lunes, 10 de octubre de 2016

la nieta de la bruja Final.


Poco a poco se fue alzando la mañana y la vida despertó en el pueblo. El cielo frio y de colores palidos, estaba casí limpio. Varios cuervos llevaban discutiendo con sus vuelos desde el amanecer, cortejando a  una hembra joven de su especie de apenas un año y que aún tardaría en aparearse; pero esta no se daba decidido por quien sería su pareja y se estaban poniendo agresivos entre ellos. Apareció un aguila, sobrevolando el territorio donde estaban luchando los cuervos, y estos desviaron su agresividad contra ella persiguiendola en el aire. El aguila los ignoró y en vez de defenderse comenzó a sobrevolar cada vez más alto hasta que finalmente los cuervos salieron derrotados.

Al entrar la bruja en la tienda de bebes, la dependienta, con su acento dominicano, chilló en voz alta:

-¡Los encargos no se pueden de nuevo, volver a devolver, ni a cambiar! - y sin dar tiempo a que la bruja carraspease, continuó - pero espere, si no le importa, que ahora viene la jefa, que salió hace un momentito y está apunto de llegar.

No tardó en llegar la jefa; venía cargada con varias bolsas de la compra.
-¡ Es que nosotras no trabajamos esa marca de carrito, que lo ha comprado por catalogo...! -  chilló la dependienta, comprobando que la escuchase su jefa -  ¡ y ahora, ya ve uds, nos tenemos que quedar nosotros en la tienda con el carrito sin saber si lo conseguiremos vender, porque esa marca no la trabajamos!
 -¡ Pero a esta amable señora; digo yo, que soy la jefa; si no te parece mal le podemos volver a cambiar el pedido! - respondió la dueña de la tienda, interpelando con enojo a su trabajadora para que desapareciese.

La bruja cambió el carrito de bebe de color azul oscuro, como el pelo del lomo de los lobos negros en las noches de invierno, por el carrito de color rosa intenso, como el color que deja la sangre al correr a borbotones por  el cuello degollado de las ovejas blancas; y además le obsequiaron unos calendarios y un almanaque de la tienda, con las fases de la luna.
 
 - ¡Han sido uds unas jóvenes muy amables y comprensibles! - dijo despidiéndose.
 - ¡Gracias! - le respondió la dueña de la tienda - ¡y no hará falta que vuelva, que así que dentro de 13 días, cuando nos llegue el carrito, se lo llevamos nosotras a casa de su hija, a las 13 horas en punto!

 -"A veces me dan ganas de matar a mi marido, para que no pise en lo mojado cuando friego el suelo"- pensó mentalmente la jefa mientras se cerraba la puerta de cristal de la salida de la tienda.


La bruja no acertó en sus cálculos y su hija acabó pariendo el 25 de diciembre, al mediodía. La niña pesó 3.666 kgms, y ese día en la clinica, todos brindaron con champán el nacimiento de la nieta de la bruja, invitados por la doctora Cienfuentes.





mvf.










































martes, 4 de octubre de 2016

La nieta de la bruja 4


La comadrona esperaba en una cafetería, cerca de la parada del bus. Se había sentado en una de las mesas que estaban pegadas al lado de los amplios ventanales del local, desde las que se podía ver la gente que paseaba por la calle. Hacía rato que la había llamado la doctora Cienfuentes para quedar con ella y contarle un problema muy grave que le había surgido; sin haber querido darle más explicaciones.

A través del ventanal vio como el autobús hacia su parada. El autobús arrancó de nuevo y al desaparecer dejo ver a su amiga sola en la parada. Llevaba un vestido rojo con una chaqueta negra; una pañoleta verde oscura, alrededor de su cuello, y un bolso de cuero colgando de su hombro derecho.
Le hizo un saludo con la mano, a través de la ventana, al verla cruzar la calle.
Cuando la doctora entraba en la cafetería la comadrona supo enseguida, por el pelo de su amiga, que le habían echado el mal de ojo.

La comadrona se levantó y se dieron unos besos de saludo. Antes de sentarse la doctora, mientras se quitaba la chaqueta, hizo una señal al camarero, que limpiaba detrás de la barra algunos vasos con una bayeta, para que le trajera a ella otro café con leche igual que a su amiga.
Después de sentarse la doctora Cienfuentes, sin más dilación, empezó a contar a la comadrona lo que le había ocurrido.

Por las mañanas, antes de ir al trabajo en la clínica de maternidad, la doctora se preparaba un desayuno consistente en dos rebanadas de pan tostado untadas de mantequilla, y un ponche con huevo casero, de los que compraba en la feria. Metía las dos rebanadas de pan de molde en la tostadora y ponía la leche, en una taza de porcelana, dentro del microondas. Cuando saltaban las rebanadas de pan tostado las untaba con mantequilla y mermelada; al acabar sacaba del microondas la taza de leche humeante, con un leve vapor blanco, y con una cucharilla de una cubertería de plata que había sido de su abuela, rompía con delicadeza la cascara del huevo para separar la yema de la clara y dejarla caer con cuidado dentro de la leche para hacer el ponche.

Pero esta mañana, en vez de la yema, había caído en la leche el cuerpo de un pollito que había muerto gestándose dentro del huevo.

De la impresión que le dio  su cuerpo se dobló en una arcada por las náuseas y se golpeó con la frente en la cornisa de la mesa cayendo al suelo desmayada.

Cuando se despertó, deberían de haber pasado apenas unos minutos, de su cabeza manaba un hilillo de sangre que la asustó más aún.
La doctora se destapó de pelo la frente para mostrar su herida.
Ella no creía en supersticiones pero enseguida se dio cuenta de que alguien le había echado un aojamiento. Así que no dudo en llamarla para contarle lo ocurrido y que la ayudase porque había oído que ella en algunas ocasiones había practicado la magia blanca.

Se hizo el silencio. La doctora esperaba callada, con la vista perdida en la calle viendo pasar a la gente, mientras la comadrona revolvía su taza, pensativa.

La comadrona pensó que haría falta usar un remedio muy antiguo para echar fuera el conjuro que las brujas habían hecho a su amiga. Sería necesario hacerse con un frasquito de alicornia, un liquido mágico muy escaso; y podría conseguirlo a través de una prima suya asturiana; sin embargo la fuerza del aojamiento se podría volver contra quien trataba de curarlo, y como ella también era clienta del restaurante de la hija de la bruja, para evitar problemas convenció a la doctora que la mejor manera de arreglar el aojamiento sería tratar de congraciarse con la persona que le había echado el mal de ojo y así, quedando satisfecha esta y desapareciendo el motivo del aojamiento, el mal de ojo de su amiga podría disminuir en intensidad llegando incluso hasta desaparecer enteramente.

Así que la doctora, tan pronto llegó a la clínica, llamó personalmente a la hija de la bruja pidiéndole disculpas por haberse equivocado y para decirle que no iba tener un niño, si no una preciosa niña.










mvf.

martes, 27 de septiembre de 2016

la nieta de la bruja 3




A la noche la bruja no tardó en quedarse dormida.

Estaba limpiando la chimenea de la cocina cuando en la puerta de castaño de la casa sonaron dos golpes secos de la aldaba.

Fue abrir la puerta para ver quien podía llamar.
Ante de ella estaba una señorita con la cara llena de viruelas. Se veía bastante en apuro, y miraba constantemente para atras a un coche, con tres pasajeros en su interior, que desde dentro vigilaban atentamente lo que pasaba.

- Buenas - saludó la joven - soy profesora en el colegio al que va su nieto
- Aja.
- Vera, hemos venido yo y otros tres profesores, que no se atreven a salir del coche, por que su nieto dijo que iba venir usted y nos iba a echar un par de maldiciones.
- Eso son cosas de niños.
- Es que al salir la directora del recinto del colegio ha chocado con su coche de frente contra un camión y esta viva de milagro.
- Eso fue de casualidad, ya vera como no vuelve a pasar.
- Claro, pero dígale a su nieto que en el comedor, cuando no quiera beber la leche no incite a sus compañeros, para que no perdamos autoridad el profesorado. Que no podemos hacer la vista gorda con todos los niños.
- No se preocupe, ya hablo yo con él y no volverá a pasar.

La bruja nunca había sido buena comedora y recordaba en su sueño cuando era niña y la castigaban en la escuela unitaria por no querer tomar el tazón de leche en polvo,que le daban en la escuela a cada niño, en la España de la posguerra.

Despertó después de sonar varias veces la aldaba del portalón de la entrada de la casa.
- ¡Ya va! – gritó desde la habitación.
No tardó en bajar a abrir la puerta.

- Caramba, que sorpresa.
- Hola mama. Venía hacerte una visita.

Hacia tiempo que no venía a verla su hija, y apenas se comunicaban por el teléfono
negro, que estaba sobre la pequeña mesa del pasillo de la entrada de la casa.


Estuvieron un rato en la cocina sentadas alrededor de una taza de café, al terminar la hija le ayudó a recoger la cocina, y despues continuaron con la casa.
Después la hija le ayudó a recoger un poco la casa,
 y mientras la hija le ayudaba hacer la cama la bruja le dijo hija podrías venir conmigo a la huerta que necesita algo de limpieza.

En la huerta había unas tomateras, lechugas, acelgas, patatas. Un caseto de piedra cubierto de hiedra donde había un criadero de conejos, y el gallinero. Y varios árboles frutales; entre todos ellos destacaba un viejo guindo, de hojas oscuras, robusto y alto

Allí era donde la hija de pequeñita había encontrado un trasno, que había sido su compañero, escondido durante varios años debajo de unas tablas de su habitación.

Estuvo un rato musitando unas palabras llamandole.

La hija entró en el gallinero desde donde parecía que se le oía hablar sola, mientras la bruja limpiaba sus sembrados y escardaba las hierbas de la huerta alrededor de las acelgas.

A terminar la tarde las dos se despidieron.

- Nosotras hemos vivido bien siempre sin hombres - dijo la bruja, tal vez dolida por haber perdido a su hija cuando se hizo mayor - primero te casas, y ahora tu vas tener un niño; cualquier dia desaparecemos todas las mujeres sin dejar el menor rastro de nuestra familia.

- ¿ Y si es niña a pesar de todo?.

Un brillo cristalino iluminó los ojos negros de la anciana.

- Mama, te deje la cesta de huevos preparados para cuando vayas mañana a la feria - le dijo la hija con un abrazo de despedida.


- A ver si te vuelvo a ver antes de que te pongas a parir.





mvf.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

la nieta de la bruja 2


La hija de la bruja había nacido bienaventurada en la cocina y cualquier receta que hacía en sus marmitas se convertía en un manjar exquisito. Este raro don conllevó muchos quebraderos de cabeza dentro de su familia hasta que finalmente, pensando en que lo mejor era la felicidad de la hija, la bruja accedió a que su niña abriera un restaurante de carretera.

Los sesos de cordero rebozados, el corazón de ternera, o el hígado encebollado, se convertían, en sus manos, en manjares para los paladares más exquisitos y por eso no tardó mucho tiempo en tener el mejor restaurante de la comarca;  y al mediodía, incluso desviándose de sus rutas varias decenas de kilómetros, todos todos los camioneros y viajantes que operaban por la zona se juntaban para comer allí.

El restaurante estaba situado al lado de la carretera, cerca de un robledal, con una explanada enfrente donde podían aparcar espaciosamente mas de cincuenta vehiculos de todas las dimensiones.
Todo estaba preparado en la cocina y en los alrededores empezaba a oler la grasa quemada de la carne en la brasa.

Las primeras mesas del restaurante ya se habían llenado y las dos camareras, que tenía contratadas para servir a los clientes, danzaban de un lado a otro, cuando la hija de la bruja desapareció para atender una llamada telefónica.

Los clientes, acostumbrados a ver a la jefa, con el mandil tapando su tripita, preguntando a unos y a otros lo que iban a comer; dando instrucciones a la cocina y ordenando a las camareras que fueran sirviendo aquí, o retirando los platos vacíos allá; enseguida se extrañaron de no verla corriendo por entre las mesas y comenzaron a preguntar: - ¿qué había ocurrido, donde se había metido la jefa?

Por más que preguntaron nadie logró descubrir el motivo de su desaparición.

Ese día no fue lo mismo.

Al llegar a casa por la tarde, después de cerrar el restaurante, la hija de la bruja se metió en su habitación, se tiró encima de la cama, y entre sollozos y tras mucha insistencia de su marido aclaró que le llamaron de la clínica para darle el recado de que la doctora había dicho que no iba tener una niña, si no un niño.

Como la hija no quería llamar a su madre para explicarle lo ocurrido, al anochecer su marido llamó a su suegra, la bruja, para contarle lo ocurrido y decirle que había que ir a la tienda y cambiar el carrito rosa que había comprado, que no podía ser de color rosa para un niño.
Esa noche la hija de la bruja no paró de llorar, incrementándose su llanto cuando su marido le dijo que tendrían que cambiar la habitación y los juguetes que habían pensado comprar para la niña; por que a ella no le gustaban los juguetes de niños, aborreciendo especialmente los balones de futbol, y las espadas.

Al día siguiente la bruja bajó al pueblo para ir a la tienda donde había comprado el carrito de bebe. Al entrar, un niño que probaba un patinete corriendo de un lado al otro de la tienda, se dio de frente contra ella; sus padres cogieron de la mano al niño y sin atender a las protestas de su hijo, salieron de la tienda aterrorizados al reconocerla.

La dependienta, una joven menudita, morena y muy sabidilla, así que la vio ya sabía para que venía la anciana.

- ¡Los encargos no se pueden devolver! - le dijo sin darle tiempo a acercarse al mostrador para decir lo que quería.

La dueña, que desde una ventana que tenía en su oficina podía ver todo lo que ocurría en la tienda, había visto toda la escena y para evitar males mayores apareció en el mostrador para ayudar a la infeliz dependienta.

 - Hija no ves que esta señora es clienta de la tienda y hay que ayudarla en todo lo que se pueda.

La bruja le contó lo ocurrido y que venía a cambiar el carrito de bebe que compró, por un carrito para niño.
- ¿ No ves que ella no te pide una devolución, que lo que quiere es cambiar la comprar por otra? - inquirió la jefa a su empleada.
- Pero...
- Ni pero, ni nada, tu vete hacer otra cosa que ya me yo de todo.

 Así que la dueña sacó todos los catálogos con carritos para  niños, de la tienda, hasta que finalmente la bruja dio con lo que buscaba: un carrito de color azul oscuro como el brillo del pelo del lobo negro, bajo la luz de la luna llena en las noches de invierno.
Y después de pagar una pequeña diferencia, se aseguró, como en la anterior vez, que el carrito estaría dentro de 13, días, ni más ni menos; para que viniera a recogerlo su hija.

De regreso a casa la bruja echaba sus nuevos cálculos:

su nieto nacería el seis de enero, el día de los reyes magos, y sería entonces un poderoso brujo que aterrorizaría a toda la comarca.


mvf.

martes, 23 de agosto de 2016

la nieta de la bruja 1º

Seis veces cantó el gallo su Ki-ki-rikí y la bruja despertó. 
  Cuando el rayo de luz que entraba en la habitación por una grieta alargada que apareció con el tiempo en la madera de la contra con la que se tapaba la ventana, se posó sobre su cara, se notó bajo los parpados el movimiento de sus ojos. La lucha entre ambos parecía querer dirimir cual sería el primero que asomaría entre los parpados semiabiertos, cuarteados por la decripitud de la edad. Finalmente abrió los ojos, y como si fuese para ir detrás de su vista se levantó cojeando de la cama.
Con su cuerpo ladeandose al andar de un lado al otro, pues una de las piernas, rectilinas y huesudas a duras penas le servía para apoyarse encima de ella, necesitando para caminar apoyarse en un bastón; entró en el aseo para hacer cosas de sus intestinos. Cuando terminó se irguió y se puso frente al espejo para ver el ligero color azulado de su cuerpo, pues la sangre venosa, bajo su piel blanca le daba un ligero tono azulado a su piel. Entonces empezó a atusarse con sus largos y huesudos dedos, su pelo canoso y desgreñado, haciendose con el una larga coleta que terminó enrollando por detrás de la cabeza. Por último se echó un poco de agua a la cara para acabar su ritual
La bruja Tenía una nariz aguileña que había ido ennegreciendo con el acumulo de los años. Encima de ella, escondidos en sus cuencas, estaban unos pequeños ojos negros e inquietos, que solo asomaban de su escondite para lanzar  una mirada de aspecto siniestro que amedrentaba a cualquier persona que se acercase junto a ella. Sus vecinos decían a sus espaldas que con esa mirada era capaz de hacer arder un campo de trigo o abortar al ganado preñado y ese efecto era mucho mayor en la luna llena.

Bajó a desayunar.
 
Como de costumbre se hizo un tazón de leche, que aderezaba con hierbas de tomillo y melisa y después de tragar su contenido, lo dejó  en el fregadero de piedra de la cocina y en el mismo sitio lavó sus dientes con agua y sal.
 
De una pequeña alacena que había en la cocina sacó una caja cargada de huevos, recogidos del gallinero durante los últimos dias, y envolviendo uno a uno con cuidado, con las hojas de un periódico viejo, los fue metiendo dentro de un cesto de mimbre. Después tapó la boca del cesto con un trapo viejo de cuadros azules de la cocina. La bruja iba ir al pueblo para vender los huevos en la fería y de la feria ir a comprar un carrito de bebe para su hija.

 
Había empezado la mañana cuando llegó a la feria. Y se sentó a la sombra de un árbol, frente a uno de los puestos de ropa ambulante que los gitanos montaban para vender en el mercado; quitó el trapo que tapaba la cesta y lo extendió sobre el suelo y después fue desenvolviendo uno a uno los huevos y poniendolos bien visibles encima del trapo.  Los gitanos, gente supersticiosa, no les gustaba que se pusiera cerca de ellos a vender, como hacía siempre que venía a la feria, temían de ella alguna terrible maldición que tuviese efecto bajo el influjo de la luna llena, y solo esperaban a que acabase pronto para seguir ellos con sus negocios con tranquilidad.
Después de vender los huevos - sin dar más detalles de para que compraban su mercancia sus clientas -  recogió el trapo y después de sacudirlo de alguna hierba que se había pegado en el, lo dobló y lo guardó dentro de la cesta y de allí se fue a la tienda de niños del pueblo para comprar el carrito de bebé que quería regalar a su hija.

Una joven bajita y resabiada, se acercó corriendo para despachar rapidamente a esa anciana negra y sucia, al ver como los clientes desaparecían discretamente cuando la vieron entrar en la tienda.

- ¿Buenas, que deseaba?.
- Quería comprar un carrito de bebé para regalar a mi hija, que pronto va parir una niña.

Estuvo mirando fotos de un catalogo hasta que finalmente, con la ayuda de la dependienta dio con lo que buscaba: un precioso carrito para bebé de color rosa intenso, como el color que deja la sangre al correr sobre el cuello degollado de las ovejas blancas.

- ¡Esté es el que quiero! - dijo presionando sobre la foto del catalogo con su largo dedo huesudo. 

 Después de pagar y asegurarse que el carrito estaría dentro de 13 dias, ni más ni menos, dio los datos de su hija para que pudiera venir a recogerlo; y con esto tomó el camino de regreso a su casa, en las afueras del pueblo.

La hija de la bruja estaba encinta y le había dicho que iba parir una niña para finales del mes de diciembre; y por sus cálculos la niña nacería para el 28 de ese mes, el dia de los santos inocentes. Sería pues una bruja sanguinaria que tendría aterrorizados a todos los niños de la comarca.

La anciana señora ya se veía enseñando a su nieta todo lo que sabía de las plantas y de los árboles, y hasta el secreto de las piedras que hablan.

- ¿ Abuela. Y para que se le echa un poquito de este perejil con viruelas que huele tan mal, a la sopa de serpiente?
- Uy. Ten cuidado con lo que tocas. eso es cicuta; se le echa solo un poquito a la sopa para que muera la serpiente antes de cocinarse y no sufra el animal.

Y mientras regresaba a casa, sin recordar donde la había aprendido, iba tarareando una nana para su nieta

                                                                      ,,, 


                                
una, dos, tres tiene mi rebaño

                                 cuatro, cinco, seis ovejas este año

                                 siete, ocho, nueve ya me falta poco

                                 diez, once, doce para un gran rebaño

                                 que no venga el lobo, que no venga loco.





mvf.





miércoles, 22 de junio de 2016

El enfermo imaginario





Al psicotecnico donde van los jubilados de mi pueblo es el de doña Fina la cejiñuda, porque allí les dan facilidades para superarlo.

La cejiñuda abrió la puerta después de que mi padre pulsara el timbre que había en la pared, junto al marco de la puerta de madera.
- ¡Buenas!
Se intercambiaron saludos los dos.
- ¿Funciona? - preguntó mi padre volviendo a pulsar el timbre de la pared.
- Si, funciona; es que está en voz bajita para uds, porque protesta la vecina de arriba.
- Venía a pasar por el papelito para renovar el carnet de conducir.
- Pasé, pasé -  le dijo la cejiñuda y le condujo por un angosto pasillo hasta una pequeña salita en la que había cuatro sillas y una mesita pequeña de cristal sobre la que descansaban algunas revistas viejas de moda. Le mandó sentar para que esperase.
- Ahora en un momentito le atiendo.
No tardó en volver 
- el siguiente por favor.
Mi padre se levantó y continuó detrás de ella hasta una habitación, al final del pasillo.

 - Sientese en esa silla, si hace el favor - dijo señalando a una silla de hule negra, con su mano blanca y delgada.

Cerca, semejantes al mobiliario de las clinicas, había una mesa de hierro blanca y una vitrina de pie con dos puertas, con distintos aparatos en su interior para medir las habilidades fisicas de los sentidos del conductor.


Así que se sentó mi padre, la cejiñuda puso encima de la mesa una caja vieja de cartón y sacó de ella unos cascos auriculares que le dió para que se los pusiera tapandose las orejas.

- Va ir escuchando unas señales auditivas y a medida que las escucha levanta la mano, derecha o izquierda según las vaya oyendo por un oído u otro.
- Como dice - le gritó mi padre
La cejiñuda fruncio el ceño - ¡Va ir escuchando  ... !

Mi padre asintió y comenzó la prueba. Doña Fina iba pulsando los botones de un aparato que había encima de la mesa y mi padre levantaba la mano derecha o la izquierda.

Al terminar le quitó los cascos y los volvió meter dentro de la caja de donde habían salido.

Después de recoger la caja le mandó remangarse la camisa para ponerle un brazalete alrededor del brazo derecho desnudo y tomarle la tensión. El brazalete se hinchó a medida que presionaba una pequeña pera de goma;  miró en el manometro que salía, unido por un tubo de goma, por un lado del brazalete y anotó la presión arterial en una de sus hojas; luego volvió y le tomó el pulso para medir la frecuencia cardiaca.

-  ¿Tiene antecedentes familiares de alguna enfermedad: diabetes, alergias ... ?

- ¡No!

-Ahora le voy hacer unas preguntas de un test  y uds me va respondiendo:

Cual de los siguientes animales sobra en este grupo :

1: Gato  2: Pantera  3: Puma  4: León 5: Leopardo  6: Lobo  7: Ocelote

Entonces mi padre se plantó diciendo:

- ¡Esto parece el examen de bachillerato!

Y perseguido por la cejiñuda salió de la habitación huyendo por el pasillo hasta escapar del psicotecnico dando un portazo en la puerta al salir.

Ya en la calle estuvo dando vueltas, pensando una solución para renovar el carnet de conducir sin llevar el certificado del psicotecnico, hasta que finalmente se decidió a ir a ver a su amigo el doctor para que le hiciera un examen medico y le diera un certificado de salud con el que convalidar el examen psicotecnico.

El medico al oír lo que su amigo le pedía le explicó que eso no funcionaba así y mi padre se enfadó con él diciéndole que nunca más se iba a poner enfermo, para no tener que volver a su consulta.

No os podeis imaginar lo rencoroso que es mi padre; aunque nunca estuvo enfermo al llegar a casa se metió en la cama y enfermó. Ya llevaba tres dias  y nosotras empezamos a preocuparnos, y como no quería ir al medico decidimos llamar  al cura para que le diera la extremaunción a ver si así lo haciamos entrar en razón

El argentino, el cura, después de estar toda la tarde hablando con mi padre, acabar la botella de oporto de las ocasiones, y merendarse una caja de melindres de silleda que habían traido mis primos de la batea, de uno de sus viajes llevando mercancia a Madrid: el argentino salió de la habitación y nos dijo:

-La cosa es seria y tal como es de cabezota tu padre, este igual se muere solo para amargar al medico.
Si de aquí a mañana no ceja en su enfermedad llamar al de la funeraria que le venga a tomar las medidas a ver si así entra en razón.

Por suerte no hizo falta llamar al de la funeraria.  Ese mismo día por la noche, en el local de la asociación de vecinos, estaba programado un mitín del alcalde y unos pinchos: " Hay elecciones y ya se sabe" , la estrategia es siempre la misma; quien quiera pinchos tiene que esperar hasta que acabe el mitín y la gente por comer sin pagar ...

Allí, en los pinchos digo, el cura entre bocado y bocado se las arregló para hablar con el medico, rodeado en el mitín de enfermas hipocondriacas, y contarle lo que pasaba con mi padre, diciendole la preocupación que tenía por el estado de su amigo.
El medico no dudó de los extremos de la cabezonería de mi padre y en un momento en que entre tanta gente el Alcalde se refugió junto a él pensando que era el único del pueblo que no le iba pedir trabajo...  por que al alcalde de nuestro pueblo, que es de lo que no hay, continuamente los periódicos le hacen propaganda de que si contrató a este, primo de aquella, o a la otra, cuñada de aquel, y no se da quitado la gente de encima. Bueno, el medico le contó al alcalde la historia de mi padre y le pidió que hablase con la cejiñuda.
El alcalde, como en la consulta del medico todos le votan, habló con su segundo, la concejala, y a la noche funcionaron los teléfonos como si fuera el día anterior a las elecciones municipales

La concejala, después de los pinchos, al llegar a su casa por la noche hizo una llamada telefónica a un vecino :

- ...  y te vamos quitar el espejo que pusimos enfrente de tu casa por que te refleja el sol y te molesta con su luz en la salita; que él que no vea bien en la curva que se chinche y vaya despacito para no accidentarse, y sino que se accidente y aprenda que también hay que darle vida al negocio de paco el chapista; y le cuentas a paco que quitamos el espejo de la curva pensando en él y le dices que hable con su cuñada la maestra que está casada con el hermano de la cejiñuda ...

Al vecino le daba la molestia el espejo de la carretera, por que decía que desde fuera se podía ver reflejado lo que hacían dentro, los de la casa; y tan pronto colgó la concejala llamó a paco, y paco a su cuñada la maestra, y está habló con su marido el dependiente de la farmacia.

-¡Tu lo que tienes que hacer es hablar con tu hermana la cejiñuda,  y deje de poner dificultades para aprobar el psicotecnico al marido de Dolores de Marise, que parece que se ha creido que es profesora de secundaria!

Y el dependiente de la farmacia, que esa noche después de los pinchos quería seguir la fiesta en casa con su mujer la maestra, no tardó en llamar a su hermana la cejiñuda.

- Mira Fina que no lo quieres entender: ¿Pero como no va trabajar en el ayuntamiento tu niño, si el Alcalde es su padrino?

Finalmente Fina la cejiñuda aflojó preocupándose desinteresadamente por la salud de mi padre.

 Al día siguiente, de los pinchos quiero decir, el medico por la mañana llamó a casa desde su consulta diciendo que iba venir a ver al enfermo.

Cuando llegó el medico a casa, mi padre le recibió en la cama embozado con las sabanas hasta los ojos.

El medico con dos aspirinas que le dió, y con las respuestas de las preguntas del examen del psicotecnico que le mandaba la cejiñuda, curó a mi padre como si lo viniera a visitar un santo, y a la tarde de ese mismo dia volvió al psicotecnico de la cejiñuda para hacer el examen, no fuera que cambiaran las señales de trafico y no valieran las respuesta.
.

Doña Fina la cejiñuda, con sus cejas de parasol por encima de sus ojos, apuntándo con su varita en una de las letras de la tabla de visión ocular que colgaba en la pared de su gabinete psicotecnico, preguntó a mi padre:

- ¿A ver que letra es está?

- Espere un momentito dña Fina que me ponga las gafas de cerca para leer las respuestas, que si no no puedo decirle que letra es esa, que está muy lejos. Aja, es la Z.

-  ¿Y esta otra.?

Doña fina  movió la varita apuntando a la letra que estaba de lado de la Z y elevando su mirada hacía el techo fruncio el ceño, haciendo señal de desesperación. 


- Espere dña fina, espere, que me cambio de nuevo las gafas y me pongo las de lejos, que si no no le oigo bien.










jueves, 2 de junio de 2016

El paseo de los chopos.

De todos los animales que conozco el vencejo es el más sorprendente. El vencejo es más grande que la golondrina, tiene una cabeza chata y unas enormes alas en forma de hoz y salvo para poner sus huevos e incubar sus criaturas el vencejo vive en el aire durante meses enteros cazando y durmiendo sin posarse en ninguna parte.
Mi vencejo sobrevuela ahora por encima del pueblo. Lleva dos horas trazando un largo circulo alrededor del curso del río, donde se remansan las aguas, entre dos viejas presas de piedras que antaño daban agua a sus molinos desaparecidos; por que ha descubierto una bandada de insectos que sobrevuelan a la altura de los chopos que hay a uno y otro lado de las orillas del río. El vencejo comienza el trazado de su vuelo desde la presa de arriba y sobrevuela
por encima de los chopos, siguiendo el trazado del río, hasta llegar a la altura de la presa de abajo, allí ladea su cuerpo a la izquierda y planeando regresa de nuevo al comienzo del circulo para volver a empezar su vuelo, buscando su comida en la bandada de insectos.


-Hola. ¿Por favor me echa una firma para protestar por que quieren cortar los chopos del malecón?
-¿Por favor me echa una firma para que no talen los chopos que hay a la orilla del rio del paseo del malecón?.
-¿Me echaría una firma para que no corten los chopos del malecón?
Es una fresca mañana de mayo y aunque a estas horas pasea un montón de gente por el malecón del rio nadie se ha decidido a ir a preguntar a Marise por que está encadenada a unos de los arboles del paseo.
Cuando haces un acto de protesta ahí se ve la voluntad de la gente que está contigo. Son las doce de la mañana y ya van cerocero cero mil firmas.
Marise extiende en el aire su hoja de recogida de firmas de apoyo a su protesta y repite nuevamente:
-¿Por favor me echaría una firma para que no talen los chopos del malecón?
La zarza pasaba por allí de regreso a su casa, de repente cambió su dirección y se dirigió a junto Marise. 

Marise al ver a la ancianita con su bastón se echó la hoja de las firmas a la cara tapándose la vista para que no la viese. 

- ¡Anda la hostia en la que me he metido y yo encadenada sin poder echar a correr!
- ¿Marise que haces aquí encadenada a ese árbol?
- ¡Yo!¡Nada!
- ¿Te han castigado a estar aquí por alguna cosa mala?
- No, No ...
- Ahhhh ... ya entiendo, seguro que es por un trabajo de la universidad o algo así, que tu eres muy lista.
- No, no ...
- Claro hija, claro. No me vas a decir que estas de incógnito si estás de incógnito haciendo un trabajo de la universidad. No soy tan tonta. ¿No querrás que te traiga alguna cosa?
- Es que estoy haciendo una protesta y estoy recogiendo firmas para que no talen los chopos del malecón.
- Pues eso está muy bien.
-¿Doña Zarza me firma para que no talen los chopos del paseo del malecón; que no tengo ninguna firma?
La zarza miró para la suplicante hoja en blanco que le extendía Marise.
- No hija que van a decir si solo protesto yo; y a mi total los chopos echan una pelusa en la primavera que me pone perdida toda la ropa que cuelgo en el tendedero.
- ¿Y que culpa tienen los chopos de la primavera?

La zarza sacó un pequeño teléfono del bolso; abrió su tapa como si fuera un mejillón y dijo:
-Voy llamar que me vengan a recoger y así mientras, espero te hago compañía.
Empezó a musitar en voz bajita los números como si pulsase con sus torpes de dedos de anciana las teclas de la lotería de navidad.
- El nueve ... el ocho, el ...
- ¿Hija, quieres que te pida alguna cosa?
- No gracias, estoy muy bien.
- Ya no sé en que número iba.

Y vuelta a empezar, el nueve... el ocho 


Un furgón azul, con parabrisas y cristales protegidos por unas mallas de hierro, se detuvo a unos veinte metros de donde estaba Marise y la zarza, y bajaron unos hombres uniformados de azul y mientras hinchaba sus pechos, marcando sus pectorales debajo de la camisa, se ajustaban los cinturones con sus pistolas y porras.
- ¡Eh jóvenes!.¿No podríais venir aquí para ayudar a esta jovencita que se quedó encadenada en este árbol del malecón?.
Tu no te preocupes que yo voy hacer como que estoy también contigo de incógnito.
- Aja. Gracias.
Uno de los agentes se acerca junto a Marise.
- ¡A ver tu que haces encadenada al árbol!
- Está haciendo un trabajo de la universidad - dijo la zarza
- Pues no es lo que parece, parece una alborotadora.
- ¡Eh!, un poco de respeto, que estoy así porque he perdido las llaves del candado.
- ¿Quieres decir que estabas sentada junto al árbol y en un no se qué, inconscientemente se te ocurrió probar la cadena y el candado, y sin querer te has quedado enredada con la cadena y el árbol. Y has perdido las llaves del candado?.
- Caramba que señor agente más preparado – dijo la zarza.
- ¡Aja!
- Señorita voy a tener que llamar a los bomberos para que la rescaten, pero no se si sabrá que tendrá que pagar los gastos del servicio que hagan.
- ¡Como!.¡No hace falta!. Solo hace falta ir al chino a comprar otro candado que todos tienen la misma llave.
- Bueno, pues si en menos de medía hora no está arreglado tendremos que hacer nuestro trabajo y te vienes con nosotros detenida.
- Si señor agente - murmullo : -¿Me echaría una firma para que no talen los chopos del malecón?
- ¿Dijo algo?
- ¡No, nada nada!

El policía dió media vuelta y regresó junto a sus compañeros para decirles que había conminado a la manifestante que se retirase en breve tiempo y esta accedió a hacerlo espontáneamente. Marise sacó la llave de un bolsillo de su blusa y la alzó en dirección al grupo de policías, haciendo gestos de sorpresa por haberla encontrado. Abrió el candado y se puso a recoger sus pertenencias.

Marise se dijo para si, mientras la zarza insistía en ayudarla.

 - Bueno pero por lo menos la gente que me vio durante el tiempo que estuve encadenada al chopo, correrá de boca en boca que hice una protesta para que no talen de los chopos del rio.

- ¿Te enteraste que el otro día Marise se quedó encadenada en uno de los arboles del paseo del malecón? Mejor será que corten los chopos del rio para que no le vuelva pasar eso a nadie - dijo a sus amistades su inesperada acompañante la zarza.

Cuando tenía ocho o nueve años, de  niño subía a la copa de los árboles para buscar entre sus ramas los nidos de los pájaros. De todos los arboles los cipreses y los chopos son los más altos que conozco; los cipreses son intransitables por la frondosidad de sus ramas, así que subía por los chopos hasta llegar a sus ramas más altas. Desde allí se podía ver la lejanía de las cosas. Sabía que estaba más cerca del cielo por que la tierra se veía muy abajo, pero aún había que subir mucho más.

¿Y como se verá el cielo y la tierra desde un avión?- me decía.


Pasados los años, yo no sé por que, jamás me gustó ir en avión.






mvf.