lunes, 4 de noviembre de 2019
miércoles, 23 de octubre de 2019
los dos hermanos - 5melquiades
Trás
varios intentos, arañando el suelo con sus patas alrededor del
zorro, melquiades comprendió que por más que lo intentase no iba
conseguir nada, así que decidió marchar en busca de ayuda.
El
tiempo apuraba. Regresó al sitio por donde había entrado, y
arrastrandose por debajo de la alambrada volvió al otro lado de la
valla; después continuó en dirección al pueblo.
¿Pero
a quien iba a pedir ayuda?
Iría
a la clinica veterinaria. Allí siempre había alguien para atender
alguna urgencia: un parto de una vaca ...Cuando llegó aún se veía luz dentro, a traves de la puerta de cristal de la entrada de la clinica; pero la puerta estaba cerrada y se puso a ladrar para que le oyesen.
Al poco, asomó tras la puerta, una mujer joven, en bata, que miraba a traves del cristal quien podía estar montando el escandalo a esas horas de la noche; y se sorprendió al ver frente de ella, en la calle un perro, que la miraba fijamente, jadeante, con la lengua fuera. Abrió la puerta para ver que le pasaba al perro, pero melquiades, sin más, entró para dentro de la clinica. El no necesitaba ninguna ayuda, el lo que venía era a buscar al veterinario para llevarlo junto al zorro. La mujer agarró una revista de encima del mostrador, de la entrada de la clinica, y fue tras él, que había ido directamente, hacia el interior, donde el veterinario hacía las curas de sus pacientes; para echar al perro de la clinica.
Con los ladridos que daba melquiades y la riña de la mujer, que quería echarlo, los animales que había esa noche empezaron a gritar también, en sus voces, y entonces apareció el veterinario.
Al verlo, melquiades le dió dos ladridos y se sentó en el suelo, esperando la atención del veterinario.
-
¿Pero a este animal que le pasa?- preguntó a la mujer
-
No sé. Tal vez este
queriendo decir algo.
El veterinario dió dos palmadas con su mano, y señaló la puerta para que marchase, pero Melquiades no se iba ir sin la ayuda que venía buscando; así que, incorporandose de su posición, le respondió dando dos ladridos de nuevo, ahora para que entendiese que fuese trás el.
-¿Pasará alguna cosa?- se preguntó el veterinario extrañado.
Finalmente, pensando en esos animales heroicos que salvan la vida de personas ... el veterinario decidió ir a ver a donde le quería llevar el perro.
- Será mejor que veamos a donde nos lleva. No es la primera vez que los perros salvan a sus amos; y este es el perro del herrero, que ya salvó a la Vicenta de estar perdida en el monte. - * como ya se contó, melquiades había encontrado, perdida en el monte, a la hermana de la madre del abogado.
- Pero te vas?- preguntó la mujer.
- Si, voy coger la moto y voy ir tras el, a ver donde me lleva.
Y después de vestirse; el veterinario se despidió de su mujer, metió algunas cosas en un bolso de cuero que llevaba siempre a sus visitas, y en un ciclomotor, semejante al de los repartidores de las pizzas; marchó detras de melquiades a ver a donde le llevaba.
mvf
martes, 15 de octubre de 2019
la campanera -4melquiades
La zarza
apareció por su huerta, para recoger unas lechugas, y al oir los
balidos vió que a la cabra, subida al techo del
tractor que estaba en el camino, y a los perros que le ladraban desde abajo; y creyendo que estaban atacando a la cabra, regreso corriendo a casa y llamó por telefono a la campanera para decirle que dos perros asilvestrados trataban de
comerse a su cabra y
que esta se había encaramado al capó de un tractor, que estaba en
el campo, para salvarse del ataque de los perros.
No
tardó en aparecer la campanera en el lugar; venía por la carretera,
apurada, en zapatillas y en ropa de estar en casa, con un mandilon
por encima. Y un bastón de madera, lleno
de nudos, que terminaba en un cepellón del tamaño del puño de un
hombre, para repeler el ataque; no sabemos si el bastón tenía nombre propio, como
midehuesos, o tientalomos, pero aún sin nombre y
aunque el resultado de su uso pudiera depender de la habilidad,
fuerza y suerte del que lo llevase a la lid; el bastón con su sola
presencia era capaz de poner emergencia para aclarar, discernir,
discurrir, debatir ... cualquier dificultad que existiese. Damos por hecho que era veterano en más de un asunto de la casa de la
campanera, y el salvar a la cabra del ataque de dos perros
asilvestrados, era un buen motivo para su aparición. Cuando llegó,
los dos perros ya se habían marchado, por que al hacerseles la hora
cada uno se fue para acompañar a su ganado de regreso a sus casas, y
el único contratiempo que tuvo que resolver la campanera fue bajar a
su cabra de encima del tractor, pues no quería bajar de su posición
privilegiada desde la que miraba a todo el mundo por encima de sus
cabezas. Finalmente la cabra bajó de su podío y la campanera le ató
una cuerda y marchó con ella para casa.
Iban de regreso por la
carretera: la cabra balando de su aventura y la campanera agitando,
cada cinco pasos, el bastón en el aire, mostrando lo que le habría
hecho a los dos perros si los hubiera pillado; o tal vez fuera, que
protestaba el bastón por haber salido de casa para nada.
No
se sabe por quien fue, que la campanera se enteró de que los dos
perros habían sido melquiades y su hermano, pastor; tan pronto se
enteró de la autoría, se dirigió a casa del herrero para dar queja
del ataque que había sufrido su cabra por melquiades y después de
despotricar todo lo que quiso, se dirigió a casa de los de la
labrada para soltar la bilis que le quedaba sobre pastor. En las dos
casas se le atendieron con respeto y benevolencia sus quejas, en
memoría de los difuntos.
Como
no quedó conforme, la campanera denunció a melquiades y pastor, al
juez de paz, para que condenase a los amos a internarlos en una
clinica para animales, por acoso a su cabra.
Melquiades, tenía a su favor, el haber encontrado a una anciana del pueblo, que había pasado una noche durmiendo a la intemperie al extraviarse de regreso a su casa, y que precisamente era hermana de la madre de mejor abogado del pueblo y enterandose de este asunto se personó en casa del herrero para devolverle el favor.
Melquiades, tenía a su favor, el haber encontrado a una anciana del pueblo, que había pasado una noche durmiendo a la intemperie al extraviarse de regreso a su casa, y que precisamente era hermana de la madre de mejor abogado del pueblo y enterandose de este asunto se personó en casa del herrero para devolverle el favor.
El
abogado le dió la vuelta a la tortilla planteando la cosa desde otra
perspectiva: dijo que los perros, eran buenos cuidadores de sus
respectivos rebaños, y lejos de estar acosando a la cabra estaban
afeando a la cabra su mala conducta, después de verla subida encima
del tractor, pues esta, a espaldas de su ama, invadía la huertas de
los vecinos para comer uvas y fruta fermentada en el suelo, que había
caido de los árboles, por sus efectos poco favorables. El juez de
paz acordó librar
a los perros de ir a una clinica para animales, pero aprovechando la
ocasión de poder
disminuir el alboroto
nocturno que producían los perros en la noche de Luna llena, y para contentar a las dos partes, también decidió
que melquiades
y pastor, no podrían
estar sueltos a la vez; así una semana los dias con r estaría atado
uno, mientras el otro, esos mismo dias estaría libre para pasear;
los dias con s de la semana, sería al reves; y la semana venidera
estaría preso los dias con r el que había estado libre, la semana
anterior.
Melquiades
recordaba como ladraba a la Luna con su hermano y como por culpa de
la campanera no volverían a pasear juntos por la noche. Este es el
motivo de la inquina de melquiades hacia la campanera y por lo que
decidió buscar una ayuda que quitara al zorro del apuro en que se
encontraba y vengarse así de ella.
mvf.
lunes, 7 de octubre de 2019
la cabra - 3melquiades
La campanera tenía una cabra, con manchas negras y rojas, mal acostumbrada, que escapaba saltando a la huertas de los vecinos para devorar a su antojo los brotes que hubiese, sin hacerle ascos a ningún tipo de planta del sembrado. Los hortelanos que la padecían estaban muy molestos por este hecho, pero nadie se atrevía a dar queja a la campanera: no fuera que esta, contrariada, cuando tocaba para llamar a las misas que se pagaban para los difuntos, se vengara delatando en su tañer, que este o cual difunto no había realizado ninguna de las buenas obras que decía el cura en la misa; preferían que el tañer de las campanas acompañasen las buenas obras, por las que se había pagado, para que se dijeran sobre el difunto en el responso, y no mostrasen alegría como cuando falleció don Sebastián el cacique que no se quería morir.
Una tarde en que el rebaño de ovejas de la mujer del herrero, por un lado, y las ovejas de los de la labrada, por el otro, eran llevadas a pastar a unos prados vecinos; melquiades y su hermano pastor, después de darse unos saludos, oliéndose y dando vueltas alrededor uno del otro, decidieron ir a beber y mojarse, en el agua fresca y cristalina del rio, mientras sus cuidadas comían libremente, la hierba.
Cuando venían de regreso, contentos del chapoteo dado bañándose en el agua fresca del rio, descubrieron a la cabra de la campanera, que como de costumbre había escapado de su casa y estaba devorando en la huerta de una de las zarzas, y como sabían de las andanzas del animal caprino; porque en alguna ocasión cada uno fue reñidos por ello, acusándolos injustamente de no haber cuidado debidamente los sembrados de sus amos, cuando esta invadió a traición sus feudos; los perros decidieron aprovechar la ocasión para enseñar buenos modales a la cabra.
La cabra al ver que los dos perros se dirigían hacía ella, intuyo que la cosa iba para disgusto, y sin más perdida de tiempo, saltando la valla de la huerta fue a parar a la carretera.
Los perros, al ver el peligro que corría la cabra en la carretera, decidieron aparcar para otro momento la lección que pretendían darle, y apurarse a sacarla de la carretera antes de que fuera atropellada por algún vehículo.
En un instantes los dos estaban ladrando alrededor de la cabra, para que saliese de la carretera; pero esta, sin entender que los perros, con sus ladridos, querían decirle que saliese de la carretera antes de que viniese cualquier vehículo, trató de defenderse de ellos propinando un cabezazo a quien pillase. Pero los dos corrían dando círculos, y cuando enfilaba a uno con su cabeza, el compañero aparecía por el otro lado. Después de varios intentos fallidos, la cabra decidió cambiar de estrategia y echó a correr hacía un tractor cercano, que estaba aparcado en el arcén de la carretera, y de dos saltos se encaramó encima del techo de metal, que cubre el asiento del conductor protegiendo de la lluvia y el sol; desde allí arriba, al sentirse segura, mirando con sus ojos rectangulares a los dos perros, que daban vueltas alrededor del tractor esperando que bajase, comenzó a dar balidos burlándose por haber conseguido escaparse de ellos.
Una tarde en que el rebaño de ovejas de la mujer del herrero, por un lado, y las ovejas de los de la labrada, por el otro, eran llevadas a pastar a unos prados vecinos; melquiades y su hermano pastor, después de darse unos saludos, oliéndose y dando vueltas alrededor uno del otro, decidieron ir a beber y mojarse, en el agua fresca y cristalina del rio, mientras sus cuidadas comían libremente, la hierba.
Cuando venían de regreso, contentos del chapoteo dado bañándose en el agua fresca del rio, descubrieron a la cabra de la campanera, que como de costumbre había escapado de su casa y estaba devorando en la huerta de una de las zarzas, y como sabían de las andanzas del animal caprino; porque en alguna ocasión cada uno fue reñidos por ello, acusándolos injustamente de no haber cuidado debidamente los sembrados de sus amos, cuando esta invadió a traición sus feudos; los perros decidieron aprovechar la ocasión para enseñar buenos modales a la cabra.
La cabra al ver que los dos perros se dirigían hacía ella, intuyo que la cosa iba para disgusto, y sin más perdida de tiempo, saltando la valla de la huerta fue a parar a la carretera.
Los perros, al ver el peligro que corría la cabra en la carretera, decidieron aparcar para otro momento la lección que pretendían darle, y apurarse a sacarla de la carretera antes de que fuera atropellada por algún vehículo.
En un instantes los dos estaban ladrando alrededor de la cabra, para que saliese de la carretera; pero esta, sin entender que los perros, con sus ladridos, querían decirle que saliese de la carretera antes de que viniese cualquier vehículo, trató de defenderse de ellos propinando un cabezazo a quien pillase. Pero los dos corrían dando círculos, y cuando enfilaba a uno con su cabeza, el compañero aparecía por el otro lado. Después de varios intentos fallidos, la cabra decidió cambiar de estrategia y echó a correr hacía un tractor cercano, que estaba aparcado en el arcén de la carretera, y de dos saltos se encaramó encima del techo de metal, que cubre el asiento del conductor protegiendo de la lluvia y el sol; desde allí arriba, al sentirse segura, mirando con sus ojos rectangulares a los dos perros, que daban vueltas alrededor del tractor esperando que bajase, comenzó a dar balidos burlándose por haber conseguido escaparse de ellos.
mvf.
martes, 24 de septiembre de 2019
el gallinero de la campanera -2melquiades
Pero los gemidos continuaban sin parar. Melquiades, arrastrándose por debajo de la alambrada, con cuidado de no arañarse bajo el alambre de espino, pasó al otro lado de la finca, y una vez dentro, ahora con cautela, continuó en dirección a la procedencia de las llamadas de auxilio, que le condujeron al gallinero de la campanera.
Al llegar, descubrió que quien pedía ayuda era su archienemigo el zorro, que se había quedado atascado boca arriba, con la cabeza para fuera y asomando solo medio cuerpo, en el hueco que usaba para entrar en el gallinero.
No tardó en comprender lo que había ocurrido: el zorro, amparado en la obscuridad, había entrado por la noche en el gallinero y trás darse el festín, zampando varias gallinas, se había quedado atascado, con la panza llena, al tratar de salir por el agujero por donde había entrado. Al ver los ojos lastimeros con que le miraba el zorro, comprendió enseguida que a su archienemigo solo le quedaba esperar que lo moliesen a palos, al encontrarlo allí y descubrir su fechoría, cuando la campanera fuera por la mañana al gallinero. A salvo que ocurriese algún milagro.
Pero Melquiades le debía una a la campanera y ahora era la ocasión de desquitarse. Así que decidió que iba hacer todo lo posible para socorrer al zorro ayudandole a escaparse.
mvf.
domingo, 8 de septiembre de 2019
Una historia de Melquiades -1melquiades
Iba
por la carretera, agitando sus largas orejas de un lado al otro mientras caminaba, y al llegar a la altura del puente, melquiades, el perro
del herrero, se desvió para tomar el sendero, por el
que antiguamente bajaban los pescadores al rio. Se fue abriendo paso, con su hocico, entre la maleza que había invadido el camino, y al llegar a la orilla, se metió en el rio, en un lugar poco profundo despejado de espadañas, y
con la Luna reflejandose frente a él, empezó a beber copiosamente
dando profundas lambetadas en el agua.
Las
ondas producidas, mientras bebìa, se fueron acreciendo en la superficie del agua a medida
que se alejaban hacía el interior del rio, e hicieron mecerse la
Luna en su reflejo.
Cuando
calmó, su sed regresó a tierra firme y continuó con su trote, por la
ribera del rio hasta llegar, a un pequeño
recodo, donde había un campo en el que la hierba crecía abundantemente por la próximidad del agua. Melquiades entró en el prado y se echó sobre la hierba que se extendía como una alfombra blanda y humeda, por el suelo, estirando sus patas y posando su barriga sobre ella, para refrescarse del calor de la noche del verano.
A su alrededor, en la noche, revoloteban los mosquitos y un sin fin de insectos más; en el rio se oyó el chapoteo de una trucha que acababa de saltar en el agua, mientras se detenía por un instante el persistente croar de la ranas.
Acostó su grueso hocio y aspiró fuertemente, hasta llenar sus pulmones con el olor de la hierba.
Un joven autillo, posado en la rama de uno de los árboles de la ribera, que vigilaba la noche, dió una voz en la obscuridad advirtiendo al intruso que había invadido sus dominios.
Melquiades giró el cuerpo sobre si mismo, para restregarse con su espalda por el suelo e impregnar su pelo marrón pajizo, largo y rudo, con el olor de la hierba. Al terminar se volvió a incorporar quedando en la misma posición que antes.
A su alrededor, en la noche, revoloteban los mosquitos y un sin fin de insectos más; en el rio se oyó el chapoteo de una trucha que acababa de saltar en el agua, mientras se detenía por un instante el persistente croar de la ranas.
Acostó su grueso hocio y aspiró fuertemente, hasta llenar sus pulmones con el olor de la hierba.
Un joven autillo, posado en la rama de uno de los árboles de la ribera, que vigilaba la noche, dió una voz en la obscuridad advirtiendo al intruso que había invadido sus dominios.
Melquiades giró el cuerpo sobre si mismo, para restregarse con su espalda por el suelo e impregnar su pelo marrón pajizo, largo y rudo, con el olor de la hierba. Al terminar se volvió a incorporar quedando en la misma posición que antes.
La luna y el cielo estrellado estaba encima de él, mientras los murcielagos volaban encima de su cabeza, cazando su alimento en la noche llena de vida.
Estuvo sobre la hierba, oliendo el aire que tanto le gustaba, hasta que notó el frio de la noche; entonces se levantó, arqueó su cuerpo, y con una sacudida que empezó en la cabeza y acabó sobre su cola, moviendose de derecha a izquierda rapidamente, se quitó los restos de hierba y tierra que tenía pegados en su pelo.
Vovió a la orilla del rio, sus gruesos pies, que antes pisaban sobre la hierba humeda, notaron ahora la arena del suelo; el rió donde hacía un pequeño recodo hacía allí una pequeña playa de arena fluvial; se puso a trotar de nuevo, trás él se oyó la voz del autillo: un corto chillido agudo, quien sabe lo que le decía al verlo alejarse de su territorio.
Melquiades regresó al sendero por el que había bajado de la carretera. Iba al trote, feliz de su paseo nocturno, cuando al llegar a la altura de las casas próximas al cementerio, oyó unos gemidos lastimeros que llamaron su atención. Cambió su rumbo en dirección a donde procedían los gemidos.
El alambre de los lindes de la finca de donde procedían los gemidos le detuvo. Los gemidos venían de dentro de la propiedad de la campanera.
Estuvo un instante pensativo; no debía meterse en las fincas de los demás salvo que quisiera buscarse problemas. Pero los gemidos continuaban oyendose: seguramente alguién podría estar necesitando ayuda. ¿ y que dirían de él si se supiese que había estado allí y él no hubiera hecho nada?
mvf
lunes, 1 de julio de 2019
El final
Cuando se acercó al cuerpo tirado en el suelo de la cocina, la gata manchó sus pies con la sangre que había alrededor del muerto. Se detuvo y levantó una de sus patas delanteras, llevándola a la boca para lamerse y limpiarse; cuando descubrió lo dulce y golosa que era la sangre humana, continuó lamiendo la sangre que alrededor del muerto. Una vez saciada de sangre, ronroneando por su triunfo, la gata maulló un par de veces ante el asesino de sus hijos; después, de un saltó, se subió al alfeizar de la ventana de la cocina, y de ahí saltó fuera de la casa.
El aire de la noche era fresco y el cielo negro brillaba con un color plateado.
Caminaba a la orilla de la carretera, empachada por el sabor de la sangre humana con la que terminaba de llenar su panza, y sin darse de cuenta del coche que se aproximaba a toda velocidad, la gata se metió en la carretera cruzando para el otro lado: seguramente tomó esa dirección para coger un sendero de los animales que bajaba al río.
El conductor trató de esquivar a la gata pero después de pasar por encima del animal, que reventó como un globo lleno que esparció su sangre en medio de la carretera; lo único que consiguió fue perder el control del vehículo; tras recorrer una decena de metros, dando eses sin control, terminó chocando brutalmente contra un viejo olmo, fuera de la carretera, y con el impacto del choque salió disparado de su asiento, rompiendo el parabrisas, quebrando su cuerpo mortalmente contra el árbol que terminaba de chocar.
A primera hora de la mañana, el panadero bajaba de su horno con la furgoneta llena del pan horneado por la noche, para hacer el reparto, y fue el primero que se encontró el coche accidentado. Se detuvo a unos metros del accidente y se acercó junto al coche destrozado contra el árbol; el cuerpo del conductor estaba tirado del otro lado de su coche, por lo que que no se podía ver desde la carretera; cuando el panadero descubrió al conductor muerto, regresó a la furgoneta, cogió el teléfono móvil que estaba en el salpicadero, encima de una libreta blanca donde llevaba la contabilidad de los panes que dejaba y que cobraba al fin de mes, y marcó el número de la policía. No tardaron en llegar. Después de enseñarles donde estaba el conductor muerto, esperó a que le tomasen declaración: el solo había encontrado el coche y descubierto el muerto; no había sido testigo del accidente ni sabía nada de lo ocurrido.
Después de terminar su declaración ya no le necesitaban. Apurado por el tiempo que había perdido, se despidió de los agentes para hacer su reparto; montó en su furgoneta y arrancó deteniéndose unos metros más adelante, frente a la casa de la ministra; bajó y se dirigió a la casa, pues había acordado, todos los días, a primera hora de la mañana, dejar dos bollitos y una barra pequeña; pero no estaba la bolsa de tela que le dejaban colgada en el pomo de la puerta, donde metía dentro el pan. Llamó al timbre y esperó; no respondió nadie a su llamada, y como había hecho otras veces se fue por la parte de atrás de la vivienda para mirar si había alguien levantado en la casa, a través de la ventana de la cocina; y desde fuera, descubrió al hijo de la ministra tirado en un charco de sangre en el suelo.
El panadero regresó al sitio del accidente, para contar a la policía su nuevo descubrimiento. En el lugar ya había llegado más gente: estaba la guardia civil de trafico y había parado también la furgoneta blanca de los hombres que arreglaban el tejado de la iglesia, y otras personas que se habían detenido a curiosear.
Y así se conoció también lo ocurrido en la casa.
Ese día, con la conmoción que produjo esta historia se comió más tarde en el pueblo por que el panadero, tuvo que ir contando lo pasado en la casa de la ministra; dando detalles y señas de todo lo que sabía, y así el repartó del pan terminó pasadas las cinco de la tarde.
El domingo siguiente, las zarzas, las decanas del pueblo, se sentaron un poco antes en el banco del crucero de la iglesia a la hora de la misa y dijeron que esto se pudo haber evitado si la hija de la bruja, que era la que estaba viviendo de alquiler en la casa de la ministra, se hubiera acordado de llevar con ella la gata negra cuando se mudó para la casa que compró al final del pueblo.
mvf.
El aire de la noche era fresco y el cielo negro brillaba con un color plateado.
Caminaba a la orilla de la carretera, empachada por el sabor de la sangre humana con la que terminaba de llenar su panza, y sin darse de cuenta del coche que se aproximaba a toda velocidad, la gata se metió en la carretera cruzando para el otro lado: seguramente tomó esa dirección para coger un sendero de los animales que bajaba al río.
El conductor trató de esquivar a la gata pero después de pasar por encima del animal, que reventó como un globo lleno que esparció su sangre en medio de la carretera; lo único que consiguió fue perder el control del vehículo; tras recorrer una decena de metros, dando eses sin control, terminó chocando brutalmente contra un viejo olmo, fuera de la carretera, y con el impacto del choque salió disparado de su asiento, rompiendo el parabrisas, quebrando su cuerpo mortalmente contra el árbol que terminaba de chocar.
A primera hora de la mañana, el panadero bajaba de su horno con la furgoneta llena del pan horneado por la noche, para hacer el reparto, y fue el primero que se encontró el coche accidentado. Se detuvo a unos metros del accidente y se acercó junto al coche destrozado contra el árbol; el cuerpo del conductor estaba tirado del otro lado de su coche, por lo que que no se podía ver desde la carretera; cuando el panadero descubrió al conductor muerto, regresó a la furgoneta, cogió el teléfono móvil que estaba en el salpicadero, encima de una libreta blanca donde llevaba la contabilidad de los panes que dejaba y que cobraba al fin de mes, y marcó el número de la policía. No tardaron en llegar. Después de enseñarles donde estaba el conductor muerto, esperó a que le tomasen declaración: el solo había encontrado el coche y descubierto el muerto; no había sido testigo del accidente ni sabía nada de lo ocurrido.
Después de terminar su declaración ya no le necesitaban. Apurado por el tiempo que había perdido, se despidió de los agentes para hacer su reparto; montó en su furgoneta y arrancó deteniéndose unos metros más adelante, frente a la casa de la ministra; bajó y se dirigió a la casa, pues había acordado, todos los días, a primera hora de la mañana, dejar dos bollitos y una barra pequeña; pero no estaba la bolsa de tela que le dejaban colgada en el pomo de la puerta, donde metía dentro el pan. Llamó al timbre y esperó; no respondió nadie a su llamada, y como había hecho otras veces se fue por la parte de atrás de la vivienda para mirar si había alguien levantado en la casa, a través de la ventana de la cocina; y desde fuera, descubrió al hijo de la ministra tirado en un charco de sangre en el suelo.
El panadero regresó al sitio del accidente, para contar a la policía su nuevo descubrimiento. En el lugar ya había llegado más gente: estaba la guardia civil de trafico y había parado también la furgoneta blanca de los hombres que arreglaban el tejado de la iglesia, y otras personas que se habían detenido a curiosear.
Y así se conoció también lo ocurrido en la casa.
Ese día, con la conmoción que produjo esta historia se comió más tarde en el pueblo por que el panadero, tuvo que ir contando lo pasado en la casa de la ministra; dando detalles y señas de todo lo que sabía, y así el repartó del pan terminó pasadas las cinco de la tarde.
El domingo siguiente, las zarzas, las decanas del pueblo, se sentaron un poco antes en el banco del crucero de la iglesia a la hora de la misa y dijeron que esto se pudo haber evitado si la hija de la bruja, que era la que estaba viviendo de alquiler en la casa de la ministra, se hubiera acordado de llevar con ella la gata negra cuando se mudó para la casa que compró al final del pueblo.
mvf.
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