martes, 24 de febrero de 2015

el chihuahua


Las Esparraguesas eran conocidas en el pueblo por su devoción a la misa. Alguien, probablemente debido a la estatura alta y delgada de las mujeres de esa familia, había querido ver en ello el parecido a ese insecto, y las apodó con el nombre que en Galicia se le da a la mantis religiosa.
 - La mantis cuando está al acecho con sus brazos recogidos preparada para atrapar a su presa, parece que está rezando,  y  por esa similitud se le llama mantis religiosa e incluso en algunos sitios de latinoamerica, a la mantis se le llega a llamar santateresas.

- ¡Ahora mismo me adelantas  a la esparraguesa!.

- ¡Aja! -  respondió el sobrino de la tía la rica.

El sobrino obedeció inmediatamente pisando el acelerador a fondo, y coche aumentó su velocidad recibiendo sus ocupantes un pequeño tirón contra el respaldo de los sillones.

Así empezó la carrera para alcanzar el vehículo de la esparraguesa.

- ¡Pero que se habrán creído las esparraguesas!

Los dos coches se pegaron casi el uno con el otro. Entraron en una curva y chirriaron las ruedas de los vehículos. Al salir de la curva el coche perseguido volvió a distanciarse.

 - ¡ Pero adonde irá así, esa loca con tanta urgencia!.

El cuerpo de la tia la rica se inclinaba de un lado al otro del vehículo, en las curvas.

- ¡Aja!.
-  Que tanto aja, que pareces un loro. Conduces como las moscas, y mírame cuando te hablo - gritó la tía la rica ofuscada, sin saber lo que decía.

El sobrino de don Sebastián ladeó la cabeza para mirar a su tía y en ese instante el coche se precipitó por un  terraplén, dando vueltas de campana, mientras el coche de la esparraguesa se perdía en la distancia sin darse de cuenta de lo que había pasado.

Ese dia falleció el sobrino de don Sebastián mientras que la tía la rica salió vivita y coleando sin parar de echar pestes contra la esparraguesa y la afrenta que cometió adelantándoles a toda velocidad, sin mostrarles respeto alguno.

La esparraguesa y toda su familia, enteradas de la desgracia, y la culpa que se les atribuía, se acercaron enseguida a la casa de la tia la rica, para mostrar, apenadas y compungidas, disculpas por la culpa que pudieran haber tenido en el accidente, y explicar con gran dolor el motivo por el que la Fina, la más delgada de las esparraguesas, corría tan precipitadamente sin parar el coche para saludar: 

- que corría urgentemente al veterinario porque se había sentado encima de su perrito chihuahua esmagándole  una pierna.

Las esparraguesas no pararon de rezar oraciones para ayudar al alma del difunto sobrino, y colaboraron en todo lo que pudo ser durante el sepelio y hasta cuando se llevó al cementerio el féretro, con el cadáver del sobrino para ocupar el lugar vacío del ausentado don Sebastián, la tía la rica caminó apoyándose en el brazo de la madre de las esparraguesas.

Asistió mucha gente al entierro del sobrino de don Sebastián, y todos oraron mientras la tía la rica lloraba desconsolada, cuando se cerró el nicho de su difunto esposo.

Aunque mucho recen, y recen;  muy inocente no son las esparraguesas. Por que  hay que ver a quien se le ocurre comprar un perro chihuahua con el mismo color, marrón rojizo, que los asientos del coche.


lunes, 9 de febrero de 2015

El paseo



El coche, un viejo vehículo alemán de color negro, estaba esperando aparcado delante de la casa.
La tía la rica se sentaba siempre en la parte de atrás.
El sobrino abrió la puerta del vehículo y ayudó a su tía a entrar y sentarse, a duras penas, en medio y medio del asiento trasero. Encima del cuero cuarteado del asiento había unos viejos cojines que tía la rica había mandado hacer por que se quejaba de que los baches de la carretera le destrozaban su reumática espalda. Estuvo un rato protestando mientras se acomodaba con los cojines, moviendolos de un lado a otro, y cuando terminó, su sobrino le echó una manta  por encima de sus flacuchas piernas para que no tuviese frio. Después cerró la puerta de atrás y se dirigió a sentarse en el asiento del conductor.
La tía la rica carraspeaba diciendo que todo estaba a su gusto, y desde ahí, sentada en la parte de atrás con sobrino al volante, dirigía el vehículo a su antojo.
  Se encendió el motor del coche.
 - Primero me llevas a la floristería que vamos comprar unos ramos para adornar la tumba de tu tío: que aunque no se sepa donde duerme, hay que poner flores en su tumba no vayan pensar que nos hemos vuelto pobres. 
- Aja ¡ - respondió su sobrino, mientras el vehículo se ponía en movimiento y salía a la carretera en dirección al pueblo.
- Después vamos ir al cementerio y tu miras como están los alrededores del panteón familiar y si ves algo lo limpias. Sin pasarte que tenemos muchas cosas que hacer.
- Aja ¡.
El paisaje en movimiento comenzó a verse desde los cristales de las ventanillas.
- Después vamos ir a comprar una garrafa de cinco litros de licor café que ya apenas queda no vaya ser que tengamos alguna visita inesperada.
El licor café de la botella, como decía la tía la rica: o se evaporaba o se lo bebía una vieja criada, acostumbrada a oír sus quejas e insinuaciones de que desaparecía la bebida de manera misteriosa.
La tía la rica, después de comer pedía a la criada que le trajese la botella de licor café para ponerse una copita de su licor sin parar de quejarse delante de ella. Luego mandaba a la criada que le trajera un lápiz que se guardaba en el cajón de un mueble de castaño sobre el que había un enorme aparato de radió de válvulas en el que antaño se escuchaba en la casa, rodeados de amigos, los partes del bando nacional; la guerra se acabó y el aparato continuó dando las noticias de radio nacional y los mensajes del generalísimo hasta que un día, cansado, enmudeció; el viejo trasto de válvulas quedó ahí encima del mueble de castaño, protegido del polvo por un raído tapete verde, en espera de que volviese a funcionar para dar las noticias, como quien quiere que las cosas cambien de nuevo para que todo volviese a ser viejo y caduco como antaño.
 La criada traía el lápiz mientras se volvían a repetir las quejas de su ama.  La tía la rica pintaba la siguiente linea descendente en el cristal de la botella, con la que sabía a ciencia cierta que aunque el licor terminaba evaporándose su criada no olía siquiera la bebida, y con el mezquino ritual de todos los días la tía la rica,  para que no se le ocurriese beber a escondidas, hacía ver a la criada el riguroso control que tenía del contenido de la botella, a la vez que linea tras linea quedaban anotadas las copas que se le podía sacar a la botella, costumbre ruín que había heredado de su difunto esposo.
Al terminar de tomar su copita mandaba guardar la bebida - ... y mete con fuerza el tapón de la botella -  le decía a la criada - que va haber que traer un notario y lacrar el corcho para saber lo que pasa.
 El paisaje de árboles y campos frente a un fondo de montañas ancianas y redondeadas, no paraba de moverse por el cristal de las ventanillas del coche.
- Mal rayo parta a esa vieja de criada; que manera de bebe licor café - reanudó su perorata la tía la rica desde el asiento trasero del vehículo - Quien la va echar con sus años si lleva toda la vida con nosotros; la pobre tendría que vivir de la indigencia. Alguna cosa habrá que consentir.
- Aja ¡.
Mientras se oía esta perorata de repente se les acercó un coche por detrás dando bocinazos y enseguida les adelantó a toda velocidad.
- ¡ Quien será ese loco! - exclamó sorprendida la tía la rica; al ver por el cristal de la ventanilla se dió cuenta que le era familiar el vehículo que les estaba adelantando - ¿Y ese no es el coche de una de las esparraguesas?
- Aja ¡.


mvf.

miércoles, 28 de enero de 2015

don Sebastian el cacique que no se quería morir.




La tía la rica, la viuda de don Sebastián, se negó a tapar el nicho mientras su marido no estuviese dentro y así la gente cuando iba al cementerio a limpiar las tumbas y a llevar flores a sus difuntos al ver la tumba vacía se preguntaban donde estaría el finado. Habían aparecido muchas conjeturas explicando por que ha alguien se le había podido ocurrir robar el cadáver de don Sebastián: Entre ellas que había una demanda de paternidad puesta en el juzgado y sus herederos habían hecho desaparecer el cadáver para que no se le pudieran hacer el análisis de ADN que suponemos que don Sebastián tenía como todos los humanos; aunque en mayor medida, por que don Sebastián en lo tocante a lo de todos siempre tocaba a mas.
 Llegado un momento, pasados ya varios meses desde la desaparición del féretro de don Sebastián, el nicho vacío pasó a los ojos de la gente a integrarse en el cementerio como el pozo de donde se sacaba el agua con un viejo caldero de zinc para regar las plantas o cambiarle el agua a los floreros de las tumbas; la vieja casucha donde antaño se hacían las autopsias y que ahora se guardan los utensilios del enterrador; los dos cipreses de la entrada donde las noches de verano se esconde los cuervos y tienen dado buenos sustos a algún vecino; la iglesia de piedra por encima del campo santo ...  y una tumba abierta de la que la gente se había olvidado de ella. Pero próximo el día de los difuntos la gente se volvió a preguntar de nuevo donde estaría don Sebastián.
Don Sebastián, el cacique que no se quería morir también tenía sus seguidores, no es que la gente hablase de él por que le tuviese algún aprecio, la gente le daba al pico por que donde iba a comprar don Sebastián  no había sitio más barato para ir a comprar algo; y así se cotilleaba si don Sebastián había mandado a sus criados a ir a comprar a esta carnicería o aquella pescadería o si había ido a tal o cual tienda a comprar cualquier cosa. De todos los comercios de la zona había una tienda de ultramarinos, una de aquellas viejas tiendas de antes que vendían de todo, en la que don Sebastián a pesar de ser cliente fijo de toda la vida, jamás había regateado el precio hasta dar perdidas como hacía con los demás por que allí vendían, entre mil productos coloniales, un licor-café que no podía faltar en la casa del Cacique. Por que la tía la rica era forofa del licor café y don Sebastián cuando quería fiesta y montar por la noche a su mujer le ponía una o dos o tres copas a su esposa hasta que le subiesen los colores ... Era algo así como emborrachar el pavo para la cena de noche buena.
 Eran las tres de la tarde y la tía la rica llamó a su sobrino para que la viniese a recoger para ir de compras.
 - Y acuérdate de lavar el coche y pasarle la aspiradora que no quiero ir en una pocilga ...
- Aja¡- respondió la voz desde el teléfono.
 El sobrino apareció a las cinco de la tarde por la casa. La tía la rica estaba ya cambiada, esperando sentada en su sillón. Cerca de ella estaba el periódico releído del día, que le traía una vieja criada que había estado en la casa toda la vida; y un bolso de charol negro, con la boca abierta, que parecía esperar ansiosamente a que lo sacaran a  la calle.
  La tía la rica metió su gafas dentro del bolso y cerró su boca de metal cromado, acallando su ansiedad. Se irguió del sillón, y apoyándose en el brazo de su sobrino, juntos, salieron a la calle.



mvf.

















lunes, 19 de enero de 2015

La vida natural 7





 Enseguida hicieron sitio al cura para que se sentase alrededor de la mesa mientras la anfitriona desaparecía en dirección a la cocina en busca de una taza y una cucharilla que ponerle, para que pudiera servirse y tomar café como los demás. 
Las dos mujeres estaban sentadas en  una esquina de la mesa, al lado de una pared pintada de cal blanca. En la pared colgaba una foto antigua, en blanco y negro, de un hombre y una mujer. La mujer era la madre centenaria y el hombre su marido que hacía casi medio siglo que había muerto. El matrimonio había tenido siete hijos y salvo la hija octogenaria, que vivía en la casa con la anciana madre, los demás hijos habían fallecido ya, de la enfermedad, de la guerra, o habían marchado a la emigración y no se había tenido nunca más noticias de ninguno de ellos hasta la llegada de las dos mujeres. Uno de los hijos, Ramón, había marchado después de la guerra civil embarcado y aunque se suponía muerto había llegado al Brasil donde había tenido varios hijos; de uno de ellos, las hijas, eran las mujeres que habían venido a Galicia a conocer los orígenes de sus ancestros.
 Las dos mujeres eran entonces las biznietas y tenían el mismo color de piel que el viejo matrimonio de la foto. Mostraban una enorme sonrisa de dientes blancos rodeados por uno labios carnosos y sensuales. Las carnes tersas de sus cuerpos venían apretadas por las telas tropicales de sus vestidos que a duras penas podían contener sus pechos turgentes y exuberantes que amenazaban con escapar de su prisión esparramándose libremente, y los hombres, en vez de alarmarse de los peligros de la incontención de sus carnes, esperaban con las manos preparadas para ayudar a detener esa marea anhelantes del triunfo inminente de los senos sobre los corsés para caer en la tentación y el deseo. 
Desde la llegada de las muchachas, después de tanto silencio y soledad en la casa, se habían abierto las puertas para que se pudiera ver tan lindas jóvenes del otro mundo, y se recordase algo la vida de antaño cuando los pasillos y el salón estaban llenos de gritos de niños. Así habían asomado primos lejanos y tataralejanos de visita que ni se les conocía en persona ni nunca habían frecuentado la casa.
 Las mujeres reían viendo lo mucho que le gustaban a sus primos, y sentadas con ellos les regalaban sus poses de carnes duras y voluptuosas, dándose a mostrar claramente que estaban experimentadas en las cosas del amor. Los primos inocentes del desengaño más que devolverles las sonrisas parecían degustarlas riendo con ellas. 
De nuevo apareció la anciana octogenaria, con el mandil puesto. Si quitar el mandil era como decir que tenía todo el tiempo para la visita por que no se volvería a la cotidianidad de la vida diaria mientras no se marchase; el mandil puesto empezaba con el comienzo del día, cuando se levantaba y se acababa de vestir, hasta el  terminar el día que se lo quitaba para desvestirse y volver a dormir.
La anciana traía en sus manos huesudas una taza y la cucharilla, para el cura.
- Sirvase Uds. mismo a su gusto, señor cura - le dijo mientras ponía delante de él la taza y la cucharilla que le había ido a buscar.
El cura se sirvió de una café de una cafetera de porcelana y extendiendo la mano señaló que le aproximaran un recipiente con leche. En el mismo momento alguien le acercó un plato en el que quedaban algunos trozos de galletas.
 Mientras unos y otros seguían hablando, la anciana octogenaria iba poniendo azúcar y café; al terminar, se volvió a los presentes diciendo: 
- Me tenéis que disculpar que me ausente durante un instante pero tengo que bajar a la tienda para comprar un caja de galletas que se van a terminar.
¡Lalia - gritó la madre mientras salía la hija - y si puede ser compra una caja de copitas para ponerme una a mi !.
 - Los hombres en tocante de lo mismo sois todos iguales - dijo una de las mujeres, mientras la otra se echaba a reír a carcajadas; y comenzó de nuevo la tertulia. 
La conversación arrancó ahora de unos sobre sus madres, que eran sus primos, y los hijos de aquellas, que eran  sus tías... El padre mientras tanto sopaba un trozo de bizcocho en su taza, que había tenido la suerte de encontrar entre lo poco que quedaba en la mesa, recordándose que había regado sus cabecitas pequeñas y los había bautizado a casi todos en la pileta de la iglesia. Finalmente el biscocho dejó escapar una burbuja de aire ahogándose sumergido en el café con leche a pesar de todos los esfuerzos que había hecho por flotar.
Los primos les decían que si ellas querían vendrían a buscarlas para salir por la noche y llevarlas a la verbena de la fiesta, de este o aquel pueblo. Según que oía el lugar el cura se alargaba mostrando su alzacuello blanco, que destacaba sobre el negro de su sotana, como queriendo decir que el no era como los patanes de los presentes que el era como el pato feo de los cuentos y debajo de sus hábitos se podía encontrar todo un cisne si ellas quisieran; así les iba diciendo los milagros de aquel o este santo que se veneraba en cada pueblo, y cual era el horario para asistir a misa por la mañana antes de ir a comer el cabrito. Por que mientras unos las querían invitar a salir por la noche, y llevarlas a la verbena para abrazar y desnudar sus carnes en la fiesta terrenal, el cura las quería llevar al confesionario y allí desnudar sus almas para llevarlas al paraíso.
 Las mujeres  miraban a los hombres como sirenas de voz cantarina que aburridas de la mar se habían escapado del agua salada para venir a buscar a los marineros a sus casas y ahogarlos en sus bajos instintos y devorarlos. De repente sobresaliendo entre las risas  una de ellas dio un grito. Entonces todos los presentes se callaron.
- Estás toda mojada - dijo la mujer que había dado el chillido a la otra mientras su compañera miraba a los presentes sorprendida.
Estaba rompiendo aguas y por los dolores de abdomen que empezó a mostrar fácilmente se dedujo que la mujer estaba embarazada e iba dar a luz. En un santiamén todos los presentes desaparecieron sin despedirse y con ellos desapareció todo el hipnotismo de la carne.
  - Iros a la habitación - dijo la matriarca centenaria levantándose a duras penas de su silla, apoyada en un bastón de fresno - que no te vas a poner a parir aquí. 
Y tu - le dijo a la compañera -  pon a hervir agua para el parto, que no hace falta ningún hombre que nos ayude, que enseguida viene Lalia que entiende de estas cosas, y al terminar de parir celebraremos nosotras, tomándonos unas copitas de aguardiente, que comience de nuevo la vida en esta casa.





mvf.



martes, 30 de diciembre de 2014

FIN DE AÑO.



Ya sabéis que todos los años al llegar estas fechas es costumbre que las personas vanidosas sientan que tienen obligación decir algo a los demás sobre el año que terminamos y sobre el año que viene.

Hoy en día los libros no se venden si no es con una buena foto en la portada ... y los blogs ... De los blogs no digamos. La gente cuando visita un blog espera ver la estructura visual de un catalogo de juguetes  ... o de alguna revista donde pasas las paginas y te encuentras los productos rodeados DE NÚMEROS QUE HABLAN DE UNA BUENA OFERTA. aunque lo que vendan sea malo y caro.

En este blog  no hay ni imagenes ni ofertas, y a veces leer hasta es dificultoso - me doy cuenta cuando al cabo de un tiempo se me ocurre leer algo y veo lo mal que están colocadas las comas, o que hay que recortar o trasponer frases ... 
 - Ya lo tengo dicho, es gratis y no se admiten quejas.

A todos los que venís por aquí, y llegaís hasta el final de lo que se escribe,  OS QUIERO mostrar mi agradecimiento, mi cariño y mi respeto, por que a parte de vuestra amistad sois personas que de alguna manera le dais más importancia a la letra que a las imágenes en está sociedad que se ha vuelto tan multimedia.  Pinta bien si no fuera que empezamos a no entendernos los unos con los otros.


Bueno, sin que sirva de precedente y exclusivamente por animaros, he decidido poner algo de multimedia en el blog. 
Espero que sepáis perdonarme las faltas cometidas durante todo el año, y os deseo que tengaís un buen año nuevo.







Ah, y sobre el año 2015 tengo que decir que lo comencé con la resaca y las sobras del día anterior. 



domingo, 28 de diciembre de 2014

La vida natural 6




La herrera abrió la puerta del establo. Montó en la vieja furgoneta y dando un portazo cerró la puerta del coche. Las ovejas dentro del vallado del establo levantaron la cabeza aguzando el oído preguntándose que pasaba. Un chasquido salió del motor de arranque del coche y se encendió el motor.
El rebaño de la mujer del herrero tendría, entre ovejas, borregas y carneros una treintena de cabezas; entre los carneros, la mayoría que aún no se separaban de su madres, destacaba un mardano * un carnero bravo y feo que tenía un aparato reproductor tan bien dotado que alguna vez su visionado inocente por el genero femenino había terminado en el confesionario.  El carnero sorprendido por la ausencia de los ladridos del perro empezó a balitar fuertemente para que las ovejas se espabilaran y salieran rápidamente del vallado para ponerse a correr delante del coche que las conduciría, como de costumbre, a pastar al prado.
 Llegaron al trote en un santiamén a un prado cercano al cementerio por la aparte de atrás de la iglesia que estaba cercado por viejas piedras, cubierto por la maleza en algunos puntos. Tenía una entrada  abierta por la que entraron todos los animales.  Cuando estaban todos dentro del prado la herrera bajó del coche sin apagar el motor y corrió  una viejo palo que hacía de tranca cerrando el lugar por donde habían entrado los animales; después volvió a montar en la furgoneta, y se marchó a hacer otras cosas; dejando el rebaño solo, por que tenía la confianza de que ninguna de las felices ovejas se iba alejar más de dos pasos de su macho.  
Hacía sol en el campo. Se oía el cuchichí de una perdiz que llamaba a su pareja. Desde el campanario se oía el crotorar del pico de una cigüeña.
El mardano no tardó en detectar las dos ovejas solitarias que pastaban libremente en los alrededores de la iglesia.
Las dos amigas nocturnas de Melquíades hacía rato que se habían despertado y continuaban su ronda de siega de la hierba. Las ovejas enseguida notaron la mirada lasciva del mardano y sus corazones empezaron a latir apresuradamente. Bajo esa mirada libidinosa no tardaron en sentirse abandonadas por la vigilancia protectora de su pastor canino; entonces decidieron aproximarse amenazadoramente al jardincito que Arcadia tiene al lado del campanario para que apareciese ladrándoles. Pero Melquíades no aparecía.
 No queda del todo claro, para que yo las describa, que tipo de plantas tenía Arcadia la campanera en el pequeño jardincillo que había hecho con un cerquillo de piedras, pero así que le hincaron el diente a esas plantas las ovejas se pusieron a balar alegremente como si estuvieran borrachas.
El viejo mardano no cesaba de mirar desde el prado a las dos ovejas reandoscas, de cuatro a cinco años, sin macho que las cubriese, que balaban como unas ovejitas histéricas al lado del campanario, de la iglesia, achacándoselo sin lugar a dudas a la prestancia de su naturaleza. También las miraban con malos ojos las ovejas de su harén por que no era el caso que dos extrañas viniesen a alterar las relaciones que tenían en el rebaño. 



mvf .  
Feliz año nuevo. 

miércoles, 17 de diciembre de 2014

la vida natural 5



Hay compañías que aunque esten con nosotros toda la vida no llegamos a saber su verdadero nombre y nos referimos a ellas, nosotros y todo el mundo, con un mote que se les ha puesto por alguna acción, por alguna caracteristica física o por el comportamiento inusual que en algún tiempo se realizó delante de los demás.Y así les ha quedado para siempre el llamarse Chino, Duque, Dylan, King, Rasta, Toby o simplemente Palleiro;  pero el perro de los de la labrada se llamaba Bruno.
Bruno era el sexto de una camada de perros que un buen día aparecieron en el establo de los labrada, sin que nadie hubiera sospechado del embarazo de la vieja perra pastor; y después de que se hizo un reparto de la prole, entre esta vida y la otra, Bruno quedó en la casa de los labrada. De esa camada, solo quedó en este mundo también, Melquiades, que acabó de pastor cuidando el rebaño de la mujer del herrero. Al encontrarse los dos, con otros congeneres que también seguía tras el rastro del olor menstrual de la hembra en celo, se aproximaron para olerses y dar vueltas uno alrededor del otro, y dieron unos saltos el uno sobre el otro mostrando encontrarse claramente emocionados, al encontrarse; finalmente, después de olerse debidamente en sus partes, se ignoraron el uno y el otro, por que el interés de los dos era competir por la hembra.
En el campo se había reunido media docena de perros de distintas ascendencia, y salvo los dos hermanos, todos eran primos y se apellidaban palleiros.
La perra aún tenia reciente la última copulación y no deseaba de momento que la montara ningún macho, así que hacía burla de ellos, provocándoles cuando estaban quietos y gruñendoles cuando se aproximaban; de tal manera que los perros ansiosos por satisfacer sus deseos naturales enloquecían de amor y acababan gimiendo y llorando; terminando su excitación en peleas entre ellos, para demostrar quien era el mejor merecer los favores de la perra; produciendo así en el lugar una algarada difícil soportar.
Cuando menos se esperaba se escucharon en el aire dos tiros: era el amo del animal en celo que había disparado con una escopeta de cartuchos para ahuyentar a los perros, que huyeron en desbandada por los campos advirtiéndose en su lejanía la falta de decisión de cada cual.
Mientras escapaban asustados por los tiros de la escopeta, los dos pastores recordaron cada uno sus obligaciones. Bruno llevaba en su retina la imagen de sus dos protegidas, pegadas al muro de la iglesia, como las había dejado, sospechando que no estarían durmiendo la siesta; su hermano, igualmente apurado, se alejaba pensando en que llevaba desaparecido desde primera hora del día desatendiendo sus obligaciones de llevar a pastar el rebaño de la mujer del herrero. Aunque esta memoria les duraría bien poco.


 mvf.
un saludo y feliz navidad ...