en el comedor, de donde se despedía educadamente, al terminar de comer, para regresar a su habitación:
- ¡ Voy torrar, titas !
Carlos Alberto echaba la siesta hasta las seis de la tarde, hora en que se levantaba, salía de la habitación y se volvía a duchar.
- ¡Va acabar secando el pozo!-
Al terminar, pedía que le hicieran un bocadillo que acompañaba con un vaso de vino.
- ¿Tía abuela me hace uds un "choripan" para la merienda?
Y merendaba viendo en la tele las noticias de la tarde.
-¡ Acá no se habla nada de Buenos Aires!
Con esta vida plácida y rutinaria, los días iban pasando en la casa, hasta que una mañana al argentino se le escapó un suspiro.
- ¡Sigh!.
-¿Te pasa algo Carlos Alberto?
- Nada tita, no es nada.
Pero algo pasaba y los suspiros fueron en aumento.
- ¡Ains!
Finalmente, una las tardes en que venía la hija de la tía abuela a casa, para ver que necesitaban y hacerles la compra, las tres mujeres le prepararon una encerrona y tuvo que confesar el motivo de sus suspiros:
Carlos Alberto tenía una hija que había dejado allá en la Argentina y que extrañaba muchísimo.
Entonces decidieron pagarle el pasaje y traer a la hija para España; pensando en que una mujer joven ayudaría en la casa.
Pero cuando llegó Luisa Fernanda comprobaron que la hija era una mujer muy guapa, pero que no sabía poner una lavadora.
mvf.
lunes, 26 de diciembre de 2016
no son como nosotros 4
Roberto no tardó en mostrar sus grandes aptitudes para que los problemas se arreglasen solos. Avanzaba su mandato y como los asuntos del ayuntamiento iban yendo a mejor la gente empezó a agradecerle que las cosas no se agravasen con la intervención de terceros.
Viendo como la peculiar gestión publica del laissez faire de nuestro amigo engordaban los donativos para las arcas del partido, los mandamases decidieron que se le invitase al reparto de la tarta, para que se manchase las manos y tenerlo cautivo como estaban todos, y así empezaron a llegarle las mordidas.
Tan grande era la tarta que a Roberto empezaron a sobrarle las mordidas y como el dinero no se podía guardar en el banco, ni se podía cambiar el ritmo de vida gastandolo a manos llenas; por no destacar sobre sus vecinos, casi todos pensionistas de la agraria, Roberto decidió guardar el dinero en un lugar bien seguro. No tardó en dar con el lugar apropiado en el desván de la casa, debajo de unas tablas del piso del suelo y allí fue escondiendo el sobresueldo que sacaba hasta que llegó el final de su mandato.
Roberto volvió a ganar las siguientes elecciones.
Como en Galicia superando el segundo mandato en cualquier cargo publico se convierte uno en cacique de por vida, Mariví aconsejó a su hermano no desaprovechar la ocasión y para ello debería tener contenta a la familia.
Nada mejor que comenzar con una buena fiesta.
Aprovechando la ocasión de que la bisabuela iba cumplir ciento cuatro años decidieron hacer un cocido por todo lo grande en la casa de la tía abuela y la hija, donde vivía la anciana, y reunir allí a todos los Menciños.
Y la comilona se organizó.
Se comieron de entrantes: tortilla de patatas con huevos de gallina de mos, torreznos de cerdo celta, jamón de la cañiza, y pulpo de la ria; después: ternera cocida y cabrito asado hasta hartar; y para finalizar de postre: filloas* crepes a las que se añade una cuchara de sangre, cañas fritas rellenas de crema, brazo de gitano y tarta de Santiago.
Los vinos tintos los trajeron de monforte, de las mejores bodegas de la ribera del sil. Y esto porque alguien de los Menciños fue a trabajar a la Teixeira, municipio vecino de Castro Caldelas, y allí conoció los vinos tintos de Galicia; que los señoritos de la Coruña son muy dados a hablar gallego y beber Ramón de Bilbao.
Durante la tertulia hasta la hora de la cena; donde no faltó café, coñac y tabaco rubio de la ría; los Menciños renovaron sus alianzas familiares haciendo memoria de los lazos de parentesco por los que estaban unidos, acordandose también de los familiares ausentes de este mundo: de los que estaban en el más allá y de otros que estaban en el nuevo mundo, y en especial se acordaron de un tío abuelo que había marchado a la Argentina y no se tenía muchas noticias de esa parte de la familia.
Ya hace años este tío abuelo había mandado una carta y un libro encuadernado en cuero, preguntando por los de acá, titulado el gaucho Martín Fierro, de José Hernández, que había pasado por distintas manos de los Menciños, sin que nadie leyera una poesía de su interior porque estaba en argentino; y había un número de teléfono por detras de una de las pastas.
mvf
miércoles, 14 de diciembre de 2016
no son como nosotros 3.
Lo que aquí se narra podría herir la susceptibilidad de algunas personas, no obstante a nosotros nos deja perplejo el contraste entre la sensibilidad hacia el sacrificio animal, y la falta de sensibilidad, en la sociedad actual, ante la explotación de personas que no tienen nada más que su mano de obra para ganarse la vida.
Cuando se supo que Roberto de los Menciños iba de candidato para alcalde, por un importante partido de la administración gallega, la gente se sorprendió bastante; pero así que arrancó la campaña electoral, la gente maliciosa dio por decir que Mariví tenía un amante en la capital, porque una de las zarzas, que ya era la más mayor de aquellas, cuando iba al hospital provincial acompañada con la hija, habían ido sentadas en el asiento de atrás, el mismo día, en el autobús de la Coruña.
Casualmente Mariví había coincidido con la zarza en el autobús que va a la Coruña, cuando iba a la capital a cerrar el trato, dando a alguien en mano doce mil euros, para que su hermano fuera de candidato para alcalde en el pueblo.
Con la primera pegada de carteles de los partidos políticos, toda la familia de los Menciños se puso en marcha.
El tío Andrés, de los Menciños, tenía un tractor con el que trabajaba todo el año haciendo distintas labores de campo en la comarca, pero desde San Martín a San Antón* - once de noviembre a diecisiete de enero - era el matarife en las matanzas del cerdo.
Llegaba a la casa donde se iba hacer la matanza a primera hora de la mañana, y después de tomar una copa de aguardiente se dirigía al establo, donde entraba, y con un gancho que clavaba por debajo de la mandíbula del animal lo arrastraba hacia el exterior; ahí era tumbado en una tabla por varios hombres, y sin perder el tiempo le introducía un cuchillo largo entre el cuello y la clavícula, que en su trayecto en el interior del pecho le seccionaba la aorta y partía de manera certera el corazón al animal, que moría en el acto. Hecha esta operación quemaban el animal y lo rascaban para dejarle la piel sin cerdas y al terminar colgaban el cuerpo del animal en una viga, sujeto por los talones, boca abajo, donde lo abrían en canal para sacarle las vísceras. Una vez limpio quedaba colgado veinticuatro horas. Al día siguiente, el cuerpo bien desangrado y seco por el frio de la noche, era descolgado y se descuartizaba en distintos trozos; unos iban para hacer embutidos o para el congelador, y otras partes, como las patas delanteras y los jamones, para meter en salmuera y después colgar a secar en la bodega. Tenía un ojo especial para tener el tiempo justo en salmuera los jamones, las costillas u otras piezas de carne, o para mezclar la carne picada con el pimentón, el sal y el orégano y hacer la zorza para los chorizos; ahumaba con laurel y roble los embutidos y ayudaba en otras actividades que pudiera hacerse relacionadas con la matanza.
Era un personaje muy social, querido por todo el mundo, pues donde iba a trabajar se paraba detenidamente en la bodega de cada casa, cobrando muchas veces con el vino servido el trabajo realizado.
Siendo las elecciones en el mes de mayo, el tío Andrés, montado en su tractor, no paró de trabajar durante todos los días que duró la campaña electoral, y visitó todas las casas de la comarca recordando sus trabajos realizados y pidiendo el voto para su sobrino," que era incapaz de hacer daño a nadie."
Llegado el día de las votaciones, aunque el tío Andrés no fue a votar, que se olvidó, Roberto fue elegido alcalde por aplastante mayoría.
mvf.