miércoles, 7 de junio de 2023

La iglesia blanca

 La Fina, fue a Huelva de excursión y vino de regreso con un montón de fotos de casas blancas y de la iglesia de la virgen del rocío, de color blanco sobre cielo azul. Y durante varios meses no paró de hablar de su viaje, hasta que las fotos estuvieron muy vistas; pero al año siguiente, al hijo de la Fina le tocó ser el mayordomo de las fiestas patronales del pueblo. Y entonces la Fina, que siempre pinchaba por detrás a su hijo porque tenía que hacer lo que a ella le parecía mejor, volvió al ataque y le dijo que tenía que pintar de blanco la iglesia del pueblo.

  - ¡Tú lo que tienes que hacer, ahora que eres el mayordomo de las fiestas patronales, es pintar la iglesia de blanco para que entre bien la luz y así todos los vecinos se acordaran de ti!

 El hijo de la Fina, que era uno de esos jóvenes modernos de pueblo que sin saber de nada se saben que valen para gobernar a los demás, no tardó en convencer a la comisión de las fiestas patronales para hacer como decía su madre. Y del pueblo vecino, donde todos tenían una buena amiga, llamaron a un albañil para arreglar los desconches de las paredes de la iglesia y encalar todo de blanco.

El albañil llegó un lunes con un furgón destartalado del que descargó los andamios, la arena y el cemento, y unos botes grandes de pintura blanca.

- ¿Va estar todo preparado para el día de la fiesta? - preguntaron los de la comisión.

 

El hombre no parecía muy listo y en pocos minutos los convenció a todos, de que terminaría su trabajo con tiempo de sobra para las fiestas.

 

A los dos días el albañil desapareció y como acabó la semana sin aparecer, decidieron ponerse en contacto con él, para saber que pasaba; después de varias llamadas consiguieron que les cogiera el teléfono y dijo que no podía venir porque tenía la mujer en el hospital.
 

- ¡Vaya, que le vamos a hacer, si tiene la mujer en el hospital pues habrá que esperar! - se dijeron.

No pasaron dos semanas cuando el furgón regresó de nuevo, venían en el, el albañil y un chico joven que le acompañaba y que hacía de pinche; trabajaron por la mañana en la iglesia, marcharon a comer al mediodía, y a la tarde no volvieron. 

 

Como no había trazas de que apareciese, llamaron de nuevo por teléfono. Después de mucha insistencia el albañil respondió a la llamada lo justo para decir que estaba en el dentista, que le estaban arreglando la boca.

- Bueno, pues no va venir con la boca anestesiada. ¿Y cuánto tardará? 

Y tardó, pero esta vez, aunque le llamaron para reclamar su presencia, no cogía el teléfono. Tuvieron que recurrir a la famosa amiga de los miembros de la comisión, que también era amiga del albañil, para que volviera a aparecer. Solo lo justo para volver a desaparecer.

- ¡Vamos tener que pedir a la virgen que haga un milagro si queremos que esté preparada la iglesia el día de las fiestas patronales!


Y la virgen afortunadamente decidió tomar cartas en el asunto y un día que vino el pintor a escondidas para coger una escalera que necesitaba para ir a otro trabajo, la imagen de la virgen milagrosamente le cayó encima de un pie.

 

El albañil, que no tenía seguro, por temor a que la virgen le cayese otra vez, vino a trabajar con el pie escayolado y terminó, de arreglar la iglesia antes de las cuentas que había echado la comisión.

 

A la hora de pagar, como ayuda a las fiestas patronales de la santa, el pintor pidió por su trabajo la mitad de lo que pensábamos que tendríamos que pagarle. Y el hombre no paraba de preguntar si gustaba como había quedado todo y si nos parecía muy caro lo que cobraba.

Al final para deshacernos del albañil decidimos invitarlo con su pie escayolado a venir a bailar el día de la fiesta.

 

Yo no entiendo porque hubo tantas protestas por arreglar las paredes de la iglesia y pintar todo de blanco donde solo había desconches y las viejas pinturas de unas mujeres planas y estiradas, con un plato en la cabeza y ropas de carnavales.


La gente del pueblo protesta solo por maldad, porque como el día de la virgen cuadraba a jueves, los vecinos de la parroquia se dividieron en dos grupos: los que querían la fiesta el propio día de la santa y los que la querían el sábado; Y como habían ganado los que querían que se hiciera la fiesta de la santa durante el fin de semana para que pudieran venir los familiares de fuera del pueblo, porque durante la semana trabajaban; los que perdieron la votación, aprovecharon para criticar que el hijo de la Fina y sus amigos de la comisión de fiestas trajeran un pintor, para que la vieja iglesia de piedra pudiera salir en las fotos, blanca sobre nubes blancas.

 mvf

 

 

 

 

martes, 4 de abril de 2023

Las gallinas de la granja 4 - chocolate con bizcocho - Final.

El tiempo trajo la rutina y la costumbre en el corral, hasta que una tarde, cuando Pilar bajó a cerrar la puerta del gallinero, se encontró en el patio una oveja que vino de regreso, acompañando a las gallinas de su salida por la carretera. La oveja estaba preñadisima y en vez de espantarla para que marchase, decidió darle cobijo y que durmiera en el cobertizo. No fuera que si la echaba a pasar la noche en la carretera, le ocurriese alguna desgracia. 

Después de la cena se sentó al lado del teléfono y comenzó a hacer llamadas a sus amistades, preguntando si sabían de quien podría ser la oveja para que viniera a recogerla.

Al día siguiente, cuando la despertó el quiquiriquí del trovador del chalet vecino,
Pilar se levantó de la cama para tomar su desayuno y desde la cocina escuchó unos pequeños balidos. Extrañada, terminó su tazón de leche con galletas, y en vez de marchar de regreso a la cama para continuar durmiendo hasta las diez, como tenía por costumbre, se puso su mandil amarillo y sus botas de goma y fue a mirar al cobertizo, y se encontró que durante la noche la oveja dio a luz un hermoso borreguito negro.

Y echando cuentas, que necesitaba traer hierba para alimentar a la oveja y su cría, se dijo:

- El gallinero no da tantos huevos para que compense alimentar tanta tropa.

 Pasados unos días sonó el timbre de la casa. Pilar abrió la puerta y allí estaba su vecino, el sin palabras, y sujetado por una soga de esparto, le acompañaba su burro negro.

Pilar, que era muy perspicaz, se dijo para si:

- el sin palabras viene a reclamar la oveja y su corderito negro.

Así que aprovechando la ocasión, era el momento de resolver el problema de la baja rentabilidad del gallinero. Mandó pasar a su vecino al patio de la casa y le condujo al cobertizo para que viera a su oveja y la cría, y después de muchos rodeos le ofreció las dos gallinas viejas que quedaban para que las matase e hiciera unas buenas sopas con ellas.

-De paso que llevas las ovejas, puedes llevar dos gallinas viejas que tengo - le dijo. 

- ¡Son bien hermosas las gallinas! - exclamó el sin palabras cuando las vio - ¿ Como es que no las matas tu para hacer unas buenas pepitorias?

- Es que les tengo cariño, pero cuando las mates que no se enteren que lo sabía yo. 

y cuando aceptó el regalo, para cerrar el trato, Pilar invitó al sin palabras a tomar varias tazas de chocolate con bizcocho.

mvf.




















 

miércoles, 22 de marzo de 2023

las gallinas de la granja 3 - los puestos en el caseto.

Pilar tiene de costumbre levantarse a primera hora de la mañana y después de tomarse un tazón de leche, acompañado de alguna pasta, regresa a la cama para continuar durmiendo; después se levanta sobre la diez, se ducha y ya vestida ve la misa en la televisión. Acababa de regresar de la cocina y meterse entre las sábanas de su cama, cuando escuchó cantar el gallo de la concejala; la concejala se  hizo un chalet cerca de su casa cuando entró en el ayuntamiento. El gallo tenía por costumbres cantar su quiquiriquí a las doce de la mañana por que en la casa de la concejala el sol se ponía más tarde. Pilar levantó la cabeza de la almohada, para ver en la penumbra los números del radio despertador que dormitaba encima de la mesilla, y vio que apenas pasaban aún de las ocho de la mañana.

-¡Qué raro¡ - exclamó sorprendida por lo temprano del cacareo vecino, y con esto no consiguió volver a dormirse. Y mientras estaba en la cama se acordó de su difunto marido y se dijo: - habrá que traer un gallo para que atienda las gallinas.

Al terminar la misa de todos los días, se puso su mandil amarillo con sus botas de goma y fue al corral.

Recogió cuatro huevos; uno de las veteranas y tres de las nuevas.

Hizo su cálculo más optimista y con esta cantidad diaria bien podría sacar dos docenas de huevos a la semana.

Pero en el corral la cosa no se vio con optimismo, porque la gallina vieja que había puesto ese día se pasó al grupo de las nuevas y paseaba con ellas por la huerta, mirando con desdén a sus compañeras, las otras dos gallinas que no habían puesto ningún huevo.

Llegó el mediodía, las dos gallinas viejas, abandonadas por su compañera, quedaron en la huerta buscando lombrices, escarbando en la hierba que crecía alrededor del pozo, y las demás paseaban por la carretera, picoteando los tallos nuevos que crecían en los márgenes de la carretera y escarbando en la cuneta de tierra del arcén, en búsqueda de cualquier tipo de larvas de insectos, caracoles o lombrices que pudieran encontrar.

En la carretera el tráfico era abundante.

Estaban escarbando por el margen de la carretera, cuando la gallina veterana desenterró una preciosa lombriz. La lombriz quiso huir y enterrarse de nuevo en la tierra, pero la alcanzó de un picotazo y la mostró toda orgullosa a sus compañeras, mientras se retorcía en el aire, prendida en su pico; pero en ese justo momento, un vehículo adelantaba a un ciclista y el que venía en sentido contrario al ver que invadía su carril, para esquivarlo invadió el arcén y atropelló a la gallina.

Las tres gallinas miraron para su compañera que yacía en la cuneta y al cabo de un instante continuaron impasibles escarbando en la tierra

Por la noche cuando pilar fue a cerrar la puerta del gallinero descubrió que faltaba una gallina. Salió a buscarla y la encontró en la carretera, a unos pasos de la casa. La recogió por una pata y de regreso, la tiró en el contenedor de la basura.

Como cambian las cosas en mediodía.

Durante la noche, pensando en los seis largos años que vivieron juntas con su compañera, las gallinas viejas se desvelaron y con ellas se despertaron las nuevas, y ya ninguna consiguió pegar ojo durante el resto de la noche.

Aunque tenían ideas diferentes sobre cómo repartirse los puestos en el caseto, el infortunio de su compañera les enseñó que era mejor vivir juntas, apoyándose las unas con las otras, que repartidas en los palos del caseto.

mvf.

miércoles, 8 de marzo de 2023

Las gallinas de la granja, 2

 Al día siguiente, después de salir el sol, las gallinas viejas se reunieron en el comedero esperando a que saliesen las intrusas, para discutir lo que había pasado por la noche en la caseta; pero las intrusas no dieron aparecido.

Pilar, por las mañanas, bajaba a dar de comer a las gallinas y solía dejar abierta la puerta del gallinero para que pudieran salir a la huerta y si el tiempo lo permitía, con frecuencia escapaban a la calle para  picotear en la tierra por los margenes de la carretera. Al no ver las gallinas nuevas pensó que estarían poniendo. Abrió la puerta del gallinero y las gallinas viejas, olvidándose de las nuevas compañeras, echaron a correr detrás de ella para la huerta, para  escarbar y desenterrar lombrices y picotear los caracoles de las lechugas.

Las gallinas nuevas, no pusieron ningún huevo y cuando pasada la media mañana salieron de la caseta tenían el interior del corral todo para ellas. Después de dar varias vueltas inspeccionando  descubrieron la puerta abierta y tras unos instantes de dudas decidieron salir; pero en vez de ir a la huerta se fueron para el patio de la casa y allí descubrieron el pienso del perro. Cuando el perro vio a esas mequetrefas picoteando sin ningún recato en su comida, pensó en darles una buenas corridas para que se fueran a la huerta, pero como ya recibió más de un escobazo por poner a volar a las gallinas, decidió no buscarse problemas; se levantó, se dio media vuelta y marchó para la carretera para ladrar y perseguir a los coches que pasaban.

Las gallinas viejas al ver aparecer en la huerta a las nuevas  dejaron estar la cosa, porque estaban más tranquilas así, siempre y cuando no fuesen a picar por donde andaban ellas, que conocían los mejores sitios. El único que se molestó fue el gato, que dormitaba tranquilamente su siesta cerca del brocal del pozo, cuando se pusieron a escarbar alrededor del pozo y lo despertaron. Les largó sendos bufidos y hasta les mostró cara de fiero poniendo los pelos de punta, pero le ignoraron; entonces decidió evitarlas y de un salto escaló uno de los troncos de las cepas, que cubrían de hojas el lugar del pozo, y continuo su siesta entre las hojas del parral.

Al día siguiente Pilar fue a mirar en el ponedero y las gallinas no habían puesto ningún huevo.

- Bueno, aquí pasa algo - se dijo -  A ver si va venir por la noche alguna garduña a comer los huevos de las gallinas y se escapa por debajo de la alambrada. 

El segundo día las gallinas caminaron en dos bloques, sin mezclarse las antiguas con las nuevas. Y por la tarde las gallinas nuevas descubrieron la alambrada que marcaba los lindes de la propiedad de la casa con el exterior y conocieron el mundo nuevo más allá del corral.

mvf.

 

 

sábado, 25 de febrero de 2023

Las gallinas de la granja

Pilar, la viuda del pollero es de la familia de los calamidades. 

Un día, intentando abrir una lata de bonito, con un cuchillo, se hizo un corte en la mano; otro día, cuando regresaba del banco de cobrar la pensión, resbaló en la acera de la calle y torció un tobillo. Subió a una silla para alcanzar una de las bolsas grandes de plástico en las que guarda las mantas de invierno, encima del armario de su habitación; se le rompió una pata a la silla y con la caída dislocó un hombro. Cuando fregaba le resbaló un plato de la mano y al barrer los pedazos, no se sabe como, una esquirla se le metió en la zapatilla y se le clavó en una planta del pie, y como no le prestó atención se le infectó y acabó teniendo que tomar antibióticos y hacer curas en el centro de salud. Otra vez, fue a buscar un bote de pepinillos a la despensa, se pilló los dedos con la puerta de la alacena, y se le puso una uña todo negra, la del dedo corazón, que terminó cayéndole. Como dije, Pilar es de la familia de las calamidades y su vida transcurría llena de accidentes. .

-¿Quieres bolsa? - preguntó la cajera.

-¡No!- Pilar abrió el bolso de color café que llevaba consigo y sacó una bolsa de plástico para la compra.

La chica comenzó a pasar la compra por la maquina registradora y a meterla en su interior. Dejó para el final una caja de cartón, de una docena de huevos. La cajera terminó de pasar la compra y puso en el interior de la bolsa la docena de huevos, encima de todo lo demás. 

- Los huevos los pongo encima de todo para que no se rompan.

Cuando se dirigía a la puerta de salida, con su bolsa de la compra, la mujer que estaba detrás de ella en la cola del supermercado, le hizo una señal para que la esperase.

Fuera de la tienda, la mujer le dijo a Pilar:

- Pilar. Si quieres huevos tengo bastantes.

- Gracias, pero tengo gallinas.

- Como vi que compraste una docena

- Es que mis gallinas son viejas y ya no ponen como antes.

- Y como no te deshaces de ellas y compras unas nuevas

- ¿Como me voy deshacer de la gallinas, si les tengo cariño?

Se despidieron y transcurridos unos días, después de regresar del gallinero con las manos vacías, removiendo su bizcocho dentro del tazón con leche de la mañana, Pilar decidió aprovechar que era día de feria para ir al pueblo a comprar tres gallinas nuevas.

- ¡Tuvo mucha suerte. Compró las gallinas más ponedoras y bonitas de la feria! - dijo el feriante.

- ¿Quiere que compruebe si llevan un huevo dentro? 

- ¡Ni se le ocurra! 

Pilar regresó a casa en el autobús del mediodía con sus tres gallinas metidas en una caja de cartón. Al llegar, lo primero que hizo fue cambiarse y ponerse su delantal amarillo con estrellas blancas. Cuando terminó, se dirigió al gallinero. Pero antes de sacar a las gallinas de la caja y meterlas en el corral, pensó que sería mejor ponerles comida a las gallinas viejas para que estuvieran entretenidas; no fuera que les pareciera mal la llegada de sus nuevas compañeras y fueran a picotearlas por invadir su territorio.

Tomando un caldero de zinc, sacó agua limpia del pozo de la huerta para llenar el abrevadero de las gallinas. Luego, con un viejo cuchillo multiusos que guardaba en el gallinero, troceó unas hojas de berza y las mezcló con el maíz que solía darles de comer. Como toque especial, añadió unos puñados de grano de cebada. Mientras las gallinas más viejas se distraían con aquel banquete inusual, sacó las gallinas nuevas del interior de la caja y las colocó con cuidado dentro del caseto del gallinero.

Las veteranas observaron con desdén cómo las tres intrusas irrumpían en el gallinero, pero decidieron ignorarlas, demasiado absortas en su festín sorpresa. Sus picos se movían con rapidez, embriagadas por la gula, llenando hasta el límite sus buches con insaciable voracidad, y pronto no quedó ni rastro de aquel banquete efímero. 

 Por la tarde, pesadas por el exceso de comida, las veteranas deambulaban por el patio con paso lento, sus cabezas caídas por la somnolencia. La pereza las dominaba, y una a una fueron buscando rincones soleados para entregarse a una siesta reparadora. El asunto de las recién llegadas podía esperar; ya habría tiempo, cuando cayera la noche, para repartir los palos del gallinero y decidir quiénes ocuparían los lugares más altos, lejos del frío suelo. Las nuevas, claro está, dormirían abajo, donde siempre les correspondía a las recién llegadas.

Pero al llegar la noche, las veteranas se encontraron con que las nuevas, sin consultar con nadie, habían ocupado los mejores lugares de la caseta. Cacareando entre ellas, el gallinero se alborotó, y al escucharse el escándalo desde la casa, apagaron la luz. Al quedarse a oscuras, dejaron de verse y el jaleo cesó. Así terminó el alboroto que se había armado, dejando la solución para el día siguiente.

 

 

mvf.