Mi madre me dejó la nota en la mesa de la cocina, cuando ella y mi padre marcharon a enterarse de no sé que problema con un viaje a altamar y la compra que había que hacer de la imagen de un San Antonio milagrero - cojo la nota y salgó a la calle con mi bata color rosa Porriño, para comprar pescado.
- El perro estaba impertérrito, indolente, ahuecado, parecía una piel pegada en la carretera de la que asomaba una cabeza, viendo con sus ojos como la gente que esperaba su turno para comprar el pescado, había irrumpido la monotonía del momento.
Nada ocurre por que si. El estado de desidia en que se encontraba el animal, me hizo reflexionar sobre como pasaba la vida ante mis ojos sin que yo hiciera nada al respecto. Como todos saben, excepto Quasimodo, nuestro destino es el estar unidos para siempre. Aunque a veces pienso que él lo sabe y está aprovechando sus años de soltería, mirando para otras chicas que no son para él. Algo que jamás le permitiré después.
Pagué y regresé para casa. Era el momento de tomar las riendas de la
situación y poner algo de acción en el destino de Quasimodo y yo, o me vería en la misma situación que el animal.
Dejé el pescado en el fregadero de la cocina. Y fui directamente a otra parte de la casa, donde está el tendedero, para quitar una de las cuerdas en las que mi madre colgaba la ropa. La ropa podía esperar; era una oportunidad inesperada y no tenía mucho tiempo para actuar. Volví a salir a la calle y mientras me acercaba al perro, con mi bata de los días de pescado y la cuerda enrollada en la mano, miraba para los lados haciéndome la despistada, para ver si había algún testigo en la calle.
Y cuando llegué junto a él le hice un lazo al cuello con la cuerda del tendedero, y el animalito se levantó fieramente con un largo bostezo. No parecía muy molesto porque le hubiera arrancado de su trabajo vocacional, al contrario empezó a mover la cola, feliz por haber llamado la atención de alguien,
Tiré de el, y los dos marchamos en dirección al ayuntamiento .
- El perro, al ver el abundante cuerpo de Marise, dio por seguro que sus días de penurias habían terminado.